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Amenaza al campo de la Patagonia: Hantavirus y el ratón colilargo

El Hantavirus en la Patagonia vuelve a poner bajo alerta a productores y trabajadores rurales frente a la presencia del ratón colilargo.

En los extensos valles andino-patagónicos, donde la producción agropecuaria convive a diario con el bosque nativo y las condiciones extremas del clima, hace ya tiempo un pequeño roedor se ha transformado en una amenaza silenciosa para miles de trabajadores rurales. Se trata del ratón colilargo, conocido científicamente como Oligoryzomys longicaudatus, principal portador del Hantavirus en la Patagonia de Argentina y Chile, cuya presencia siempre enciende las alarmas sanitarias en la región.

Durante las primeras semanas de mayo de 2026, las autoridades sanitarias nacionales confirmaron un incremento de casos en distintas provincias patagónicas. Según los últimos reportes epidemiológicos, ya se contabilizan 42 contagios en lo que va del año, mientras que la tasa de letalidad en algunos sectores de la Patagonia puede alcanzar el 50%, especialmente cuando el diagnóstico se realiza de manera tardía.

La situación preocupa particularmente al sector agropecuario, donde el contacto con ambientes rurales y estructuras cerradas forma parte de la rutina cotidiana. Para quienes trabajan en estancias, chacras, galpones de acopio o zonas forestales, el riesgo de exposición al virus no es una posibilidad lejana, sino una amenaza constante ligada a las tareas más habituales del campo.

Un enemigo invisible en el entorno rural

A diferencia de las ratas urbanas, el ratón colilargo es un animal estrictamente silvestre. Sin embargo, suele acercarse a las áreas pobladas cuando encuentra alimento, refugio y condiciones propicias para anidar. Galpones, leñeras, depósitos de granos, invernaderos y maquinaria agrícola fuera de uso se convierten en espacios ideales para su permanencia.

El mayor peligro radica en la forma de transmisión del virus. El Hantavirus puede propagarse cuando una persona inhala partículas microscópicas provenientes de la saliva, orina o heces del roedor infectado. Estas partículas quedan suspendidas en el aire al barrer, mover cajas, limpiar depósitos cerrados o remover pastizales secos.

Por esa razón, acciones tan simples como abrir un cobertizo abandonado o encender una cosechadora almacenada durante meses pueden derivar en una exposición de alto riesgo.

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Con 42 casos reportados en 2026, el Hantavirus vuelve a desafiar la seguridad sanitaria en el corazón productivo de la Patagonia.

En determinadas épocas del año, el problema se agrava por fenómenos naturales propios del ecosistema patagónico. Uno de ellos es la floración masiva de la caña colihue, proceso que genera una gran disponibilidad de semillas y provoca un crecimiento explosivo de la población de roedores. Este fenómeno, conocido popularmente como “ratada”, multiplica la presencia del colilargo en zonas productivas y aumenta considerablemente las posibilidades de contagio.

El trabajador rural, en la primera línea de exposición

Los datos epidemiológicos reflejan con claridad el impacto del virus en las comunidades rurales. Cerca del 46% de los casos registrados corresponden a personas que viven o trabajan en áreas agropecuarias, donde las condiciones ambientales favorecen el contacto con el reservorio natural del virus.

La preocupación sanitaria también se centra en la denominada “Cepa Andes”, predominante en la Patagonia y considerada una de las variantes más agresivas del Hantavirus. Además de su elevada mortalidad, esta cepa posee una característica poco frecuente: la posibilidad de transmisión entre personas a través del contacto estrecho, especialmente en espacios cerrados y durante la etapa inicial de síntomas.

Este escenario obliga a los establecimientos rurales a implementar protocolos de bioseguridad mucho más estrictos que los habituales. Ya no alcanza con el uso de guantes o medidas básicas de higiene. Los especialistas insisten en la necesidad de incorporar máscaras respiratorias con filtros N95, N99 o N100, antiparras, mamelucos descartables y procedimientos específicos de limpieza húmeda para evitar la dispersión aérea del virus.

