El decreto establece prorrogar las "medidas económicas especiales" establecidas por el presidente ruso el 6 de agosto de 2014 "con el objetivo de garantizar la seguridad de la Federación Rusa". El presidente Putin viene estableciendo desde principios de 2000 políticas públicas con incentivos fiscales para incrementar la producción de alimentos. Esto se aplicó fundamentalmente sobre aquellos productos primarios con potencial de desarrollo en tierras rusas, como es el caso de diferentes especies de frutas y hortalizas.
Cabe recordar que occidente impuso las primeras sanciones a Rusia tras la anexión de Crimea, medidas que reforzó tras el inicio del conflicto armado en el Donbás y el apoyo de Moscú a las milicias prorrusas de las regiones de Donetsk y Lugansk.
Rusia respondió con contra sanciones que limitan la importación de una serie de mercancías producidas en esos países que Moscú considera inamistosos. La primera vez que Rusia impuso este embargo alimentario fue en agosto de 2014 contra la Unión Europea, Estados Unidos , Australia, Noruega y Canadá, a los que sumaría en 2015 Albania, Montenegro, Islandia y Liechenstein, y en 2016 la propia Ucrania.
Alimentos afectados
A los productos cárnicos, lácteos, pescado, verduras y frutas, Moscú añadió en 2017 cerdos vivos y diversos subproductos y grasas animales. Además, Putin ordenó posteriormente que todos los productos perecederos occidentales que entren ilegalmente en el mercado ruso debían ser destruidos.
El líder ruso dio a entender que el embargo es, en realidad, también una medida proteccionista encaminada a proteger el mercado agroalimentario ruso, incapaz de competir con las exportaciones occidentales. Muchos productores rusos están interesados en que el embargo a Occidente se prolongue el mayor tiempo posible, pese a que los alimentos occidentales siguen apareciendo clandestinamente, aunque en pequeñas cantidades, en las estanterías de algunas tiendas y mercados. Esto se da fundamentalmente por la triangulación del comercio que existe con ciertos países 'amigos' de Rusia que compran alimentos a occidente.
En este contexto, hay que señalar que la Argentina, pese a estar alineada ideológicamente con el mundo occidental (en especial hoy con Estados Unidos e Israel) sigue manteniendo relaciones comerciales con Rusia. Cabe recordar que las peras y manzanas argentina ingresan en este importante mercado desde hace años, siendo un destino todavía clave para la oferta exportable del Valle de Río Negro y Neuquén. ¿Podrá tener impacto esta nueva medida en nuestra región del norte de la Patagonia?
Fuente: Redacción +P con el aporte de EFEAgro.