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El equipo completo en el CINDEFI. De izq. a der.: Andrea Astoreca, Cecilia Gortari, Santiago Vio, Nadia Cerezo y Flavia Luna.
La batalla biotecnológica
Un equipo de científicos del CONICET, liderado por la investigadora Andrea Astoreca en el Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI), está a la vanguardia de la lucha contra el E. sorghinum. Su investigación se centra en comprender la ecofisiología del hongo: cómo las condiciones ambientales como la disponibilidad de agua, la temperatura y el pH influyen en su crecimiento y en la producción de TeA. Al trazar curvas de crecimiento, el equipo busca identificar los factores limitantes para cuantificar con precisión el impacto del patógeno y desarrollar estrategias de control.
El objetivo a largo plazo es reemplazar los productos químicos sintéticos por soluciones biotecnológicas, una apuesta que se alinea con las tendencias globales hacia una agricultura más sostenible. Una de las vías de investigación más prometedoras es el uso de bacterias benéficas que, en ensayos de laboratorio, han demostrado tener potencial antagónico. El equipo descubrió que estas bacterias generan compuestos volátiles que impiden el desarrollo del E. sorghinum.
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Andrea Astoreca es la investigadora referente de la línea de investigación.
Soluciones innovadoras para un problema global
Además de las bacterias, los investigadores exploran el potencial de ciertas cepas de levaduras aisladas del propio sorgo. En colaboración con la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC), se investiga si estas levaduras pueden mitigar la toxicidad de las micotoxinas. La hipótesis es que las levaduras podrían absorber el TeA en sus paredes celulares dentro del tracto gastrointestinal de los animales, formando complejos insolubles que se eliminan por las heces.
Estas investigaciones son cruciales no solo para proteger las cosechas, sino también para mantener la posición de Argentina en el mercado global del sorgo. A medida que el equipo avanza con los ensayos, la meta es llevar estos hallazgos del laboratorio al campo, para validar la eficacia de estos mecanismos biológicos en un contexto real.
La batalla contra el Epicoccum sorghinum es un claro ejemplo de cómo la ciencia y la biotecnología pueden ser la clave para proteger la economía, la salud pública y el futuro agroindustrial de un país. El éxito en esta investigación no solo aseguraría el tercer puesto de Argentina como exportador, sino que también abriría la puerta a un modelo de agricultura más seguro y sustentable para todo el mundo.