En los últimos años, la evolución del Mercosur ha sido afectada por el deterioro de la relación política entre los gobiernos de Argentina y Brasil. Las presidencias de Jair Bolsonaro y Alberto Fernández significaron el distanciamiento y enfriamiento de las iniciativas bilaterales. Las críticas públicas respecto a los proyectos políticos que representaban se hicieron frecuentes entre ambos presidentes, lo que deterioró las relaciones al más alto nivel político.
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"No me reuniría con Lula da Silva. Es un corrupto y por eso estuvo preso y es un comunista", afirmó Javier Milei.
¿Barajar y dar de nuevo?
El nuevo ciclo que se inaugurará a partir de la asunción de Javier Milei como presidente de Argentina no inicia con mejores perspectivas en cuanto a la posibilidad de lograr futuros entendimientos, que permitan superar la situación vivida en los últimos años. Por el contrario, de no mediar alguna acción que permita revertir la situación inicial de enfrentamiento que se plantea entre Milei y Luiz Inácio Lula da Silva, todo hace prever un mayor distanciamiento en las relaciones bilaterales.
El liberal futuro presidente argentino ha manifestado que sus críticas a Lula no sólo se basan en su diferencia ideológica con el brasileño, fundador y máximo referente histórico del Partido de los Trabajadores, sino que extendió su mensaje refiriéndose a conductas personales del presidente brasileño que lo relacionaban con condenas en procesos judiciales, las que fueron posteriormente anuladas al descubrirse la connivencia entre el juez Moro y los investigadores judiciales, dirigidos a inducir pruebas en su contra.
Con el resultado de las elecciones argentinas ya definido, el gobierno brasileño difundió un comunicado en el que reafirmaba las sólidas relaciones económicas entre ambos países, la integración económica, la cooperación en el área nuclear y la actuación conjunta como socios del Mercosur en las negociaciones internacionales. Reafirmaba también la necesidad de mantener la cooperación en las obras de infraestructura. Detrás de este comunicado se reflejaba la opinión del gobierno brasileño de que era necesario dejar de lado las rencillas surgidas a partir de la campaña presidencial argentina, y abocarse a cuestiones concretas que resultan de interés para ambos países.
Pero la expectativa del gobierno brasileño no parece concordar con alguna posible reversión del posicionamiento que hasta aquí mostró Milei. Incluyendo su rechazo a mantener relaciones diplomáticas con gobiernos comunistas, entre los que involucró a Brasil, la intención de invitar a su asunción a Bolsonaro sería para Lula una expresión de agravio a su investidura que, sumada a lo anterior definiría su negativa a estar presente en la asunción de Milei. Diana Mondino, la futura canciller argentina, bajó el tono de la confrontación indicando que se mantendrían las tradicionales relaciones de colaboración con el país vecino, y que el presidente de Brasil sería invitado a la ceremonia presidencial.
Acuerdos entre privados
Si bien desde la óptica de la evolución de la relación comercial entre Argentina y Brasil no es esperable que las empresas se vean afectadas por un deterioro de las relaciones diplomáticas, la posibilidad de mayor vinculación implica aspectos que suponen una estrecha colaboración en la actuación de ambos gobiernos, tal como los acuerdos comerciales, la integración de sectores industriales como el automotriz, reglamentaciones sanitarias, tránsito e ingreso de personas y bienes.
Pero de no mediar una confirmación de un futuro accionar conjunto como Mercosur en el plano de las negociaciones internacionales, es posible que la dinámica del bloque económico en la relación entre sus países se congele en el estado actual, y pueda sufrir un retroceso a partir de iniciativas que ejecuten por separado los dos principales socios comerciales. Es conocida la posición del próximo gobierno argentino respecto de que el comercio exterior evolucione en un esquema de apertura sin intervención gubernamental. Por su parte, el gobierno de Lula intentará en tal caso efectivizar un acuerdo particular con la UE. Si este panorama se concreta, asistiremos a un proyecto de paulatina desintegración del Mercosur.