Lejos de estar ligado únicamente a controversias pasadas, el cáñamo industrial se presenta como una alternativa de gran versatilidad, tanto en el plano alimenticio como en el industrial. "Es un cultivo con muchas alternativas y usos posibles", indica D’onofrio. Desde su tallo se extrae la fibra, que puede utilizarse en diversas industrias: automotriz, química, celulosa, y también en la construcción.
En este último rubro, el cáñamo se perfila como un material altamente eficiente. "Tiene muy buena capacidad aislante y alta resistencia ignífuga", señala D’onofrio. Estas características lo convierten en una opción prometedora para desarrollar materiales de construcción sostenibles y seguros. En el ámbito automotriz, ya hay empresas que lo incorporan para fabricar bioplásticos, utilizados principalmente en las partes internas de los vehículos, como paneles de puertas y tableros.
Pero el potencial del cáñamo no termina ahí. "También tiene una gran importancia en lo que sería la alimentación", remarca D’onofrio. El aceite y la harina de cáñamo están comenzando a ser incorporados en el Código Alimentario Argentino, lo que abre las puertas a su comercialización tanto para consumo humano como animal. Nutricionalmente, es considerado un superalimento: su semilla contiene una importante cantidad de proteínas, ácidos grasos esenciales y minerales, lo que lo posiciona como una excelente alternativa en dietas saludables y en la producción de alimentos balanceados para animales.
Patagonia, cultivo en construcción
A pesar de estas múltiples ventajas, el camino hacia una producción regular todavía está en construcción. "Como fue prohibido durante décadas, se dejó de producir y la información que se tiene de los nuevos materiales es muy escasa", explica D’onofrio. En ese sentido, los ensayos actuales cumplen un rol clave: generan datos locales que permitan avanzar en la adaptación del cultivo a las distintas regiones argentinas.
"Este es el segundo año que se están realizando trabajos a nivel país, y el primero con un enfoque más federal, con desarrollo en distintas zonas", detalla el especialista. En el caso del INTA Valle Inferior, se trabajó con dos fechas de siembra: una en octubre y otra en diciembre. "Por el momento, los datos obtenidos muestran que las fechas más cercanas a diciembre son las que estarían funcionando mejor", comenta, aunque aclara que aún queda mucho trabajo por delante.
Entre los próximos desafíos se encuentran la determinación precisa de la mejor fecha de siembra para la región, así como el estudio de variables como la densidad de plantas, el sistema de riego más adecuado y otras cuestiones agronómicas esenciales. "Todavía queda trabajo por hacer", concluye D’onofrio, con una visión optimista respecto del futuro del cáñamo en la región.
Así, en el corazón del norte patagónico, una planta milenaria comienza a echar raíces nuevamente. Lejos de su pasado estigmatizado, el cáñamo industrial se proyecta como un cultivo de futuro: sostenible, versátil y con un abanico de posibilidades productivas. El ensayo que hoy se realiza en Río Negro podría ser el primer paso hacia una nueva era para la agroindustria regional y nacional.
Fuente: Patagonia Rural con aportes de la Redacción +P.