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Actualmente, el grupo está trabajando en distintos proyectos vinculados con el pasto horqueta, con el objetivo de lograr mayor resistencia al pastoreo y mejores crecimientos en la temporada invernal. FOTO: CONICET Nordeste
Pasturas a medida
El proceso empieza con un problema: ¿cómo mejorar los rindes ganaderos? Durante 10 a 14 años, los investigadores cruzan plantas, evalúan híbridos y buscan rasgos clave como resistencia a inundaciones, mayor nutrición o crecimiento todo el año. Usando métodos globales, cada variedad pasa por rigurosas pruebas antes de llegar al Instituto Nacional de Semillas (INASE).
Carlos Acuña, líder del grupo de Genética y Mejoramiento de Forrajeras, destaca logros como Cambá FCA, un pasto Paspalum ideal para suelos anegados del NEA, y Chané FCA, perfecto para terrenos drenados con alto valor proteico. También está Boyero UNNE, un pasto horqueta que crece firme incluso en invierno. “Son nativas y están adaptadas como en casa”, subraya Acuña.
La estrella verde
El avance más reciente es Pionera UNNE, una leguminosa (Stylosanthes guianensis) que fija nitrógeno y sube la calidad de la dieta bovina.
“Aumenta proteínas, mejora suelos pobres y captura carbono”, explica Acuña. Apta para suelos arenosos o ácidos, esta variedad —en evaluación final para el INASE— también sirve para henificar y almacenar reservas. Sus beneficios van más allá del ganado: enriquece rotaciones agrícolas y revitaliza campos.
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La riqueza florística del NEA es estudiada, conservada y utilizada con fines de mejoramiento genético de forrajeras por distintos equipos del IBONE. FOTO: CONICET Nordeste
Mirando al futuro
El equipo no se detiene. Ahora trabaja en pastos horqueta más resistentes al pastoreo y con mejor desempeño invernal, además de optimizar la producción de semillas nativas.
¿La meta? Campos más productivos y carnes con sello de origen que conquisten mercados. En un NEA ganadero que ya mueve millones, estas pasturas podrían ser el empujón para engordar vacas y economías locales.