El informe remarca, con crudeza, que “mayo nuevamente muestra valores groseros de importación que afectan a los productores, faenadores y despostadores nacionales, sin que a nadie le importe”. Según la comparación interanual, el ingreso de carne porcina durante ese mes fue 14 veces mayor que en mayo de 2024. Una situación que genera un fuerte desequilibrio en el mercado local, ya que la producción nacional no puede competir con los precios de países como Brasil o varias naciones europeas, que se ven favorecidos por el atraso cambiario en Argentina.
"Mientras tanto nos siguen diciendo que debemos ser competitivos y que los problemas son de los que producen", denuncia Uccelli en otro tramo del informe. El consultor también llama la atención sobre una paradoja impensada: “Se está importando carne vacuna en el país de la carne”, lo que refleja una desprotección general del sector agroalimentario. “Ya estamos en la etapa que vulgarmente en el sector se conoce como ‘puré de carne’ por la exagerada oferta que hay, ante una demanda que está complicada en su poder adquisitivo”, señala.
En medio de este escenario adverso, es importante destacar que la ganadería porcina argentina lleva más de dos décadas de crecimiento sostenido. Este avance responde principalmente a la inversión en genética, infraestructura y sanidad, lo que ha permitido una mejora constante en la productividad. De hecho, en 2024, la producción de carne porcina creció otro 3%, destinándose casi en su totalidad al consumo interno. Sin embargo, el avance de las importaciones amenaza con frenar esta evolución y debilitar la competitividad del sector.
Exportaciones en baja
A este cuadro se suma otro dato preocupante: las exportaciones de carne porcina se redujeron en mayo a 825 toneladas, una caída interanual del 24%. En los primeros cinco meses del año, las exportaciones alcanzaron 4.433 toneladas, apenas un 11% más que en igual período de 2024. Sin embargo, este crecimiento se da en un contexto poco favorable. Según explica uno de los exportadores consultados por la JLU, "hoy se pierde bastante dinero al exportar", debido al aumento de costos y a la fuerte competencia en los mercados internacionales. La reducción de los volúmenes exportados, entonces, no es casualidad: es consecuencia directa de un mercado que deja de ser rentable.
En definitiva, el imponente salto de las importaciones de carne porcina en mayo no solo sacude al sector, sino que expone con crudeza una realidad económica distorsionada, donde la producción nacional pierde terreno ante políticas que no logran proteger ni incentivar una actividad estratégica para el país. El riesgo es claro: si la tendencia continúa, Argentina podría ver comprometida la sostenibilidad de uno de los sectores más dinámicos de su agroindustria.