El testeo se llevó a cabo durante tres temporadas consecutivas –desde el 2020 a 2023– en montes de nogales de un productor del Valle inferior. Los resultados muestran que se logró una importante reducción del nivel poblacional de carpocapsa con el tratamiento de control sustentable, –en el que se propuso utilizar control químico, técnica de confusión sexual y liberaciones inundativas de Goniozus legneri–, respecto del tratamiento testigo –control químico tradicional–.
“Las capturas acumuladas en el lote de control sustentable en el último año, se redujeron un 77 % respecto del testigo. Al tercer año pudo reducirse el número de aplicaciones químicas en el tratamiento de control sustentable –1 aplicación en comparación de 5 en el testigo–, sin comprometer el estado sanitario del monte, incluso disminuyendo el nivel de daños a cosecha con un porcentaje del 0,1 % y 0,37 %, respectivamente”, agregó.
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El objetivo principal es disminuir la cantidad de aplicaciones de insecticidas, usados tradicionalmente para su control. Foto: INTA
Estrategias sustentables posibles
Durante su ciclo de vida la carpocapsa pasa por cuatro estados muy diferentes: huevo, larva, pupa y adulto o mariposa. El daño a los frutos es causado por las larvas que se alimentan de las semillas que, en el caso de la nuez, es su parte comestible.
Las pequeñas larvas recién nacidas buscan rápidamente penetrar en los frutos, cavando una galería para llegar a las semillas, de las cuales se alimentan. En esta región, la carpocapsa posee al menos tres generaciones anuales, lo que significa un riesgo potencial importante y la necesidad de efectuar las actividades de control en forma muy precisa, para evitar porcentajes de daño que comprometan la producción.
En nogales, el control de plagas se ha basado históricamente en el uso de insecticidas de síntesis, pero existen otras estrategias, más respetuosas a la salud y el ambiente, que pueden ser incorporadas con el objetivo de disminuir el uso de agroquímicos.
“En nuestro país son muy pocos los productos o principios activos que están registrados para su uso en nogal, además de las feromonas utilizadas en la técnica de confusión sexual y el virus de la granulosis de la carpocapsa”, señaló Gallo.
Las crecientes limitaciones en el uso de insecticidas, el aumento de las resistencias, los efectos adversos en el medioambiente y la salud humana, así como el cambio en los hábitos de consumo hacia productos saludables, tornan imperiosa la disminución del número de aplicaciones químicas. Por ello es necesario el estudio de otros sistemas de control que pueden ser incorporados adaptando la estrategia en función del estado sanitario de cada monte frutal.
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El ensayo se llevó a cabo durante tres temporadas consecutivas, desde el 2020 a 2023. Foto: INTA
Las feromonas
“La técnica de la confusión sexual es muy utilizada en pomáceas. Consiste en distribuir la feromona artificial de una especie –ya sea el compuesto principal, la mezcla o parte de la mezcla–, en dosis altas y en forma homogénea en el cultivo a proteger, de manera de modificar el comportamiento de los adultos y bajar la probabilidad de encuentro entre ambos sexos”, agregó Gallo.
Y detalló que “la feromona es incorporada en diferentes tipos de emisores que son distribuidos en el campo sujetándolos de las ramas de los árboles. Específicamente para carpocapsa, estos difusores están impregnados con el constituyente principal de la feromona sexual de C. pomonella (codlemone) o bien una mezcla de compuestos”.
La carpocapsa posee una alta tasa de crecimiento poblacional que obliga a un control muy estricto y eficiente, a fin de mantener una baja presión de plaga que no comprometa la producción y comercialización de frutos. La incorporación de estas técnicas, ajustando la estrategia en función de las condiciones de cada monte, permitiría obtener frutos sanos, con menor uso de agroquímicos.
El uso de innovaciones tecnológicas y herramientas alternativas al control químico convencional, permitirían alcanzar producciones más sustentables. Dichas estrategias buscan modificar prácticas para alcanzar una mejor protección del cultivo manteniendo la rentabilidad y la sustentabilidad; reducir los riesgos de la exposición a los insecticidas y disminuir el impacto de estas prácticas sobre el ambiente.
Fuente: INTA