Protocolos de bioseguridad: cómo prevenir el contagio

Las autoridades sanitarias de provincias como Chubut, Río Negro y Neuquén reforzaron en las últimas semanas las campañas de prevención orientadas al sector agropecuario. El objetivo es reducir los contagios mediante medidas concretas de control ambiental y manejo seguro de espacios potencialmente contaminados.

Uno de los protocolos centrales es el denominado sistema de “Apertura y Ventilación”. Antes de ingresar a cualquier galpón, silo o depósito cerrado durante un tiempo prolongado, se deben abrir puertas y ventanas desde el exterior y dejar circular el aire durante al menos 30 minutos. Nadie debe permanecer dentro del lugar durante ese período.

Luego de la ventilación, el ingreso debe realizarse utilizando equipo de protección personal completo. La limpieza jamás debe hacerse en seco. Barrer o usar sopladoras está terminantemente desaconsejado, ya que esas acciones levantan partículas virales invisibles.

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El ratón colilargo, principal portador del Hantavirus, preocupa al sector agropecuario por su presencia en galpones, depósitos y maquinaria rural.

El procedimiento correcto consiste en rociar pisos, estanterías y objetos con una solución de lavandina al 10% —una parte de lavandina por nueve de agua— y dejar actuar el desinfectante durante al menos 15 minutos antes de limpiar con trapos húmedos o mopas.

En caso de hallar roedores muertos, nidos o materia fecal, el material debe desinfectarse previamente y manipularse con doble bolsa de nylon para su eliminación segura mediante enterramiento profundo o incineración controlada.

Maquinaria agrícola: un riesgo muchas veces subestimado

Otro punto crítico señalado por los especialistas es la higienización de maquinaria agrícola y vehículos rurales. Tractores, cosechadoras y camionetas que permanecen guardadas cerca de malezas o depósitos suelen convertirse en refugios para el ratón colilargo.

Los motores, por el calor residual que conservan, son lugares frecuentes de anidación. Por ello, antes de poner en marcha cualquier equipo tras largos períodos de inactividad, se recomienda realizar inspecciones visuales utilizando mascarilla y protección ocular.

Las cabinas también requieren ventilación previa y desinfección de alfombras, tableros y filtros de aire. Según los técnicos sanitarios, los sistemas de ventilación pueden aspirar partículas contaminadas y dirigirlas directamente al rostro del operario.

El control ambiental, clave para evitar brotes

Más allá de la limpieza interna de instalaciones, las medidas preventivas también se extienden al exterior de viviendas y galpones.

Las autoridades recomiendan mantener el pasto corto en un radio mínimo de 30 metros alrededor de las construcciones rurales para disminuir el hábitat natural del roedor. Asimismo, se aconseja sellar cualquier abertura superior a medio centímetro utilizando cemento o mallas metálicas resistentes.

La acumulación de basura, leña, restos de alimento para animales o materiales abandonados cerca de las viviendas incrementa las posibilidades de refugio para el colilargo y favorece su acercamiento a las zonas habitadas.

Un brote bajo investigación reaviva la preocupación internacional

La inquietud sanitaria se amplificó en los últimos días tras conocerse la investigación de un posible brote relacionado con un crucero que zarpó desde la Patagonia. Aunque las autoridades aclararon que el riesgo para la población general continúa siendo bajo, el episodio motivó la reactivación de controles epidemiológicos internacionales y reforzó la vigilancia en puertos y zonas turísticas.

Mientras tanto, en los campos del sur argentino, la amenaza sigue presente. Cada jornada laboral implica una evaluación permanente del entorno y de las medidas de protección necesarias para evitar un contagio que puede resultar mortal.

En una región donde la naturaleza define gran parte de la vida cotidiana y de la actividad económica, el ratón colilargo se mantiene como un recordatorio persistente de que la producción agropecuaria y la salud humana dependen, cada vez más, de una convivencia cuidadosa con el ambiente.

FUENTE: SENASA, Ministerio de Salud de Río Negro y aportes de la Redacción +P.