La armadura mide aproximadamente 1,5 por 1,6 metros y pesa entre dos y tres kilogramos, un peso comparable al de la lana natural de un ejemplar adulto. Está compuesta por púas de plástico recubiertas con tubos de goma, sujetas al cuerpo del animal mediante bandas elásticas y correas, con aberturas para la cabeza, las patas, los cuartos traseros y la ubre.
El mecanismo se concentra en el cuerpo y la garganta, la zona donde el lobo suele atacar. La lógica es simple y replica el principio de defensa del erizo: si el predador muerde las púas, sentirá dolor pero sin sufrir el animal lesiones graves, y se espera que asocie esa experiencia negativa con la presa, evitando ataques futuros.
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El regreso del lobo a los Alpes europeos multiplica los conflictos entre conservación y ganadería.
La primera prueba de campo, en el Gailtal
El ganadero Martin Martin, del valle del Gailtal, aceptó ser el primero en probar el dispositivo. En mayo de 2026, equipó con la red a su oveja madre "Ananas", al cordero "Cabanossi" y a un tercer animal, trasladándolos a un pasto de alta montaña donde ya se habían registrado avistamientos de lobos. Una cámara instalada en el lugar debía documentar cualquier encuentro con el depredador.
Ningún ataque se produjo durante el ensayo, por lo que la eficacia real del invento sigue sin comprobarse. Sí quedó en evidencia un problema práctico: colocar la red en una sola oveja llevó más de una hora, lo que plantea serias dudas sobre su aplicación a rebaños de decenas o cientos de cabezas.
Una denuncia frena el experimento
La iniciativa no tardó en generar polémica. Tierschutz Austria, la asociación protectora de animales más antigua del país, presentó una denuncia ante la fiscalía contra Schaubach y el ganadero, por presunto incumplimiento de la ley austriaca de protección animal y del reglamento de cría. Como consecuencia, un veterinario oficial ordenó retirar el dispositivo antes de completarse la prueba, tras tres o cuatro días de uso.
Schaubach rechaza las acusaciones y asegura que el animal no sufrió en ningún momento: durante esos días, la oveja se tumbó y se levantó con normalidad, y el cordero pudo mamar sin problemas. El 26 de mayo de 2026, la Administración del Distrito de Villach le notificó formalmente la denuncia por presunto maltrato animal.
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Una cámara instalada en el pasto alpino debía registrar el comportamiento del lobo frente al dispositivo.
Costos, futuro y un debate abierto
Según el propio inventor, el desarrollo de la patente ha implicado una inversión de entre 50.000 y 60.000 euros, sin que hasta el momento se haya comercializado ninguna unidad. Schaubach busca ahora una empresa capaz de producir las redes a gran escala y plantea que el dispositivo debería subvencionarse con fondos europeos para resultar viable, dada su vida útil estimada en varias décadas. Ante la presión legal, ya trabaja en una nueva versión más ligera, centrada en proteger únicamente el cuello y la parte inferior del cuerpo.
El contexto explica el interés que despierta el invento. En Austria, durante 2024 se registraron unos 1.100 ataques de lobo, con 4.300 animales muertos o heridos; en 2023 los daños probados afectaron a 5.727 animales, en su mayoría ovejas. Las autoridades austriacas destinaron 23,4 millones de euros a medidas de protección del ganado y pagaron 780.000 euros en compensaciones. En Alemania, los lobos mataron en 2024 a más de 4.000 animales de granja, de los cuales más del 90% eran ovejas y cabras.
Mientras la Unión Europea avanza hacia una flexibilización del estatus de protección del lobo —de "estrictamente protegido" a "protegido" desde mayo de 2025— y Alemania abre la puerta a su abatimiento bajo ciertas condiciones, inventos como el de Schaubach reflejan la urgencia de los ganaderos alpinos por encontrar alternativas que no dependan únicamente de la regulación de la población lobuna.
FUENTE: Euronews con aportes de Redacción +P