El proceso de certificación, que duró dos años y fue promovido por el ex Instituto de Desarrollo Rural de Mendoza, subraya la importancia de la colaboración interinstitucional. Muestreos, catas, evaluaciones sensoriales y la participación activa de los productores y organismos como el INTA fueron esenciales. La labor de la Asociación Civil Sociedad Rural del Valle de Uco al avalar la presentación del registro demuestra el rol clave del sector privado en este tipo de iniciativas.
Para las economías regionales, este caso de éxito es un modelo replicable. La IG no solo jerarquiza el trabajo de los productores, sino que abre nuevas oportunidades de comercialización, mejora la posición en el mercado internacional y fomenta el desarrollo territorial. El orégano de San Carlos ahora compite no solo por precio, sino por un valor diferencial que lo hace único.
Las características que sustentan el sello son estrictas y demuestran la calidad diferencial del producto:
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Secado al sol, que preserva sus propiedades.
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Presencia de hojas y brácteas florales enteras, con un color verde brillante y una pureza vegetal sin mezclas.
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Intensidad aromática tan alta que es perceptible a 30 centímetros de distancia.
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Composición varietal específica, que garantiza su tipicidad.
Este caso de estudio subraya cómo la innovación no tecnológica, basada en la valoración de factores geográficos y culturales, puede ser un motor de crecimiento para las economías locales. El orégano de San Carlos deja de ser una commodity para convertirse en un producto de prestigio, llevando en su etiqueta el sello de una identidad y una calidad inconfundibles.
Fuente: INTA