El mercado cambiario está teniendo una fuerte impronta privada, al revés de lo que ocurría en la gestión anterior, donde todo dólar que se movía tenía que pasar por el control del Banco Central. El contexto hoy es otro. Mucha de la clase media y empresas hoy están sacando sus dólares ahorrados bajo el colchón para poder sostener los niveles de gastos; los turistas que viajan al extranjero dejaron hace un tiempo el uso de la tarjeta para sus gastos (dólares que salían del Banco Central); y en poco tiempo más a los importadores ya no les convendrá pedir los dólares al Central para sus compras, porque van a estar más baratos los dólares libres. Tres ejemplos que muestran los cambios de época.
“El piso de los dólares libres y marginal, en este contexto, lo vamos encontrar cercano a los valores actuales. Es dónde el Gobierno asegura que se siente muy cómodo”, reveló la fuente del mercado.
En la medida que los exportadores sigan inyectando divisas al sistema (todavía no entraron las liquidaciones fuertes del sector sojero) y el sector privado deba vender sus dólares para sostener gastos, el Banco Central continuará sumando divisas, crecerá la confianza en el sistema financiero y las expectativas terminarán por aplacar las ansiedades del sistema. Entraríamos en un circulo virtuoso sin precedentes en la Argentina. En este contexto, el Gobierno cada día que pasa está más cerca de comenzar a levantar el cepo cambiario.
Materias pendientes fuera del dólar
Pero para que este escenario “transitorio” pueda consolidarse en el tiempo hay dos variables que el Gobierno deberá modificar con cierta urgencia.
La primera de ellas es la inflación. La tasa de desaceleración que presentan los precios desde diciembre hasta ahora hace incompatible que el hoy exitoso modelo financiero que está poniendo en marcha el ministro Luis Caputo pueda sostenerse en el tiempo. Febrero ya se habla de una inflación del 15% y recién para el segundo semestre del año podría tocar un dígito. Indicadores que están lejos de los objetivos proyectados por el ministro.
La segunda variable, la economía real. Si se mantiene en los niveles de recesión de estos primeros meses de 2024, los problemas sociales tenderán a agravarse. Un punto muy delicado que los politólogos lo definen como “resignación” apostando a un futuro mejor. Las expectativas del mercado están puestas, en este punto, en el segundo semestre del año. Con los dólares de la soja ingresando a las reservas Banco Central, la mayor parte de los precios relativos acomodados, la inflación en descenso y las expectativas que ya tocamos un piso, la economía debería comenzar a mostrar una pendiente creciente y sostenida de cara a 2025. Pero estas son tan solo especulaciones que trascienden de importantes personalidades del mercado.