“La cosecha de lúpulo, está determinada por el estado de la planta más que por la decisión del productor. Es común que hacia finales de febrero algunas variedades alcancen su punto óptimo, y es crucial recolectarlas antes de marzo para evitar problemas durante el secado, ya que las lluvias pueden dificultar el proceso, explicó Testa”.
Con un contenido de aproximadamente el 76% de agua, el lúpulo se cosecha cuando alcanza un 10% de humedad, lo que implica retirar una cantidad considerable de agua del producto. Este proceso es fundamental para su industrialización, empaquetado y comercialización posterior.
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El Bolsón ocupa el 80% del total de producción de lúpulo. Foto: INTA
El ciclo de crecimiento del lúpulo comienza en los últimos días de agosto o principios de septiembre, dependiendo de la temperatura del suelo, y continúa con un rápido crecimiento durante octubre y noviembre. En diciembre, la planta alcanza el alambre superior, ubicada a unos 6 metros de altura, lo que marca el inicio de una fase crucial de cuidado en términos de riego y nutrición.
El riego por goteo, con un uso eficiente del agua, es fundamental para el cultivo, especialmente en días de calor, cuando el lúpulo puede llegar a consumir hasta 75 mil milímetros de agua por hectárea por día.
Este método se destaca por su eficiencia en comparación con la irrigación por inundación, que puede ser más demandante y perjudicial para otros recursos hídricos.
En esta chacra, la excelencia en las instalaciones de cosecha es un factor determinante para el éxito del proceso. Equipada con maquinaria alemana de última generación, incluida una máquina cosechadora y módulos de acondicionamiento, la empresa Patagonia Lúpulos Andinos asegura una cosecha eficiente y de alta calidad.
Con un optimismo palpable, Hernán Testa celebró el inicio de la cosecha 2024, destacando la calidad extraordinaria de los lúpulos y la importancia del trabajo conjunto para garantizar el éxito de la temporada.