La cifra representa una caída del 27% respecto del mismo período de 2025 y un retroceso del 17% frente al promedio registrado durante las últimas cinco campañas, tomando como referencia el período 2021-2025.
El derrumbe productivo no sorprende dentro del sector. Desde el inicio de la primavera pasada, las condiciones climáticas comenzaron a encender señales de alarma. Las heladas tardías impactaron de lleno sobre la floración y el cuaje de la fruta, dos etapas determinantes para definir el potencial productivo de los montes frutales. Posteriormente, las tormentas de granizo terminaron de configurar un escenario extremadamente complejo, afectando no solo el volumen cosechado sino también la calidad comercial de gran parte de la producción.
A estos factores climáticos se sumó además el tradicional fenómeno de añerismo, un comportamiento fisiológico característico del manzano que alterna temporadas de alta producción con otras de bajos rindes. Luego de un ciclo con elevada carga productiva, los árboles tienden a agotar sus reservas energéticas, lo que repercute negativamente en la floración y el cuaje de la campaña siguiente.
Ese fenómeno también terminó jugando un papel determinante en la presente temporada. Las estadísticas actuales muestran con claridad cómo la combinación entre factores climáticos adversos y añerismo derivó en una fuerte retracción de la cosecha regional.
Una actividad marcada por la volatilidad
Cuando se analiza la evolución histórica del negocio de la manzana en los valles de Río Negro y Neuquén, queda en evidencia una marcada volatilidad productiva y comercial. Los años de alta producción suelen alternarse con campañas de bajos rindes, una dinámica que responde principalmente al comportamiento fisiológico de los montes frutales.
En las últimas temporadas, los años pares mostraron en general niveles productivos relativamente bajos —con excepción de la campaña 2020— mientras que los años impares registraron mejores volúmenes de cosecha.
Esta oscilación permanente termina impactando directamente sobre los tres principales destinos de la fruta: el mercado interno, la exportación y la industria.
Sin embargo, históricamente existe un segmento que funciona como “amortiguador” de las variaciones productivas: la industria.
Cuando la producción crece y existe sobreoferta de fruta, el sector industrial absorbe buena parte del excedente mediante la elaboración de jugos concentrados, sidra o fruta desecada. Pero cuando la cosecha cae, es justamente este segmento el primero en sufrir el ajuste.
La industria, el segmento más golpeado
Los datos del primer cuatrimestre muestran con contundencia que la industria fue el principal receptor del impacto productivo de esta campaña.
Según las estadísticas oficiales, el volumen de manzana orientado al procesamiento industrial alcanzó apenas poco más de 72.200 toneladas entre enero y abril. La cifra representa un desplome del 38% en términos interanuales respecto del mismo período de 2025 y una caída del 22% frente al promedio de las últimas cinco temporadas.
La fuerte retracción confirma el rol de “variable de ajuste” que históricamente tiene este sector dentro de la actividad frutícola regional. En años de baja producción, las empresas priorizan los destinos de mayor rentabilidad comercial y reducen significativamente el envío de fruta a la industria.
Esto ocurre porque, ante una menor disponibilidad de manzana, la fruta que posee calidad comercial se direcciona preferentemente al mercado fresco, tanto interno como externo, mientras que el procesamiento industrial queda relegado.
La volatilidad de este segmento refleja claramente la sensibilidad que posee frente a los ciclos productivos del valle. Cuando existe abundancia de fruta, la industria absorbe excedentes. Pero cuando la cosecha se reduce, su participación cae abruptamente.
Exportaciones en retroceso
El otro gran segmento afectado por la caída productiva es el exportador. Durante el primer cuatrimestre del año, las exportaciones argentinas de manzana totalizaron apenas algo más de 18.100 toneladas. El número representa una disminución del 34% respecto del mismo período del año pasado y una caída del 25% frente al promedio de las campañas 2021-2025.
No obstante, más allá de la baja acumulada, existe un dato que genera especial preocupación dentro del sector exportador: la caída se viene acelerando mes tras mes.
Mientras que en el primer trimestre del año las exportaciones mostraban una retracción interanual cercana al 30%, durante abril el derrumbe superó el 40%.
El comportamiento indica que la crisis exportadora no solo persiste sino que además se profundiza a medida que avanza el calendario comercial, complicando seriamente las perspectivas para el resto de la temporada.
