Mientras el país pierde ganado, la Patagonia crece: el dato que sorprende
El stock bovino nacional cayó en 704.000 cabezas en 2025, pero la Patagonia fue la única región que creció.
A la luz de las últimas estadísticas oficiales, que indican una caída del stock de ganado vacuno (¿el negocio de las vacas se achica en el país de las vacas?), no habrá alivio para los consumidores, dado que una retracción en la oferta tiene su consecuente impacto en los mostradores. Son múltiples las causas de estos indicadores negativos, entre las que se cuentan la aplicación de retenciones a las exportaciones de novillos —pero no a las vaquillonas—, las consecuencias de años de restricciones a las exportaciones (el expresidente Alberto Fernández prohibió la exportación de “cortes populares”) y un tipo de cambio oficial que distaba mucho del valor real del dólar.
Y, como los ciclos de la ganadería se estiman en dos o tres años (lo que demora en terminarse un novillo de exportación), los números actuales son consecuencia de una etapa del país en la cual producir ganado había dejado de ser negocio.
Un stock en retroceso con causas acumuladas
En concreto, el cierre de existencias bovinas al 31 de diciembre de 2025, elaborado por el SENASA a partir del Sistema Informático de Gestión de Sanidad Animal, arrojó un número que a primera vista preocupa: 50.920.790 cabezas totales, 704.000 menos que el año anterior. Una caída del 1,36 % sobre el rodeo nacional.
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La única región del país con indicadores positivos fue la Patagonia, donde, entre las cinco provincias que la integran, Río Negro concentra el 45 % del total. Esta región sumó 38.000 cabezas (+3,1 %) en 2025. Es un número pequeño en términos absolutos —la región apenas concentra el 2 % del rodeo nacional, con 1,2 millones de cabezas—, pero la dirección de la tendencia es positiva, alentada por la ampliación de los cultivos bajo riego (maíz y alfalfa), que permiten contar con más alimento sin la extraordinaria carga del flete que implica traerlo desde la región pampeana.
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Lo cierto es que el stock bovino cerró el año en poco más de 50,9 millones de cabezas, la cifra más baja en varios años. Como referencia, vale recordar que, en 1975, el stock bovino argentino se situaba aproximadamente en 58,6 millones de cabezas, y que el pico histórico se registró en 1977, cuando el stock nacional alcanzó los 61,1 millones de cabezas.
La reducción del rodeo en 2025 tiene una explicación técnica precisa y no sorprendió a los especialistas. El eslabón más sensible fue el de los vientres —vacas y vaquillonas—, que cayó en 516.000 cabezas, un 1,8 % menos que en diciembre de 2024. Ese comportamiento es la consecuencia directa de la faena de hembras registrada durante el año, alentada por la eliminación de retenciones para este rubro y el mantenimiento de las mismas para los novillos.
De todos modos, en los dos años previos la caída de vientres había promediado las 850.000 cabezas anuales. En 2025, esa hemorragia se redujo a poco más de la mitad. La retención está en marcha —con la mira puesta en un mayor cupo de exportación a Estados Unidos y el reciente acuerdo con la Unión Europea—, aunque todavía no alcanza para revertir la tendencia en el stock total.
Más eficiencia, pero recuperación lenta
Uno de los datos relevantes del informe oficial es que la ganadería argentina es hoy más eficiente que en cualquier momento de las últimas dos décadas, si se tiene en cuenta que la relación ternero/vaca alcanzó el 65,2 % en 2025. Esa “tasa de preñez” es exactamente el mismo valor que en 2024, y ambos están muy por encima del promedio histórico de la serie 2007-2025, que es del 62,3 %.
Para entender qué significa ese porcentaje: por cada 100 vacas registradas, la ganadería argentina produjo 65 terneros. Es el segundo mejor resultado de toda la serie histórica, superado únicamente por el récord de 2022, cuando ese índice llegó al 66,7 %.
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Argentina pierde ganado, pero el sur sumó un 3,1% más de cabezas en un año clave.
El informe del SENASA cierra con una lectura que combina cautela y optimismo. La demanda de hacienda sigue firme, los precios son altos y los márgenes económicos de los productores son positivos. Esas condiciones incentivan la retención de animales —tanto vientres como categorías destinadas a faena—, algo que ya se está verificando en el mercado.
Pero la ganadería tiene un límite que ningún precio puede acelerar: el tiempo biológico. Una vaca que se retiene hoy no produce terneros mañana. El ciclo reproductivo bovino impone sus plazos, y eso significa que la recuperación del stock, aunque encaminada, no será inmediata.
Por eso, se espera que la recuperación del stock ganadero comience a notarse en dos años, con números más elocuentes dentro de tres.