Su tránsito por la gobernación se dio bajo un escenario de la economía provincial que se caracteriza en la última década por el estancamiento de los indicadores productivos. El producto por habitante se mantiene en el mismo nivel que en el año 2012, lo que en la medición del crecimiento económico significa que hace diez años que la provincia no logra conjugar fuentes de progreso productivo. Esto se da en un marco de pérdida de relevancia de los sectores del agro, la minería, la industria y la energía, que supieron representar el 30% de la producción total provincial y hoy significan el 21%, mientras que las actividades que aumentaron su participación son las relacionadas con los sectores de servicios.
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Fuente: Dirección de Estadísticas y Censos de Rio Negro
Enfrentado a esta realidad de ausencia de inversión del sector privado en la provincia, la declinación de la fruticultura y la minería, y la falta de dinamismo económico en un territorio dotado de recursos naturales y capacidades de sus habitantes para agregar valor en diferentes actividades, el gobierno de Carreras no mostró un mínimo atisbo de intentar proyectar el desarrollo productivo provincial desde el incentivo a la producción y la concreción definitiva de las obras de infraestructura para la producción. Sumado a ello, el estado de las vías de comunicación del autotransporte es calamitoso, las obras básicas para la ampliación de ejidos urbanos avanzan sobre los sectores rurales, la costanera marítima y la cordillera siguen esperando un plan maestro de desarrollo.
En lugar de abocarse a estos problemas concretos y factibles de intervenir desde la acción gubernamental, la gobernadora apostó a disimular sus ausencias anunciando una serie de grandes objetivos del desarrollo económico provincial con escasas posibilidades de concreción durante su mandato: el hidrógeno verde, el puerto para la exportación petrolera, la creación del Consejo Económico para planificar el escenario económico e industrial de la provincia, los polos tecnológicos en parques industriales, constituyeron grandes anuncios que no se vieron reflejados en la realidad cotidiana de la producción y el empleo.
Así, se han transitado cuatro años más de incapacidad institucional para definir objetivos gubernamentales en materia de desarrollo productivo, que permitan concretar líneas de trabajo que avancen en aspectos factibles del progreso económico provincial, dando lugar a acciones concretas, de mediana escala, para incentivar la inversión y la generación de empleo. A partir de la asunción del nuevo gobierno, es necesario revertir este panorama si se pretende volver a retomar la senda del crecimiento económico.