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El granizo devastó chacras del Alto Valle y dejó una pérdida récord del 25% en peras y manzanas.
Combo desafiante: menos oferta y costos en alza
Banacloy resaltó que la consecuencia de los episodios climáticos fue el menor volumen disponible para exportar en un momento en que el sector ya enfrenta dificultades estructurales. "Esa afectación hace que el mercado tenga menor oferta", señaló, quien advirtió que la situación se agrava por un contexto macroeconómico que el sector viene denunciando desde hace más de dos años.
En este punto, el funcionario aseguró que el núcleo del problema es el atraso cambiario. Banacloy aseguró que con una inflación mensual que ronda el 3% y una pauta devaluatoria que corre muy por detrás de los precios internos, los costos operativos crecen en pesos mientras el ingreso en divisas permanece estancado.
Es el mismo fenómeno que el economista Osvaldo Preiss definió como "estrangulamiento de los beneficios": el punto en que los costos en pesos superan el retorno en dólares y la exportación deja de ser viable.
Para Banacloy, la magnitud del problema es concreta: en más de dos años de inflación acumulada de entre el 70% y el 80%, las paritarias sectoriales siguieron su curso y los insumos continuaron aumentando al ritmo mensual del 3%. El tipo de cambio, en cambio, quedó enclavado. "Es muy difícil sostener esquemas de exportación", afirmó el ministro.
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Tras los violentos episodios de granizo, la menor oferta de fruta complica aún más la temporada 2026.
Tecnología de primer nivel, rentabilidad en caída libre
Uno de los aspectos más llamativos del diagnóstico de Banacloy es que el problema no es de competitividad tecnológica. El funcionario aseguró que las empresas frutícolas del Alto Valle operan con estándares comparables a los de Italia o Alemania. Aseguró que el capital humano, la infraestructura de frío y los procesos de empaque están a la altura de cualquier productor europeo. Sin embargo, esa capacidad instalada no alcanza cuando la macro distorsiona los precios relativos de manera tan pronunciada.
Este punto coincide con el análisis del economista Preiss: el ingreso en pesos del exportador permanece estable si el precio internacional y el tipo de cambio no se modifican, pero esa estabilidad nominal choca contra una estructura de costos que no para de crecer. Combustibles, mano de obra, impuestos y tasas de interés reales son los componentes que rompen el equilibrio financiero de la actividad.
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La provincia llevará a Buenos Aires una agenda de medidas para mejorar la competitividad fruticola.
El costo de exportar desde la Patagonia
A la presión cambiaria se suma otro factor que Banacloy destaca con preocupación: la liberación de tarifas y el impacto del conflicto bélico internacional sobre el precio de los combustibles. Con incrementos superiores al 20% en ese rubro, la logística y los fletes —ya de por sí onerosos por la distancia geográfica de la Patagonia a los puertos de salida— se encarecieron de forma significativa. Para un sector exportador cuya competitividad depende también del costo de llevar la fruta al barco, ese incremento no es menor.
La combinación de atraso cambiario, tarifas en alza y combustibles más caros configura lo que Preiss denomina una "trampa de costos fijos y variables": los rubros importados muestran cierta calma relativa, pero los gastos operativos locales siguen una trayectoria mucho más agresiva.
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El funcionario, en la inauguración de un centro de climatización, dijo que 2 años de inflación acumulada del 70 al 80% erosionan los márgenes del productor exportador.
La agenda nacional y el rol de la provincia
Frente a este cuadro, Banacloy reconoce los límites de la acción provincial: "La macro no depende de nosotros". Sin embargo, asegura que la provincia no permanece inactiva. El ministro confirmó una reunión con el secretario de Agricultura de la Nación, Sergio Iraeta, para plantear medidas concretas de mejora de la competitividad y avanzar en el acceso a financiamiento para los productores.
El encuentro forma parte de una agenda que la provincia lleva a Buenos Aires con el objetivo de instalar la problemática del sector en el nivel nacional. Porque aunque el atraso cambiario se niega desde el Palacio de Hacienda, o cierto es que sus consecuencias se sienten en cada chacra del Alto Valle.
Sin una corrección que devuelva la paridad necesaria entre los precios internacionales y los costos locales, la fruticultura rionegrina —una actividad con décadas de historia y tecnología de primer nivel— arriesga su continuidad exportadora frente a competidores externos que operan con estructuras de costos más equilibradas y previsibles.