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Seiscientos obreros, viento implacable y casi nada de agua: así nació el ferrocarril patagónico.
En octubre de 1908, el ministro de Obras Públicas Ezequiel Ramos Mexía lo nombró Director General de los Ferrocarriles Patagónicos. Su misión era ejecutar la Ley 5559 de Fomento de los Territorios Nacionales: un ferrocarril colonizador, en manos del Estado, que no especulara con la tierra y garantizara fletes económicos para los productores. Una línea que no solo conectara puntos en un mapa, sino que creara un país donde todavía no lo había.
La epopeya
Jacobacci lideró 600 obreros en condiciones que hoy resultarían inimaginables. El viento era el enemigo constante, el agua dulce era casi un lujo. De hecho, ese fue el primer problema a resolver antes de tender un solo riel: ¿Cómo mantener vivos a seiscientos hombres en el desierto?
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Cada riel tendido sobre la meseta fue una victoria contra el desierto y el olvido del Estado.
La solución llegó desde el mar, literalmente: barcos y aljibes abastecieron el campamento hasta que los rieles alcanzaron el arroyo de Colonia Valcheta en 1909, a 110 kilómetros del inicio. Desde entonces, vagones tanque llevaron el agua hacia el frente de avance. La logística se convirtió en una obra de ingeniería en sí misma.
El mundo notó el esfuerzo. En 1910, el Rey de Italia lo nombró Caballero de la Orden de la Corona. Pero los reconocimientos no pagan jornales ni compran durmientes. La falta de fondos y las internas políticas comenzaron a frenar el avance. En 1913, Jacobacci presentó su renuncia. Murió en 1922, en Andalgalá, Catamarca, sin haber visto el fin de lo que empezó. El tren llegó a Bariloche recién en 1934.
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El primer desafío no fue técnico: fue conseguir agua dulce para los hombres en el desierto.
El impacto en la estructura productiva regional
Lo que Jacobacci sembró, la región cosechó durante décadas. El ferrocarril estatal organizó la salida de lana y cueros hacia los puertos del Atlántico y rompió la dependencia comercial con Chile, que hasta entonces absorbía gran parte de la producción patagónica.
El ramal que nació en la localidad que llevaría su nombre, la trocha angosta de 0,75 metros conocida como La Trochita, extendió esa red hasta Esquel. "Nosotros tenemos, dentro del patrimonio ferroviario mundial, una reliquia: uno de los trenes a vapor con más de 100 años de historia. Cada vez que ese tren funciona, todos los lugareños —sobre todo los que tienen ese pasado— se acercan a ver qué pasa. Suena el silbato de la Trochita, se ve el humo, y genera en los jacobaccinos una pasión que no se puede describir con palabras", contó José Mellado, intendente de la localidad, en diálogo con +P.
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La Trochita nació como ramal productivo. Hoy es Monumento Histórico Nacional y símbolo vivo.
Claudio Espinoza
Cuenta la historia que estancias como la Argentine Southern Land Company despacharon miles de vellones por esas vías. El departamento Veinticinco de Mayo concentró el mayor stock ovino de la provincia.
"El ferrocarril llegó a tener aquí talleres donde se reparaban las máquinas, con tornería incluida. Jacobacci era punta de riel: llegaba el tren desde Plaza Constitución vía Viedma, y a su vez salía la Trochita. Esos talleres llegaron a dar trabajo a más de 400 personas", recordó Mellado.
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El pueblo se llamaba Huahuel Niyeo, término mapuche en mapuzungun que significa “Donde hubo una garganta".
Concejo Deliberante Jacobacci
"El legado de Jacobacci está más vivo que nunca. La mayoría de los jacobaccinos que uno se cruza en la calle tiene algún familiar que trabajó en el ferrocarril o que llegó a Jacobacci gracias a él", dijo Mellado.
No todo fue prosperidad uniforme: la llegada del ferrocarril también trajo competencia externa que golpeó a las moliendas cerealeras locales. El progreso, como suele ocurrir, no llegó parejo para todos.
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Nacido en Módena, condecorado por un rey, yace en el desierto que transformó.
Claudio Espinoza
Un pueblo forjado por el vapor y el acero
El paraje llamado Huahuel Niyeu tenía historia mapuche antes de que llegaran los rieles. En septiembre de 1910, con la llegada de las vías, nació oficialmente el pueblo. En enero de 1925, sus habitantes pidieron cambiarle el nombre para honrar al hombre que lo hizo posible.
Jacobacci había muerto tres años antes. Pero en 2004, tras gestiones con su familia, sus restos regresaron a la localidad que lleva su nombre. El traslado se hizo por las mismas vías que él diseñó. El círculo se cerró sobre el acero: el ingeniero que cruzó la meseta con rieles volvió a casa por ellos. Hoy, los talleres históricos y La Trochita —Monumento Histórico Nacional— siguen contando esa historia a quien quiera escucharla.