Los expertos identificaron cepas de la levadura que eran particularmente resistentes al CO2 y realizaron un análisis donde descubrieron por qué se mantenía su sabor afrutado, incluso bajo la presión de los tanques.
"La fuente del sabor a plátano fue responsable de la mayor parte de la tolerancia a la presión en esta cepa de levadura específica", señaló el grupo de investigadores en American Society for Microbiology.
Después de descubrir qué era lo que alteraba el sabor de la cerveza, realizaron una técnica de edición de genes para diseñar la misma mutación en otras cepas de levadura.
Mediante esa técnica consiguieron hacer que pudieran resistir mejor la presión del CO2 y conservar mejor su sabor, dando lugar a una cerveza con un sabor más completo al servirla.