Duelo de estrategias: ¿Por qué Argentina rechaza la eliminación de viñedos que Europa ya inició?
¿Es la erradicación de viñas el único camino? Mientras el mundo destruye cepas, el titular de Coviar propone un modelo de diversificación y crédito real.
La industria vitivinícola global atraviesa una transformación profunda que excede las simples variaciones de mercado. Bajo el interrogante de si transitamos el fin del vino, el sector debate su supervivencia frente a un cambio radical en los hábitos de consumo. Mientras potencias tradicionales ejecutan planes de erradicación masiva, en Argentina surge una postura de resistencia liderada por la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).
Mario González, presidente de la entidad, rechaza la idea de reducir la superficie implantada y propone, en cambio, una reorientación estratégica de la producción.
El espejo de las potencias: Francia y Estados Unidos
La presión internacional por reducir la oferta es contundente. El gobierno de Francia anunció un plan de 130 millones de euros para financiar el arranque definitivo de viñedos. El objetivo inicial contempla eliminar 30.000 hectáreas, con la meta de alcanzar las 100.000 para el año 2029. Esta decisión responde a una crisis que llevó a 211 bodegas a la quiebra en 2024. El estado francés otorga una ayuda de 4.000 euros por hectárea a los productores que decidan retirar sus vides.
En Estados Unidos, la situación guarda similitudes alarmantes. En regiones emblemáticas de California, como Napa y Lodi, el abandono de viñedos ya supera las 40.000 hectáreas. Los costos de cultivo en estas zonas sobrepasan el precio de venta de la uva, lo que empuja a los productores hacia cultivos más mecanizados y demandados, como la almendra. Por su parte, en España, diversas organizaciones agrarias solicitan subsidios para arrancar cerca de 95.000 hectáreas, cifra que representa el 10% del total nacional.
La postura de Mario González y el rechazo a la erradicación
Frente a estas tendencias, González sostiene una visión divergente para el modelo argentino. El dirigente descartó la sugerencia de que en el país sobran 70.000 hectáreas de viña, tal como habría sugerido el ministro de Producción de Mendoza Rodolfo Vargas Arizu. Para el titular de Coviar, el problema central no radica en la cantidad de tierra cultivada, sino en el destino de la producción.
González argumentó que la falta de rentabilidad surge cuando todos los productores ofrecen el mismo producto para un mercado que disminuyó su consumo.
El presidente de Coviar planteó que la uva permite múltiples derivaciones más allá del vino tradicional, tales como el mosto, jugo, uva fresca o pasas. La clave del éxito reside en la diversificación y en la capacidad de adaptarse a las nuevas preferencias, donde el público actual demanda vinos más ligeros y frescos, sin abandonar el desarrollo del segmento premium. González insistió en que la calidad constituye el pilar fundamental para sostener al sector primario ante las fluctuaciones de precios.
El desafío del financiamiento y la competitividad
Uno de los puntos más críticos señalados por la conducción de Coviar es la brecha financiera que separa a Argentina del resto del mundo. González comparó las herramientas de crédito internacionales con las locales para evidenciar la dificultad de una reconversión real.
En el exterior, los productores acceden a tasas del 1,5% o 2% anual, con diversos años de gracia. En contraste, el productor argentino enfrenta créditos a 4 o 5 años con tasas que oscilan entre el 35% y el 40%.
Esta disparidad financiera impide que el sector invierta en tecnología o modifique sus variedades de cultivo con la agilidad necesaria. A pesar de que las exportaciones nacionales sufrieron una caída, pasando de 1.000 millones de dólares a apenas 600 millones, González apuesta por mantener la estructura productiva mediante reglas claras y previsibilidad a largo plazo.
El historiador Pablo Lacoste había advertido que el país posee un sobrestock global y que el "músculo industrial" supera lo que el mercado puede absorber, proyectando un escenario donde las 200.000 hectáreas actuales podrían reducirse a la mitad. Sin embargo, la estrategia de Coviar busca evitar este ajuste forzado a través de la innovación y la búsqueda de nuevos nichos de mercado.
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