Tras un ajuste económico que disminuyó el poder de compra de la mayoría de la población, la reducción del déficit fiscal, una desmonetización creciente y la finalización de la emisión inflacionaria, los resultados en términos de estabilización del valor de la moneda estadounidense no muestran los resultados esperados por aquellos que creen que el problema argentino se soluciona automáticamente y en corto plazo mediante la reducción del gasto del estado y el equilibrio de las cuentas fiscales.
El dólar, ese objeto tan deseado, demandado por connacionales o extranjeros que buscan proteger ahorros o realizar ganancias, y por las empresas que deben importar insumos, liquidar exportaciones, girar divisas en concepto de utilidades, licencias, fletes, y otros conceptos, no puede ser ofrecido por el gobierno al valor oficial en las cantidades que demandan todos estos sectores. Sumando las obligaciones de pagos de deuda externa pública y privada, la demanda de dólares supera las posibilidades de que el ingreso por las exportaciones y el endeudamiento externo alcance para satisfacer los requerimientos de dólares que exige el funcionamiento de la economía.
Este escenario en el que siempre falten dólares a los gobiernos para sostener su cotización oficial se origina en la situación estructural de la economía nacional. Las exportaciones agropecuarias siguen explicando la mayor parte de las entradas de dólares provenientes del sector productivo, cuyo monto total depende de las cotizaciones internacionales y los rendimiento de los cultivos. El endeudamiento público es otra fuente de oferta de dólares, pero ya demostró Mauricio Macri que inmediatamente los capitales financieros privados son los primeros que logran apropiarse para volver a girarlos al exterior .
Al mismo tiempo, este gobierno que no cuenta con divisas pretende eliminar el peso a través de una competencia de monedas, en las cuales los privados comiencen a operar en dólares. Paradoja insostenible. Los privados que generan dólares tienen sus negocios atados a la evolución de la cotización “blue”, y a medida que este sube ajustan los precios de la producción o la importación a los valores que pueden conseguir los dólares en forma efectiva para recuperar el capital o cumplir con las deudas en moneda extranjera. A partir de allí los exportadores no liquidan dólares a valor oficial esperando una devaluación, y los productores ajustan sus valores al ritmo de la cotización del blue.
El “cepo” significa reconocer esta situación de insuficiencia de divisas, y la imposibilidad de que un país que aspire a reactivar la producción y estimular la inversión extranjera pueda generar una política económica sostenible mientras existan restricciones para las operaciones en moneda extranjera. Ahora se aproxima la época en que demasiados economistas en un gobierno se pongan de acuerdo para encontrar una salida, o comience las peleas internas ante el fracaso de las promesas de campaña del presidente actual.