Perro protector de ganado_credito Ezequiel Infantino - WCS Argentina
Perro protector de ganado_credito Ezequiel Infantino - WCS Argentina
Desde una perspectiva económica, estos conflictos representan un costo oculto para los productores: la matanza de pumas no solo altera el equilibrio ecológico, sino que perpetúa ciclos de depredación al desestabilizar hábitats.
Investigaciones de WCS Argentina, que en 2025 celebra 20 años de trabajo en la Patagonia, demuestran que la conservación del puma puede traducirse en beneficios tangibles. Al promover hábitats saludables, se reduce la dependencia del puma en el ganado como presa, minimizando pérdidas que pueden ser "devastadoras" para pequeños ganaderos, según expertos de la organización.
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Productores procesando fibras certificadas como Wildlife Friendly_Crédito Ezequiel Infantino
Métodos no letales son clave
Una innovación clave radica en métodos no letales de disuasión, como emisores de luces y sonidos en corrales, o la incorporación de perros protectores de ganado. Estos canes, de razas especializadas, se crían junto al rebaño para marcar territorio y ahuyentar carnívoros sin eliminarlos. En agosto de 2025, WCS Argentina entregó cuatro perros en Neuquén y Mendoza, respaldado por Milkywire y Eukanuba, en zonas monitoreadas con cámaras trampa que confirman la presencia de especies amenazadas como el gato andino.
El análisis económico revela impactos positivos: el 84% de los productores que adoptan estos métodos reportan una reducción efectiva en pérdidas por depredación, mientras que el 89% abandona prácticas letales contra carnívoros y aves carroñeras. Esto no solo preserva la biodiversidad, sino que optimiza la carga animal, favoreciendo la regeneración de pasturas y combatiendo la desertificación —un riesgo que cuesta miles de millones en productividad agrícola global anualmente. En Argentina, donde la estepa patagónica es vulnerable, esta aproximación regenerativa mejora la resiliencia económica a largo plazo.
Puma_Credito Darío Podestá - gentileza WCS Argentina
Además, las fibras naturales de producciones compatibles con la fauna, como lana merino o mohair, obtienen la certificación Wildlife Friendly®, avalada por WCS Argentina. Esta etiqueta eleva el valor de mercado en un 15-20%, atrayendo a consumidores éticos en la industria textil internacional. Desde 2005, la organización ha introducido 88 perros y apoyado más de 150 adicionales a través de agencias gubernamentales, escalando un modelo que integra conservación con rentabilidad.
En última instancia, la coexistencia con el puma ilustra un paradigma económico sostenible: invertir en herramientas no letales no es un gasto, sino una estrategia que mitiga riesgos, diversifica ingresos y fortalece la cadena de valor agropecuaria. Para una economía rural dependiente de exportaciones como la lana, ignorar estos enfoques podría perpetuar ineficiencias, mientras que adoptarlos posiciona a Argentina como líder en ganadería regenerativa, alineada con demandas globales de sostenibilidad ambiental y económica.