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Las claves que explican por qué Neuquén no cayó en faena pese al menor consumo

Datos oficiales y análisis del sector explican cómo la ganadería neuquina logró sostener sus niveles de faena en un año marcado por la incertidumbre económica.

En un contexto nacional atravesado por la incertidumbre macroeconómica y eventos climáticos extremos como la sequía, la ganadería en Neuquén muestra un comportamiento que llama la atención: el nivel de faena se mantiene estable desde hace varios años. Así lo confirman los datos oficiales y el análisis territorial que realiza la Dirección de Ganadería y Salud Animal de la Subsecretaría de Producción de Neuquén.

Marcos Lauge, director del área, explicó en una entrevista en profundidad cuáles son las razones detrás de esta estabilidad, cómo se distribuye la faena provincial, qué se está discutiendo en torno a un nuevo plan ganadero y cuáles fueron los impactos —negativos y potencialmente estratégicos— de la flexibilización de la barrera sanitaria patagónica.

Faena estable en un contexto adverso

Según los últimos registros de la secretaría de Agricultura de la Nación (SAGPYA), el nivel de faena bovina en Neuquén se mantuvo durante 2025 en valores muy similares a los del año anterior. Lauge aclaró que, además de los datos nacionales, la provincia cuenta con información propia proveniente de plantas de faena lo que permite tener una visión más completa del escenario.

“Los números se vienen manteniendo estables en los últimos años”, señaló el funcionario. En concreto, durante 2025 se faenaron alrededor de 47.000 cabezas, apenas por debajo de 2024, y dentro de un rango que se repite desde hace al menos cinco años, entre las 45.000 y 50.000 cabezas anuales.

Para Lauge, esta estabilidad no es casual. “Venimos trabajando desde hace varios años en mejorar la eficiencia y en retener más producción neuquina dentro de las plantas de proceso de la provincia”, explicó. Actualmente existen ocho plantas de faena bovina en funcionamiento en Neuquén, aunque todavía hay margen para mejorar su eficiencia operativa y su capacidad instalada.

Consumo, engordes y origen de la hacienda

Uno de los factores clave para sostener la faena es que, a pesar de la caída del consumo a nivel nacional, la demanda interna provincial se ha mantenido relativamente estable. “La merma del consumo impactó por igual en toda la región, pero en Neuquén se logró sostener la provisión”, indicó Lauge.

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La combinación entre demanda interna, engordes locales y trabajo sobre la eficiencia permitió que la faena no se desplomara pese al contexto adverso.

En ese esquema, los engordes cumplen un rol central. De las 47.000 cabezas faenadas en 2025, alrededor de 22.000 provinieron de engordes ubicados en la provincia, lo que representa cerca del 45% del total. En su mayoría, estos establecimientos se abastecen con hacienda neuquina, por lo que se trata prácticamente de faena netamente provincial.

El 55% restante corresponde a animales que llegan directamente desde campos de la región o que ingresan desde otras provincias, principalmente Río Negro. Esta proporción se concentra sobre todo en la principal sala de faena de la provincia, ubicada en Senillosa, donde la participación de hacienda rionegrina es significativa.

“Hoy podemos decir que aproximadamente el 50% de la faena provincial es provista por la propia provincia y el otro 50% viene de afuera”, resumió el director.

Hacia un nuevo plan ganadero: más amplio y multisectorial

Uno de los ejes centrales de la agenda ganadera neuquina es la reformulación del Plan Ganadero Provincial, originalmente lanzado en 2020. Según Lauge, el nuevo enfoque apunta a ampliar su alcance y adaptarlo a las condiciones actuales del territorio y del mercado.

“La idea es que sea un plan más amplio, que no esté pensado solo para el bovino, sino que incorpore también al ovino y al caprino”, explicó. Cada una de estas especies requiere líneas específicas de intervención, financiamiento y asistencia técnica.

La sequía extrema que atravesó la provincia durante 2025, una de las más severas de los últimos años y que derivó en la declaración de emergencia provincial, también influyó en la redefinición de prioridades. En ese contexto, el nuevo plan pone el foco en mejorar la eficiencia del sector de cría, históricamente por debajo de la media nacional.

“Sabemos que nuestra principal falencia hoy es la eficiencia”, reconoció Lauge. Por eso, el programa tendrá una fuerte impronta en el buen manejo del recurso natural, especialmente de los pastizales, con criterios de sustentabilidad ambiental y productividad a largo plazo.

El plan se estructura en dos grandes líneas de trabajo. Por un lado, la mejora y optimización del uso del pastizal natural, un recurso estratégico en gran parte del territorio neuquino. Por otro, el fortalecimiento de las zonas bajo riego, tanto en el Alto Valle como en pequeños valles irrigados de la provincia.

El objetivo es aumentar la producción de forraje, tanto para la elaboración de heno como para cultivos destinados a los engordes, como el maíz. Esta mayor disponibilidad de alimento es clave para reducir costos, mejorar la competitividad y sostener los sistemas de recría y engorde.

