Hace unos pocos años, Matías comenzó una búsqueda personal que incluyó la investigación sobre sus orígenes y la reconstrucción de su árbol genealógico. En ese camino, cayó en la cuenta de que las hazañas de su abuelo eran dignas de ser contadas en este trabajo audiovisual.
ON - Productor Chañar (21)
Familia unida: La madre con Santo, Francisco y Antonio Maressa
Omar Novoa
De Italia al Alto Valle
Don Antonio Maressa tiene hoy 87 años y es poseedor de una lucidez y una memoria envidiables. Aún conserva algo de su acento italiano, que se entrelaza en algunas de sus frases cargadas de sabiduría, esa sabiduría que da el trabajo directo con la tierra.
Llegó en la década del 50 en un barco comercial al puerto de Buenos Aires, proveniente de la región de Brancaleone. "La gente se venía con las papas y con los perros", recuerda Antonio en una entrevista personal con +P.
Don Maressa y su familia vivían en una zona alta en la localidad de Spartivento, un pequeño pueblo al lado del mar. Sin embargo, los rezagos de la guerra seguían latentes y el padre de Antonio quería evitar a toda costa ingresar al servicio militar.
Por este motivo, su padre decidió emigrar y, dos años después, lo hizo el resto de la familia: madre y hermanos. Primero se asentaron en la estancia ganadera La Maravilla, cerca de Carhué, en la provincia de Buenos Aires, y luego vinieron al Alto Valle.
ON - Productor Chañar (24)
Codo a codo: Antonio (abuelo), Matías (Nieto) y Claudio (Padre), las tres generaciones.
Omar Novoa
Un nuevo comienzo
Luego de 8 meses en la provincia de Buenos Aires, el padre de Antonio se enteró de que en Río Negro había chacras ¡igual que en Italia! "Salimos de allá y llegamos a Cervantes, viajamos de noche en el tren", recordó sobre aquellos tiempos.
Entre toda la familia trajeron tres baúles de ropa que, por error, siguieron hasta Zapala, por lo cual se quedaron con lo puesto. Esa noche los hombres durmieron en la fosa de un taller apoyados en cartones, mientras las mujeres pudieron acomodarse en una casa.
Al otro día los fue a buscar un hombre de apellido Mazuco y los llevó a una chacra donde se cultivaba maíz. Así comenzó esta larga trayectoria junto a la producción en el Alto Valle, que incluyó unos siete años en otra chacra de producción de vides.
Con los ahorros que trajeron de Italia, la familia pudo comprar unas tierras que estaban al lado de esta chacra, donde construyeron la casa y donde comenzaron a preparar el suelo para el cultivo. "Había que cortar los tamariscos", explicó Antonio, y agregó que allí plantaron tomates y después vides.
ON - Productor Chañar (13)
Antonio Maressa llegó al Alto Valle en los años 50, escapando de los rezagos de la posguerra italiana.
Omar Novoa
Un pionero en Chañar
Luego de dedicarse a trabajar en el cultivo y la poda en diferentes establecimientos de Río Negro, además de un paso por la fábrica de salsas de tomate Apolo, Antonio llegó a San Patricio del Chañar; mejor dicho, lo llevaron.
Tras nueve años de trabajo en la chacra de la familia Gargiulo en Ingeniero Huergo, Antonio comenzó a trabajar por su cuenta en la poda de viñas y plantaciones de manzanas. Por ese entonces recibió una oferta del ingeniero Costa para ir a Chañar, en la provincia de Neuquén.
Entre idas y venidas, sin estar del todo convencido, a pesar de haber logrado un buen arreglo económico, Don Maressa arribó a la zona de Picada 21 para comenzar un arduo trabajo productivo que marcaría algunos hitos en la zona.
"Era todo campo abierto", detalla Antonio, "había 100 hectáreas de alfalfa nomás, el resto había que emparejar". El ingeniero a cargo, de apellido Rosa, terminó siendo como un padre para él, aunque era menor.
En esa época en Chañar "había un solo almacén y 12 casas", cuenta Antonio entre risas, a la vez que recuerda la anécdota de una importante nevada que destruyó el galpón y los malabares para llegar a la chacra de noche, sin iluminación.
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En Picada 21, El Chañar, Don Antonio plantó la primera esparraguera de la provincia de Neuquén.
Omar Novoa
300 hectáreas de sueños
La chacra de Picada 21 tenía unos 3 kilómetros de extensión. Allí se plantaron perales y manzanas, además de papa y espárragos. Fue una prueba que salió bien, la cosecha fue excelente y Antonio recibió un auto 0 km en agradecimiento por su trabajo.
El dueño del proyecto productivo era de apellido Terrasanta y la marca, Estrella Alpina. En esa chacra, Antonio Maressa trabajó cerca de 26 años de su vida, acompañado por su familia, que se asentó en la localidad.
Su esposa, quien falleció en 2007, siempre acompañó a Antonio en el establecimiento. Ella trabajó contando los bins cosechados, una tarea muy común entre las mujeres rurales.
"Fue la primera esparraguera que hubo en Neuquén", asegura Antonio, un cultivo que se exportaba a buenos precios. Además, "teníamos trece hectáreas de pera asiática, cinco hectáreas de avellanos, diez hectáreas de nogal y ocho de cerezas". "Era un espectáculo", dice con acento italiano.
Con el tiempo, el dueño falleció y la empresa se fundió. Hoy la chacra se encuentra casi sin producción. Hasta allí lo llevó su nieto Matías para contar su historia, la del "Loco Maressa", un apodo que le pusieron porque era un loco del trabajo.
Hoy los cinco hijos de Antonio eligieron otros caminos profesionales. Él observa con preocupación el presente de la fruticultura y cree que la actividad atraviesa uno de sus momentos más difíciles. "Creo que la fruticultura va a desaparecer de la mano del petróleo", dice con resignación.
La historia que Don Maressa construyó durante más de medio siglo permanece viva gracias al trabajo documental con dirección de Matías Maressa, junto a la realizadora audiovisual Valentina Casanova.
A través de esta obra audiovisual, las andanzas del "Loco Maressa" se convierten en un valioso testimonio de una generación de inmigrantes que ayudó a transformar el Alto Valle y los primeros años productivos de San Patricio del Chañar.