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Importaciones argentinas de manzanas crecen 65%: ¿Qué significa para el mercado nacional?

En apenas ocho meses ingresaron más de 2.400 toneladas de manzanas. Aunque aún representa un bajo volumen, el salto en las importaciones enciende las alarmas.

Las importaciones de manzanas en Argentina dieron un salto notable durante los primeros ocho meses del 2025. Según datos oficiales, en este período ingresaron al país poco más de 2.440 toneladas, lo que representa un crecimiento interanual del 65% y un incremento de más del 60% respecto del promedio de las últimas cinco temporadas (2020-2024). Si bien en términos absolutos se trata de un volumen pequeño frente al consumo nacional, la tendencia creciente comienza a encender alertas en el sector frutícola, especialmente en el Valle de Río Negro y Neuquén, corazón productivo de la manzana argentina.

Una tendencia que se acelera

Aunque las compras externas todavía se ubican en niveles reducidos, los gráficos que muestran la evolución desde 2019 revelan una tendencia positiva y sostenida. El único antecedente de mayores volúmenes importados se remonta al 2017, cuando una apertura casi total de las fronteras disparó el ingreso de fruta extranjera. Desde entonces, y hasta la campaña actual, nunca se habían registrado cifras tan altas.

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El dato más reciente, correspondiente a agosto de 2025, refuerza esa lectura. Ese mes ingresaron 448 toneladas de manzanas, apenas un 1% más que en julio, pero un 122% superior a lo registrado en agosto de 2024. Este contraste interanual pone en evidencia el dinamismo actual del comercio importador.

Sin embargo, al poner en perspectiva el volumen total, las importaciones apenas rozan el 2% del abastecimiento interno. El mercado argentino consume cada temporada alrededor de 140.000 toneladas de manzanas, por lo que las compras al exterior todavía no logran alterar significativamente el equilibrio entre oferta y demanda.

Chile, proveedor casi exclusivo

La procedencia de las manzanas importadas no deja lugar a dudas: Chile concentra el 97% del abastecimiento externo, mientras que el restante 3% corresponde a Estados Unidos. La cercanía geográfica y la fuerte especialización chilena en fruticultura explican esta hegemonía.

Este punto es crucial para los productores argentinos. El temor latente es que, si se produjera una apertura mayor de las fronteras, la manzana chilena podría ganar protagonismo en el mercado local, desplazando a la producción nacional. El riesgo no es menor: más del 70% de la manzana fresca que se cosecha en Río Negro y Neuquén se destina al consumo interno. En otras palabras, una irrupción significativa de fruta importada afectaría directamente la comercialización doméstica, con impacto en precios y rentabilidad de las empresas locales.

Diferencias de precios: el factor decisivo

Si bien las cifras muestran un crecimiento de las importaciones, la pregunta clave es por qué los volúmenes no son mayores. La respuesta se encuentra en los precios.

De acuerdo con los registros del Mercado Central de Buenos Aires (MCBA) del 4 de septiembre de 2025, un kilo de manzana chilena Red Delicious, calidad “elegido”, se pagó a 2.667 pesos en el segmento mayorista. En comparación, una Red Delicious de producción argentina, con la misma clasificación, cotizó en torno a 2.000 pesos el kilo.

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El promedio general de todas las manzanas argentinas ofrecidas en el MCBA rondó los 1.523 pesos el kilo. En consecuencia, la fruta chilena se ubicó un 75% por encima del promedio nacional.

Este diferencial explica por qué los consumidores y comerciantes siguen privilegiando la producción local. La oferta extranjera, aunque más homogénea en calidad, se enfrenta a un obstáculo fundamental: el bolsillo de los compradores.

El peso de la carga impositiva y la informalidad

Consultados operadores del Mercado Central, señalan que detrás de esta brecha de precios existe un factor estructural: la presión impositiva y la informalidad del sector. La fruta argentina, en muchos casos, se comercializa con subfacturación o elusión de impuestos, lo que permite bajar los precios de venta al consumidor. La fruta importada, en cambio, ingresa con un valor de referencia CIF en frontera, sobre el cual se aplican aranceles y tributos de manera estricta, sin margen para maniobras.

“Si la manzana argentina pagara toda la carga impositiva correspondiente, sus precios se acercarían mucho a los de la fruta chilena”, explican operadores mayoristas. Es decir, parte de la competitividad de la producción local se sostiene en prácticas fiscales irregulares, algo que genera distorsiones dentro del propio mercado.

Más allá de estas diferencias, el mercado interno sigue siendo el gran sostén de la manzana argentina. A diferencia de otras economías regionales fuertemente exportadoras, como la uva o los cítricos, en el caso de la manzana la prioridad está en abastecer a los consumidores locales.

Este rasgo, que históricamente brindó estabilidad, hoy se transforma en una vulnerabilidad. Una mayor penetración de manzanas importadas podría dejar sin destino comercial a una parte importante de la producción nacional, al menos en el segmento de fruta fresca.

Perspectivas hacia adelante

Por ahora, las importaciones no representan un peligro real para los productores argentinos. Sin embargo, la política del gobierno de avanzar con la apertura comercial y al mismo tiempo insistir con una mayor regulación impositiva despierta interrogantes.

Si las fronteras se liberalizan aún más y las prácticas de evasión fiscal comienzan a ser controladas con mayor rigor, la competitividad de la manzana local podría reducirse. En ese escenario, la fruta chilena —hoy más cara— tendría espacio para ganar participación.

La incógnita es si los consumidores estarán dispuestos a pagar precios más altos a cambio de una mayor oferta importada o si, como ha ocurrido hasta ahora, el diferencial seguirá siendo un freno natural.

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Todo el sector de frutas y hortalizas en el mercado argentino se caracteriza por tener un muy alto grado de informalidad.

El salto del 65% en las importaciones de manzanas durante 2025 refleja un fenómeno incipiente pero creciente. El mercado argentino, todavía dominado casi por completo por la producción nacional, observa con atención la evolución de esta tendencia.

Chile, con su poderío frutícola, ya se ubica como socio casi exclusivo en el abastecimiento externo. No obstante, los altos precios y la preferencia del consumidor por la fruta local funcionan como barrera protectora para los productores argentinos.

El desafío a futuro será doble: por un lado, mejorar la competitividad de la manzana nacional a través de una mayor formalización y eficiencia productiva; por el otro, evaluar cómo impactará en el mercado la política de apertura comercial que impulsa el gobierno.

En definitiva, aunque las importaciones aún representan menos del 2% del consumo total, la tendencia al alza obliga a productores, empresas y autoridades a seguir de cerca cada dato. El equilibrio entre apertura y protección será clave para definir el futuro del sector manzanero argentino.

Fuente: Redacción +P.