Escuchar a los sectores: cría, recría, engorde e industria

En el marco de un reciente encuentro realizado en la Sociedad Rural, la Subsecretaría de Producción convocó a reuniones diferenciadas con los distintos actores de la cadena: productores de cría, recría y engorde, y el sector industrial y matarife.

“El objetivo fue escuchar qué es lo que más necesita cada sector: si financiamiento, capacitación, asistencia técnica”, explicó Lauge. Las demandas fueron diversas, pero con algunos puntos en común.

En el sector de cría, especialmente entre los productores medianos y grandes, se detectó una fuerte demanda de financiamiento. “Hay un potencial de inversión importante, y una percepción de que a nivel nacional se abre una etapa de mejora para la ganadería”, señaló.

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La estructura productiva de la provincia permitió amortiguar el impacto de la caída del consumo que golpeó con fuerza al resto del país.

En recría y engorde, además de la necesidad de crédito, surgió con fuerza el problema del alto costo de los insumos, lo que refuerza la importancia de producir más forraje en la provincia. En ese sentido, se comenzó a trabajar con el Banco Provincia de Neuquén en el diseño de líneas de financiamiento de mayor escala, con plazos y condiciones acordes a los ciclos productivos.

El sector matarife, en tanto, puso el acento en la eficiencia de las plantas de faena. De las ocho existentes, varias son de gestión estatal, lo que abre la puerta a esquemas de articulación público-privada para ampliar o mejorar su capacidad operativa.

Líneas de crédito y buenas prácticas

Muchas de las herramientas financieras ya están en marcha. Desde hace un año y medio funcionan líneas de crédito que van desde la inclusión financiera y la agricultura familiar —con montos de hasta 8 millones de pesos— hasta líneas específicas para ganadería, fruticultura, agricultura y acuicultura.

Durante la sequía, varias de estas líneas fueron reformuladas con beneficios de tasa y plazos más flexibles. A esto se suman instrumentos diseñados a través del Centro PyME y créditos de mayor escala vinculados a la aplicación de buenas prácticas productivas.

“Buscamos que las herramientas sean realmente las que el sector está demandando”, enfatizó Lauge.

La pregunta sobre el crecimiento del stock aparece de manera recurrente. Para el funcionario, el objetivo principal no es aumentar cabezas de manera indiscriminada, sino mejorar la eficiencia.

“Hay productores que ya trabajan con alta eficiencia y en esos casos sí se puede pensar en aumentar el stock”, explicó. Sin embargo, el eje central pasa por producir más kilos de carne, no solo más animales.

Esto implica mejorar los índices de destete, lograr terneros más pesados y, en las etapas siguientes, aumentar los kilos por cabeza en recría y engorde. “En definitiva, lo que buscamos es que llegue más carne a la faena”, resumió.

La barrera sanitaria: impacto, incertidumbre y un debate abierto

Uno de los temas más sensibles del último año fue la flexibilización de la barrera sanitaria patagónica. Lauge recordó que la decisión fue intempestiva y generó un fuerte impacto negativo en el sector productivo.

“Nos enteramos prácticamente por los medios, cuando incluso había información de que eso no iba a ocurrir”, señaló. La medida coincidió con un momento crítico: entre marzo y junio, meses clave para la salida de terneros de los campos cordilleranos hacia los engordes.

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Casi la mitad de la faena provincial proviene de engordes neuquinos, un factor clave para explicar la estabilidad del sector en medio de la caída del consumo.

La consecuencia fue una fuerte caída en los valores de la hacienda en pie, en un contexto de sequía severa. Muchos productores se vieron obligados a vender animales a precios muy bajos, mientras que otros no pudieron acceder al mercado y tuvieron que mantener hacienda en campos sin capacidad forrajera suficiente, con pérdidas de peso y mayores costos.

Aun así, Lauge destacó la resiliencia del sector. “A pesar de todo, los valores de faena con los que cerró 2025 muestran que la actividad logró sostenerse”.

En cuanto al impacto en el consumidor, el panorama es ambiguo. En góndola no se produjo una unificación de precios del asado, sino una mayor diversidad de valores y calidades. “El que pagaba la calidad patagónica, la sigue pagando”, explicó. En cortes como las pulpas, los precios incluso se mantuvieron o aumentaron, en línea con la media nacional.

Resiliencia y oportunidad

Encontrar beneficios concretos de la flexibilización de la barrera no es sencillo. “Desde el sector productivo cuesta mucho verlos”, reconoció Lauge. Sin embargo, planteó que tanto este cambio como la sequía pueden leerse como una oportunidad.

“Nos obligan a ser más resilientes, a ajustar estrategias, a ser más eficientes”, reflexionó. En ese camino, la ganadería patagónica tiene la posibilidad de diferenciar su producto y poner en valor sus atributos, en un contexto nacional que podría ofrecer mejores condiciones en los próximos años.

La estabilidad de la faena, el relanzamiento del plan ganadero y el fortalecimiento de la eficiencia aparecen así como los pilares sobre los que Neuquén busca sostener y proyectar su actividad ganadera en un escenario desafiante pero lleno de definiciones estratégicas.