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Trabajadores aceptan recorte salarial tras casi un mes de conflicto en Moño Azul

Tras bloqueos, suspensiones y semanas de tensión, los trabajadores acordaron reducir sus ingresos a cambio de algunos días más de trabajo.

Todo empezó con el sueldo de febrero, que debían pagar el 5 de marzo. “Cuando fuimos a cobrar, estaba solamente el sueldo, pero nos faltaba la productividad, que la sacaron así, sin avisar”, relata Alejandro “Jano” Lagos, delegado sindical en el galpón Moño Azul del Grupo Prima, que funciona desde hace años en Villa Regina, en la margen sur de la ruta 22.

Ese hecho fue el disparador de un conflicto de casi 30 días, que incluyó el bloqueo de portones para impedir la salida de camiones con fruta hacia el puerto, y la decisión de la empresa de terminar la temporada antes de tiempo si no lograba imponer un recorte del 50% en el concepto de productividad, que representa casi el 40% del ingreso de bolsillo de un trabajador del empaque.

Ya con el conflicto en desarrollo, la empresa presentó al municipio de Villa Regina sus explicaciones. En un escrito señalaron que lo que están cuestionando es un convenio del año 2002, el cual consideran “desactualizado” a la luz de los cambios tecnológicos ocurridos en los galpones. Para garantizar la “sustentabilidad” de la empresa, de la que dependen 300 familias, optaron por un recorte en ese ítem salarial.

Ayer, miércoles 8 de abril, las partes se sentaron a una mesa y los trabajadores firmaron un acuerdo por el cual aceptan un recorte del 50% en el ítem de presentismo, a cambio de algunos días más de postemporada, luego de que la empresa anunciara que dejaba de trabajar el 21 de marzo pasado. Ahora obtuvieron algunos días adicionales: serían 14 en abril y 15 en mayo, lo que suma 29 días, “cuando siempre fueron 40 días”, se lamentó el dirigente, quien aseguró que el acuerdo fue posible “por la necesidad que tiene la gente de seguir trabajando”.

Por su parte, un ejecutivo de la empresa dejó trascender que se llegó a un acuerdo y que “desde mañana (por hoy) trabajan en doble turno los 260 operarios”. También hicieron notar que, bajo las mismas condiciones, la otra planta que la empresa tiene en Villa Regina continuó sus labores sin conflicto.

Crónica del conflicto

“Nos dijeron que pagaban la productividad el martes 10 de marzo, y no estuvo. Después, que el viernes 13, y tampoco estuvo. Y empezamos a trabajar a desgano”, describe el sindicalista sobre la antesala del conflicto.

No había señales de negociación y, “en un audio que escucharon algunos compañeros, Nicolás Sánchez (CEO de la empresa) dijo que podíamos tomar las medidas que quisiéramos, que no iba a haber represalias”. Sin embargo, ese jueves 19 de marzo pagaron la productividad de febrero y, al mismo tiempo, suspendieron a todos los trabajadores a partir del 21 de marzo, porque la empresa había resuelto dar por terminada la temporada.

Hubo sorpresa porque “siempre terminó el 31 de marzo la temporada, y te lo digo yo, que tengo 31 temporadas en Moño Azul”.

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Tras la firma del acuerdo, la empresa argumentó que busca “sustentabilidad” ante cambios tecnológicos y un contexto económico adverso.

Una vez suspendidos, y con la novedad de que iban a trabajar 10 días menos, los obreros esperaron el cobro de los haberes de marzo. Luego de los feriados, aguardaron hasta el cuarto día hábil de abril para cobrar.

Las expectativas no eran buenas porque, según Lagos, “ya nos habían avisado que no iba a estar el sueldo y que, si llegaba a estar, iba a ser el 50%”. Pero el dinero no fue depositado y, por ese motivo, el miércoles pasado bloquearon los accesos a la planta.

En ese momento, según el sindicalista, surgió otra arista de la negociación: “Nos dijeron que, si queríamos trabajar en la postemporada, teníamos que hacer un arreglo nuevo por la productividad, para ganar la mitad de lo que veníamos ganando”.

Para Lagos, “fue como un chantaje, porque nos ofrecieron perder parte de nuestro sueldo a cambio de unos días más de postemporada, que serían ahora en abril y mayo. Son días que siempre se trabajaron, pero la empresa, como no tiene obligación de llamarnos, nos puede presionar con eso”.

Entre el miércoles y el sábado pasados se habían acumulado unos siete camiones esperando cargar y la tensión era cada vez mayor. Hasta que Rosana Giannini, una de las responsables de Recursos Humanos de la empresa, se comprometió a pagar el 100% del sueldo de marzo sin el recorte del 50% y hasta firmó un papel de puño y letra.

Argumentos de Moño Azul

Las autoridades municipales se interesaron en el conflicto por el impacto social que podía causar y ante el recrudecimiento de la protesta. En ese marco, la empresa envió una nota en la que aclaraba que se encontraba en “un proceso de negociación para rediscutir el convenio de productividad vigente en dicho establecimiento”.

Se trata de un acuerdo firmado en el año 2002, en medio de una seria crisis laboral. Según explicaron desde Moño Azul, “si bien sus valores se han actualizado conforme a los incrementos salariales acordados en paritarias, su estructura ha quedado desactualizada a partir de los cambios operativos incorporados en los últimos años, principalmente vinculados a la incorporación de tecnología, en la que la empresa ha invertido de manera sostenida”.

Con estos argumentos justificaron su decisión de revisar a la baja el componente “productividad”, con el fin de “garantizar la sustentabilidad de la operación en un escenario macroeconómico complejo, en un año adverso”.

manzana galpon

Entre bloqueos y negociaciones, el conflicto tuvo un desenlace marcado por la necesidad de seguir trabajando.

Como la empresa tiene otros galpones de empaque, como los de Vista Alegre y Lamarque, los trabajadores temieron que se trasladara la fruta para “terminarla” en esas sedes. Este temor era conocido en el municipio, y la empresa sostuvo que “la asignación de fruta a los distintos establecimientos responde a criterios de eficiencia y competitividad”.

La productividad

El salario del embalador está fijado en $2.075.000, que de bolsillo representa poco más de 1,8 millones. La productividad, según los casos, es un ingreso adicional de aproximadamente 1 millón de pesos. El mínimo para acceder al salario son 90 cajas de pera y 100 cajas de manzana en un turno de 8 horas. Lo que se produzca por encima de ese piso se computa como productividad. Los trabajadores pueden llegar a 140 bultos o incluso 190, dependiendo de la máquina y del tamaño de la fruta a procesar.

También existen otros ítems, como horas extras y presentismo, lo que eleva el haber en temporada a poco más de 3 millones. Sobre la propuesta que finalmente avalaron los trabajadores, Lagos se lamentó: “Nadie quiere que le bajen el sueldo, porque es lo que uno gana, pero también se entiende, porque ellos juegan con la necesidad de la gente”.

Agregó que “cuando te suspenden y uno está en la casa, parece que los gastos son mayores”. Y sumó otro factor clave que influyó en la firma del acuerdo: “Ya no se puede protestar como antes”.

Fuente: Redacción +P.