La Toxina Paralizante de Moluscos (TPM) es una neurotoxina natural producida por algunas algas marinas y que se acumula en los moluscos bivalvos (almejas, mejillones, ostras) que filtran agua de mar y atrapan microorganismos para su alimentación.
El efecto en las personas es peligroso porque estas toxinas tienen la capacidad de bloquear los canales de sodio en las neuronas, interfiriendo en la conducción del impulso nervioso, lo que se traduce en episodios de parálisis muscular.
En casos puntuales puede demandar asistencia respiratoria, porque si es administrada a tiempo, generalmente la recuperación es completa, sin efectos colaterales
Según la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), “las toxinas se acumulan en la parte comestible de los moluscos, con el agravante que pueden persistir luego del proceso de depuración como, así también, el de cocción, ya que son termoestables”. La toxina Domonico es la variedad paralizante y es la más frecuente y común en nuestra región.
Por este motivo, se lanzó “una veda precautoria que alcanza la extracción, recolección, acopio, transporte, elaboración, comercialización y consumo de moluscos bivalvos y crustáceos, así como toda actividad de pesca dentro del área natural protegida”.
El origen se debe “a la proliferación de microalgas que, bajo ciertas condiciones ambientales, producen toxinas que se acumulan en los moluscos filtradores. Aunque los animales no presentan cambios visibles, su ingesta puede provocar intoxicaciones graves en las personas”.
Se recordó en la comunicación oficial que “la cocción, el limón o el alcohol no eliminan las toxinas”, y los síntomas posibles con hormigueo en labios, rostro o cuello, cefalea, náuseas, y dificultad para hablar o respirar.
Para afrontar cualquier caso de ingesta dudosa, las personas se pueden comunicar con la Unidad Regional de Epidemiología y Salud Ambiental de Viedma al número 02920-238363.