—Desde el punto de vista ambiental, los valles norpatagónicos son ideales para la producción de maíz: se logran rendimientos extraordinarios. Se da una combinación muy buena de lo que el maíz necesita: agua, nutrientes —que en ambos casos los productores aplican—, temperatura, que en verano es muy buena, con noches frescas que también ayudan al rendimiento; y heliofanía, es decir, una duración de días con sol que en Patagonia se da muy bien.
Patagonia, una región ideal para el maíz bajo riego
—¿Es importante esa superficie para el negocio del maíz?
—La Patagonia es una región que tiene un enorme potencial bajo riego. Lo que se está regando actualmente es una fracción muy pequeña respecto de lo que se podría regar. Hay muchísima agua apta para riego que todos los días termina en el mar y que podría perfectamente abastecer una enorme superficie de cultivos con una altísima producción.
—¿Por qué piensan que el área puede tener un crecimiento significativo?
—Por varios motivos. El primero es que hay una reconversión de la fruticultura: hay una caída en la superficie de peras y manzanas, sobre todo en la parte del Alto Valle, y muchas fincas se están transformando hacia una producción más extensiva de alfalfa y maíz, que básicamente tienen como principal destino la producción ganadera. El proyecto global es la producción de carne al sur de la barrera sanitaria, en la zona libre de aftosa sin vacunación, ya que hoy la Patagonia tiene que importar carne de zonas más al norte. Esa transformación está entusiasmando a muchísima gente.
—¿Y en Valle Medio y Valle Inferior?
—En términos de superficie, creo que Valle Medio y Valle Inferior tienen más potencial. La superficie actualmente es más importante y puede crecer de la mano de inversiones en riego que están habilitando áreas cada día más extensas para la producción. En Valle Medio todavía queda mucha ribera de río y, sobre todo, mucho albardón por desarrollar, donde se pueden instalar muchísimos pivotes. Ahí el potencial es enorme.
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Mientras cae la superficie frutícola, el maíz avanza en los valles norpatagónicos con rindes que superan ampliamente el promedio nacional y un fuerte potencial de expansión.
—¿Cuál es la superficie actual de maíz en la región?
—No conozco el detalle, pero el Alto Valle del Río Negro debe superar las 3.000 o 4.000 hectáreas. A eso habría que sumarle la zona de Colonia 25 de Mayo, en La Pampa, sobre el río Colorado. Y después, la parte más importante, diría que con no menos de 10.000 hectáreas de cada lado, que está en Valle Medio y en Valle Inferior.
La reconversión productiva y el avance sobre nuevas hectáreas
—¿Encuentran alguna característica común en los productores norpatagónicos?
—Lo que hemos observado, y también vimos en el congreso de maíz bajo riego que este año organizó Maizar junto con la provincia de Río Negro, es que los productores que ingresan al cultivo ya tienen un alto nivel tecnológico. No es raro encontrar gente que está logrando más de 15 toneladas de maíz por hectárea, algo que a productores tradicionales de la región pampeana les cuesta obtener. De hecho, hay muchos que están en la búsqueda de las 20 toneladas, o 20.000 kilos de maíz por hectárea. Recordemos que, a nivel país, la Argentina promedia 7.000 kilos por hectárea. Las producciones de silo que se logran en la región también son extraordinarias: no es raro encontrar rendimientos de 60 o 70 toneladas de materia verde por hectárea.
—Si no es la capacitación de los productores, ¿qué condiciona principalmente el incremento de la superficie maicera en la región?
—Para generar grandes aumentos de producción es importante no solamente que haya productores que inviertan en equipamiento y maquinaria, sino también que exista infraestructura: caminos, empresas proveedoras de servicios, aplicaciones con drones, máquinas aplicadoras, cosechadoras, equipos, rutas... Si a las mismas rutas existentes, que no se modificaron en los últimos 20 años, les triplicamos el tránsito, sabemos que va a ser una catástrofe, tanto en caminos rurales como en los asfaltados. Siempre es importante, cuando se planea un aumento de producción, prever el crecimiento consiguiente de la infraestructura.
—Los productores de la zona suelen decir que también faltan servicios.
—Sí, eso también. Uno invierte en una máquina, la lleva, y si se rompe o falta un repuesto, hay que esperar dos días porque tienen que buscarlo en Bahía Blanca, Junín o donde sea. Eso sí es una limitante real. Se está mejorando, pero estamos muy lejos. También la mano de obra puede llegar a convertirse en un problema: por ejemplo, nos comentaban la otra vez que cada vez quedan menos regadores.
