Este repunte, aunque bien recibido, aún no alcanza para revertir el saldo negativo del año. En el acumulado de los primeros cuatro meses de 2025, la faena totalizó 4,33 millones de cabezas, lo que representa una caída del 0,7% en comparación con las 4,36 millones registradas entre enero y abril del año pasado. Sin embargo, el cambio de tendencia registrado en abril brinda cierto optimismo para el resto del año.
Una recuperación con impacto directo en la oferta de carne
La mayor actividad en los frigoríficos no sólo implica un repunte para la industria, sino que también se traduce en una mayor disponibilidad de carne en el mercado interno y externo. La producción de carne bovina en abril alcanzó las 257.100 toneladas equivalentes res con hueso, una cifra que implica un incremento del 9,6% en relación con marzo, y del 5,7% respecto a abril de 2024.
Mario Ravettino, presidente del Consorcio ABC, destacó que esta mejora responde no solo al aumento en el número de cabezas faenadas, sino también a un incremento en el peso promedio de las carcasas. “En los primeros cuatro meses de 2025, se produjeron cerca de 992.700 toneladas equivalente carcasa, un 0,1% más que las 991.300 obtenidas entre enero y abril del año pasado”, señaló.
En efecto, el peso promedio de las carcasas en abril fue de 229,4 kilogramos, superior en un 0,4% al registrado en marzo (228,5 kg) y un 1,5% por encima del peso promedio de abril de 2024 (225,9 kg). En lo que va del año, el peso medio acumulado también muestra una leve mejora: 229,4 kg contra los 227,5 kg del mismo período del año anterior, lo que representa una suba del 0,8%.
Un giro esperado por el sector
Este leve repunte es observado con atención por todo el entramado productivo y comercial de la carne. Si bien aún no se puede hablar de una recuperación consolidada, el corte del ciclo descendente que caracterizó al inicio de 2025 ofrece una bocanada de aire para los frigoríficos, productores y exportadores. Las expectativas para los próximos meses están ahora puestas en que esta tendencia pueda sostenerse y amplificarse, en un contexto en el que la estabilidad macroeconómica y el clima de negocios serán clave.
El desafío de cara al futuro inmediato será mantener el nivel de actividad en un entorno donde los costos operativos siguen elevados, el consumo interno muestra signos de debilidad por la contracción del poder adquisitivo, y los mercados internacionales demandan carne argentina con cada vez mayores exigencias sanitarias y de trazabilidad.
Por el momento, abril deja una señal alentadora: la faena bovina cortó el tobogán descendente y volvió a crecer, impulsando también una mayor oferta de carne. Si este impulso se mantiene, podría marcar el inicio de un nuevo ciclo más favorable para el sector cárnico argentino.