La reducción adquiere una dimensión aún mayor cuando se la analiza en términos reales. Durante el período comprendido entre marzo y junio, la inflación acumulada superó ampliamente los seis puntos porcentuales. Esto implica que la pérdida de valor relativo del asado frente al resto de los precios de la economía fue considerablemente más profunda que la caída nominal observada en las góndolas y carnicerías.
La evolución reciente marca un cambio de tendencia luego de un largo período de incrementos sostenidos. Tal como muestran los distintos relevamientos del sector, el precio del asado había crecido de manera prácticamente ininterrumpida durante los últimos meses, impulsado por la recomposición de los valores de la hacienda, los costos de producción y un contexto económico todavía atravesado por altos niveles de inflación.
Sin embargo, el ciclo alcista encontró un límite durante el primer trimestre de este año. A partir del máximo registrado en marzo, el mercado comenzó a evidenciar una menor capacidad para absorber nuevos aumentos, situación que terminó reflejándose en los precios finales al consumidor.
El comportamiento en dólares
La tendencia también puede observarse cuando se analiza el precio del asado medido en dólares, una referencia que permite eliminar parte de las distorsiones provocadas por la inflación y brinda una perspectiva más clara sobre el valor relativo del producto.
En ese sentido, el kilo de asado alcanzó en abril de este año un récord histórico cercano a los 12,70 dólares. Se trató del nivel más alto de los últimos años y reflejó la combinación de dos factores: por un lado, el fuerte incremento de los precios internos de la hacienda y, por otro, el atraso relativo que experimentó el tipo de cambio frente a la inflación acumulada.
Desde ese máximo histórico comenzó una corrección. En junio, el valor del asado medido en moneda estadounidense descendió hasta los 11,06 dólares por kilo, evidenciando una caída significativa en apenas dos meses.
La baja se explica principalmente por la reducción de los precios en pesos registrada durante el período y por cierta recuperación del dólar respecto de la moneda local, fenómeno que contribuyó a moderar el valor de la carne expresado en moneda dura.
Aun así, el análisis de mediano plazo muestra la magnitud del proceso de encarecimiento que atravesó la carne vacuna. En septiembre del año pasado, el kilo de asado cotizaba alrededor de 7,5 dólares. Desde entonces inició una fuerte escalada que prácticamente duplicó su valor hasta alcanzar los máximos observados en abril de 2026.
Para los analistas del sector, este comportamiento estuvo directamente relacionado con la recuperación del precio de la hacienda luego de varios años de atraso relativo, sumado a una evolución del tipo de cambio que avanzó por debajo de la inflación, encareciendo el producto medido en dólares.
Tres meses perdiendo contra la inflación
Otro indicador que confirma el cambio de escenario es la evolución de los precios relativos de la carne frente al IPC general.
Durante junio se cumplió el tercer mes consecutivo en el que el valor del asado quedó por debajo de la inflación. La situación contrasta con lo ocurrido a comienzos de año, cuando la carne lideraba los aumentos dentro de la canasta alimentaria.
En marzo, por ejemplo, el precio del asado había registrado un incremento mensual del 5,5%, muy por encima de una inflación general que se ubicó en torno al 3,4%. Esa diferencia convirtió a la carne en uno de los principales motores del aumento del costo de vida durante ese período.
A partir de abril la situación comenzó a revertirse. Si bien la inflación continuó desacelerándose, los precios de la carne lo hicieron a un ritmo aún más pronunciado, generando una pérdida de participación relativa dentro del índice general de precios.
Los especialistas señalan que parte de este comportamiento responde a cuestiones estacionales. Tradicionalmente, los valores de la hacienda y de algunos cortes vacunos presentan movimientos cíclicos vinculados a la oferta disponible en distintas épocas del año, fenómeno que también se observa en la actual coyuntura.
No sólo cayó el asado
La moderación de precios no se limitó al corte más popular. Los datos oficiales muestran que prácticamente toda la canasta de carne vacuna registró un comportamiento similar durante junio.
De acuerdo con el relevamiento, únicamente la carne picada logró exhibir una variación superior al IPC del mes. En cambio, cortes como la paleta, el cuadril, la nalga y el propio asado mostraron retrocesos o aumentos muy por debajo del nivel general de inflación.
Esta tendencia fue ratificada además por el monitoreo de precios minoristas que realiza mensualmente el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA). Durante junio, el organismo detectó variaciones prácticamente nulas en los principales cortes comercializados en el mercado interno, resultado que coincide con los datos publicados por el INDEC.
La convergencia entre ambos relevamientos fortalece la percepción de que el mercado ingresó en una etapa de mayor estabilidad, luego de los fuertes ajustes observados durante el verano y el comienzo del otoño.
El consumo también marca límites
La evolución del consumo doméstico aparece como otro de los factores centrales para entender el nuevo escenario.
Los datos disponibles muestran una desaceleración significativa de la demanda interna. En mayo, el consumo aparente de carne vacuna se ubicó en poco más de 47 kilos por habitante al año, lo que representa una caída del 6,4% respecto del mismo mes de 2025.
Este retroceso refleja las dificultades que enfrentan muchos hogares para sostener los niveles históricos de consumo de carne vacuna y, al mismo tiempo, evidencia una creciente competencia por parte de otras proteínas animales.
La mayor disponibilidad de carne aviar y porcina, con precios más competitivos y una oferta abundante, modificó parte de los hábitos de compra de los consumidores. Como consecuencia, la capacidad del mercado para absorber aumentos bruscos en los valores de la carne vacuna parece haberse reducido significativamente.
Aunque la producción de carne vacuna muestra señales de menor oferta respecto de años anteriores, la desaceleración del consumo y una economía más estable están limitando las subas de precios.
Los analistas sostienen que, en un contexto de inflación más moderada y mayor estabilidad macroeconómica, los consumidores muestran una menor disposición a convalidar subas repentinas como las registradas meses atrás.
Perspectivas para el segundo semestre
Luego del fuerte ajuste de marzo, cuando algunos cortes llegaron a aumentar más del 10% en apenas un mes, el mercado parece haber ingresado en una nueva etapa caracterizada por una mayor estabilidad.
Las perspectivas actuales indican que esta situación podría extenderse durante buena parte del segundo semestre del año. La disponibilidad estacional de hacienda terminada, junto con una demanda interna más cautelosa y un contexto económico relativamente más estable, aparecen como factores que jugarían a favor de la contención de precios.
Por el momento, distintos analistas coinciden en que la tendencia bajista observada desde abril podría mantenerse, al menos, hasta la entrada de la primavera. Aunque no se esperan descensos pronunciados, tampoco aparecen señales que anticipen una nueva escalada de magnitud en el corto plazo.
De esta manera, la evolución reciente de los precios de la carne vacuna parece marcar un punto de inflexión para el mercado interno. Tras varios meses de fuertes incrementos y récords históricos en pesos y en dólares, el sector comienza a transitar una etapa de mayor equilibrio, con precios más estables y un consumidor que vuelve a tener un papel decisivo en la formación de valores.
FUENTE: Redacción +P con datos del INDEC.