En buena medida, esta situación responde al buen desempeño que actualmente muestra el mercado interno. Muchas empresas que inicialmente habían programado fruta con destino a exportación comenzaron a redireccionar esos volúmenes hacia el consumo doméstico, atraídas por mejores precios y condiciones comerciales más favorables.
El mercado interno gana protagonismo
El comportamiento del mercado local aparece hoy como uno de los principales factores que explican el retroceso exportador. A diferencia de la exportación, el mercado interno ofrece una serie de ventajas comerciales que resultan especialmente atractivas en un contexto de menor disponibilidad de fruta y mayores necesidades financieras por parte de productores y empresas.
Entre esas ventajas se destacan la rapidez en los pagos, menores costos logísticos, mayor flexibilidad comercial, menor exposición a riesgos internacionales y ciertas posibilidades de elusión impositiva que históricamente han caracterizado a parte del comercio doméstico.
Como consecuencia, una porción importante de fruta que en otras campañas hubiera sido destinada al mercado externo terminó reorientándose al consumo interno.
Este cambio en la matriz comercial refuerza todavía más la tendencia descendente que vienen mostrando las exportaciones argentinas de manzana. Aun así, el mercado interno también registra una caída en los volúmenes comercializados, aunque considerablemente menor respecto de la industria y la exportación.
Durante los primeros cuatro meses del año, el consumo doméstico absorbió algo más de 69.400 toneladas de manzana. La cifra implica una baja del 7% en términos interanuales y una caída del 10% frente al promedio de las últimas cinco campañas.
La menor volatilidad del mercado interno respecto de los otros segmentos confirma además que el consumo doméstico suele comportarse como el destino más estable para la fruta regional.
Menor cosecha y menor disponibilidad de fruta
El panorama general permite concluir que la temporada se está desarrollando exactamente en línea con las proyecciones más pesimistas que el sector había realizado meses atrás.
La combinación de heladas tardías, granizo y añerismo derivó en una fuerte merma productiva cuya principal consecuencia aparece reflejada en la significativa reducción de fruta destinada a la industria y, en menor medida, a la exportación y el mercado interno.
Sin embargo, todavía existe una variable clave para terminar de dimensionar con precisión el verdadero alcance de la cosecha 2026: el stock de fruta en frío.
Ese dato será fundamental para completar la denominada “cosecha teórica” del Alto Valle al 30 de abril, ya que el cálculo total surge de sumar los volúmenes destinados al mercado interno, exportación, industria y la fruta almacenada en cámaras frigoríficas.
Las primeras proyecciones indican que los stocks también mostrarían una caída importante respecto del año pasado, producto de las fuertes pérdidas sufridas durante la cosecha.
De confirmarse esta tendencia, el escenario consolidaría una de las campañas más ajustadas de los últimos años para la actividad manzanera regional.
Un contexto desafiante para toda la cadena
La caída de producción no impacta únicamente sobre los productores. Toda la cadena frutícola regional comienza a sentir las consecuencias de una menor disponibilidad de fruta.
jugos natural juuice
La industria fue el segmento más afectado por la baja producción de manzanas, con una caída cercana al 40% en los volúmenes procesados.
Los empaques trabajan con menores volúmenes, las industrias procesadoras reducen actividad y las exportadoras enfrentan crecientes dificultades para cumplir programas comerciales internacionales.
Al mismo tiempo, el menor ingreso de fruta también modifica el comportamiento de los precios internos, generando un mercado más firme y con mejores valores para quienes logran contar con fruta de calidad.
En este contexto, muchas empresas priorizan la liquidez inmediata y la reducción de riesgos financieros, privilegiando operaciones en el mercado doméstico por sobre las ventas externas.
El problema de fondo, sin embargo, continúa siendo estructural. La fruticultura regional sigue altamente condicionada por factores climáticos, problemas de competitividad y una fuerte dependencia de los ciclos productivos del manzano.
La actual campaña vuelve a dejar en evidencia la fragilidad del sistema frente a eventos climáticos extremos y las dificultades que enfrenta el sector para sostener niveles estables de producción y exportación.
Mientras tanto, el mercado espera ahora la confirmación definitiva de los stocks en frío para terminar de establecer el verdadero tamaño de una cosecha que ya aparece entre las más bajas de los últimos años en el Alto Valle de Río Negro y Neuquén.
FUENTE: SENASA con aportes de Redacción +P.