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Gonzalo Bravo, en primer plano, aseguró que la Patagonia reúne condiciones excepcionales para el maíz bajo riego y advirtió: “Esta es una de las pocas regiones que tienen ese potencial”.
—¿Pero hay casos de desarrollos actuales pese a estas dificultades?
—La inversión privada, para pasar de proyecto interesante a realidad, también requiere condiciones que estimulen y estabilidad, que es lo que los productores están observando. De todas maneras, se están viendo inversiones: empresas mayoritariamente argentinas están invirtiendo en la región con proyectos realmente interesantes y ambiciosos.
Infraestructura, sanidad y genética: los desafíos del crecimiento
—¿La zona tiene potencial para la producción de semilla?
—Potencial tiene. Se puede producir semilla perfectamente desde el punto de vista de la producción a campo. El tema es que no creo que se desarrolle porque estratégicamente se busca hacer la producción de semilla cerca de donde están las plantas de procesamiento, ya que requiere cosechar el maíz en espiga y transportar mucha chala y mucha agua. Por eso las regiones con mayor producción de semillas son la Zona Núcleo y el sudeste de Buenos Aires, donde está más desarrollada la industria semillera.
—En cuanto a enfermedades y plagas, ¿la Patagonia está más resguardada que otras zonas?
—Está más lejos y tiene una temperatura que hace suponer que habrá menos enfermedades y plagas que en la zona norte del país. Las altas temperaturas y la alta humedad ambiental normalmente favorecen el desarrollo de enfermedades; en Patagonia la humedad ambiental es muy baja y el agua se aporta por el suelo o mediante pivote. No es una condición especialmente predisponente a enfermedades, pero hay que mantener los ojos abiertos, porque hay enfermedades que pueden llegar a aparecer.
—¿Hay algún riesgo agronómico a tener en cuenta?
—Hay que cuidar mucho el suelo. Se debe hacer un seguimiento muy detallado para evitar la salinización, que es uno de los problemas de la región. Hay que regar muy racionalmente, porque la recuperación de lotes que han sufrido salinización es muy compleja. El agua del río Negro es muy buena; el problema es que, cuando uno riega, el agua llega a estratos inferiores, solubiliza las sales, luego el agua sube, se evapora y la sal queda en superficie. El proceso es complejo.
—¿Qué ciclos tienen los materiales genéticos que comercializan en la zona?
—En realidad, no tenemos un programa específico. El híbrido más sembrado en la Norpatagonia es un híbrido nuestro (S 3916), desarrollado en la región pampeana, pero que tiene un nivel de adaptación extraordinario en la zona. Lo que estamos haciendo son ensayos para evaluar distintos materiales. No creemos que los ciclos cortos sean tan importantes en los valles norpatagónicos: los intermedios de la región pampeana funcionan bien. Ahora, si queremos ir mucho más al sur, a Chubut o Santa Cruz, ahí sí habría que pensar en ciclos muy cortos; de hecho, hay algunos colegas de una empresa francesa trabajando en eso. Nosotros trabajamos con ciclos intermedios y ya tenemos muchos años de resultados con excelente productividad.
—¿Cuánto hace que producen y comercializan allí?
—Por lo menos, 15 años.
—¿Tienen estimados plazos para el crecimiento del maíz en la región?
—Personalmente, no. Por lo pronto, nosotros estamos del lado de la factibilidad técnica, de la genética de maíz, de desarrollar híbridos que puedan ofrecerles a los productores alta productividad, y estamos monitoreando cuáles son las posibles limitantes de los cultivos en términos de enfermedades, tolerancias y resistencias, en la búsqueda de la estabilidad de los productos que se van a sembrar en la zona.
—¿Pero la Patagonia podría seguir el camino del NOA y el NEA en términos de expansión maicera?
—Teniendo en cuenta todo lo que hablamos y sabiendo que este no es un proceso sencillo, esta es una de las pocas regiones que tienen ese potencial. En el NOA y en el NEA hubo una expansión extraordinaria del cultivo de maíz en los últimos años. En el sur, si uno desarrolla no solo la parte de valle sino también la de albardón mediante equipos de riego, puede habilitar una enorme superficie. Porque, insisto, el recurso más importante, que es el agua, hoy se está yendo al mar. A nosotros nos entusiasma la zona, menos por la situación actual que por el potencial que prevemos: una plataforma de desarrollo para la región.