El imperio de las chatas y el auge de los carreros
Desde finales del siglo XIX hasta aproximadamente 1930, los carros tirados por mulos o caballos representaron el motor de la economía regional. Pujol operó como fletero estratégico para estancias y grandes barracas acopiadoras.
En aquel entonces, el transporte de frutos del país dependía de mulas o equinos en su mayoría. Con el tiempo, las caravanas de bueyes sustituyeron estos sistemas primitivos, permitiendo el avance por territorios donde la locomotora todavía resultaba un sueño lejano.
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Hacia 1893, Pujol identificó la necesidad vital de la meseta: el movimiento de mercancías.
Entre 1910 y 1925, la Patagonia experimentó una movilidad social sin precedentes. El alto valor de la lana generó excedentes que permitieron a muchos carreros ahorrar capital. Estos trabajadores compraron puntas de ovejas y ocuparon campos fiscales baldíos. Así, el transporte funcionó como el primer peldaño para una nueva clase de crianceros que puso la tierra en producción bajo un modelo de progreso constante.
Mercachifles, el nexo vital
La figura del mercachifle o buhonero complementó la labor de los grandes fleteros. A diferencia de otros trabajadores, estos comerciantes poseían sus propios medios de transporte. Utilizaban vagonetas capaces de cargar entre 2.000 y 2.500 kilos de lana.
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Las tropas de carros dominaron el transporte patagónico hasta la llegada de los primeros camiones.
Madryn olvidado
Muchos de ellos, mayoritariamente de origen sirio y libanés, recorrían parajes como Sepaucal o Trapalco para intercambiar víveres y ropa por cueros de chulengo o plumas.
Este intercambio comercial permitió que, entre 1915 y 1920, muchos de estos "turcos" se establecieran con almacenes de ramos generales. Estas tiendas rurales facilitaron luego el acceso a la propiedad de la tierra. Pujol, con una clarividencia práctica, fomentó estas corrientes comerciales. Su esfuerzo abrió caminos de comunicación entre Telsen, Gastre y Puerto Madryn, manteniendo viva la visión de grandeza que vislumbró durante su juventud.
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El Chalet Pujol permanece hoy como un símbolo arquitectónico del progreso en Puerto Madryn.
Madryn olvidado
Un legado de piedra frente al mar
Para 1915, Pujol figuraba ya como uno de los empresarios más exitosos del sur. Arrendó y luego compró leguas de tierra en la zona de Telsen, aprovechando el auge de las exportaciones y la libre aduana vigente hasta 1920. Su influencia trascendió lo comercial para entrar en la arena política. Ejerció la presidencia del Honorable Concejo Municipal e intendencia de Puerto Madryn entre 1916 y 1917.
Durante su mandato, impulsó obras fundamentales como el Hospital Regional y la perforación de pozos surtidores de agua. Su huella más visible hoy es el Chalet Pujol, una imponente residencia erigida sobre una colina con vista al Golfo Nuevo. Este edificio simbolizó el éxito de una vida dedicada al trabajo.
Tras su fallecimiento, la casona se transformó en el Museo El Hombre y el Mar, donde el legado del pionero español custodia la historia natural y marítima de la región que ayudó a forjar.
FUENTE: Bibliografía de Liliana Elizabeth Pérez con aportes de Redaccción +P