No obstante, aún hay margen para políticas más ambiciosas respecto de esta clase de bonos al igual que mejoras en el seguimiento y presentación de informes donde se verifiquen que dichos bonos, efectivamente, se están utilizando para cumplir. objetivos medioambientales.
El informe recomendó la presentación de informes de impacto más estrictos y mejores prácticas de divulgación para ayudar a aumentar la confianza.
La solución de otros desafíos como la escasa disponibilidad de datos y la débil gobernanza corporativa en algunos países también podría beneficiar a este mercado, indicaron.
De esta forma, los bonos verdes pueden efectivamente cumplir con su objetivo de ser instrumentos que faciliten el flujo de capital hacia proyectos de impacto medioambiental positivo.
"Aunque aún queda mucho trabajo por hacer, las perspectivas son en general positivas", sostuvo el organismo.
Entre los sectores punteros en América Latina, destacan los bonos verdes ligados al ecosistema marino, al ser una región con más de 70.000 kilómetros de costa y con importantes recursos naturales.
En la Argentina, la Comisión Nacional de Valores denomina a este tipo de instrumentos como Bonos Sociales, Verdes y Sostenibles (SVS), cuyos lineamientos, que datan de 2018, recientemente fueron actualizados a través de la Resolución General 963/2023.
En junio último, el exdirector de la CNV, Matías Isasa, señaló a Télam que el próximo paso en torno de los bonos verdes es “levantar un poco la vara” respecto de la certificación del cumplimiento de sus objetivos
Los bonos SVS respaldan proyectos sustentables, tienen la ventaja de contar con tasas de interés menores a las de las obligaciones negociables tradicionales, y comenzaron a emitirse en Argentina en septiembre de 2019 cuando se colocó el primero de ellos.
Desde su aparición, las emisiones de los SVS en la Argentina fueron en ascenso, con un caso en 2019, 7 en 2020, 17 en 2021, 22 en 2022 y 7 en los primeros cinco meses de 2023, con lo que se completa un total de 54 bonos.
Fuente: Télam