Los operadores del negocio argumentaron que la mayor participación de los exportadores, comercios que no se habían stockeado correctamente y la incertidumbre por los anuncios económicos contribuyeron a esta fuerte suba.
Esos valores de hacienda representaban una media res que en las carnicerías se bajaba a 4.000 pesos y un kilo de carne que en las pizarras tenía un piso de 6.000 a 6.500 pesos. En la previa a las fiestas navideñas, era frecuente encontrar el kilo de asado a 7.000 pesos, por ejemplo.
Pero en un mercado que se mueve al ritmo que marcan oferta y demanda, el último eslabón del negocio no convalidó este nuevo escenario de precios. Los mismos compradores de Cañuelas reconocían que un nivel de 2.000 pesos el kilo para novillitos y vaquillonas era insostenible.
Con una demanda más abastecida y un buen nivel de ingresos en el MAG, la hacienda comenzó a retroceder a mediados de la semana pasada y siete días después consolidó esta tendencia descendente. El dato a tener en cuenta es que en medio de la fuerte presión inflacionaria, los cortes en los mostradores registraron bajas que oscilaron entre los 1.000 y 1.500 pesos.
Fuente: MAG-Infobae