En la Patagonia argentina, los registros de captura en pesca deportiva dan cuenta de la magnitud real de estos ejemplares. En el río Corcovado, Omar Méndez estableció el récord local con un salmón de 27 kilos y 400 gramos, seguido de cerca por un ejemplar de 23 kilos con 500 gramos que capturó Jonathan Hernández en 2013, también en el mismo río.
Más recientemente, en El Desemboque, cerca de Lago Puelo (Chubut), un pescador logró una captura documentada de más de 18 kilos, superando en unos 2 kilos el récord anterior reconocido para ese sector, que rondaba los 16 kilos. En el río De las Vueltas, a unos 30 kilómetros de El Chaltén, se han registrado ejemplares de hasta 33 kilos.
El récord mundial en pesca deportiva pertenece al pescador Alejandro León Azul, quien capturó un Chinook de 48 kilos en el río Aysén, Patagonia chilena, en 2023. En pesca comercial, el registro histórico corresponde a un ejemplar de 57 kilos capturado cerca de Petersburg, Alaska, en 1949.
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Los ríos Azul, Corcovado y Futaleufú son epicentros de la pesca deportiva del Chinook en la región andina.
Del Pacífico Norte a los ríos del sur argentino
El Chinook es originario de las costas del océano Pacífico Norte, con una distribución nativa que abarca desde California hasta Alaska, pasando por Oregón, Washington, la Columbia Británica en Canadá y el mar de Bering. Su llegada a la Patagonia no fue espontánea: la especie fue introducida en Chile durante la década de 1970 desde ríos de Estados Unidos, como el Columbia y el Willamette, con fines comerciales de acuicultura y experimentos de salmon ranching. Varios ejemplares escaparon de jaulas marinas y, en pocas décadas, protagonizaron una colonización de proporciones históricas.
"La mayoría de los salmones Chinook regresan al lugar donde nacieron para procrear, pero un porcentaje mínimo coloniza lugares nuevos", explicó Esteban Avigliano, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones en Producción Animal (INPA, CONICET-UBA). Ese mecanismo, denominado natal homing o filopatría, es la clave para entender tanto su fidelidad al río de origen como su capacidad para expandirse hacia nuevas cuencas cuando algunos individuos se "extravían" y se reproducen en aguas no natales.
Así, el Chinook avanzó desde el río Santa Cruz hacia el Atlántico, aprovechando corrientes oceánicas. En pocos años, colonizó cuencas que van desde el río Azul en El Bolsón hasta el río Ovando en Tierra del Fuego. Los especialistas definen esta expansión como "la invasión de salmónidos de mayor escala geográfica a nivel mundial". En Argentina, la especie ocupa, entre otros, los ríos Gallegos, Chubut, Futaleufú, Pico, Corcovado y Negro. Incluso se han registrado capturas en el río Paraná y en la costa uruguaya.
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Científicos del CONICET monitorean al Chinook desde 1997: su avance ya alcanzó el río Paraná y la costa uruguaya.
Ciclo de vida: del río al mar y de regreso
El ciclo de vida del Chinook explica en parte su capacidad de colonización. Los alevines nacen en agua dulce, donde pueden permanecer hasta dos años antes de migrar al mar. En el océano, la especie pasa entre pocos meses y cuatro o cinco años, período en el que su crecimiento es explosivo. Se alimenta de peces forrajeros —anchoas, sardinas, pequeñas especies que integran grandes cardúmenes— y crece a una velocidad que ninguna especie nativa de la Patagonia puede igualar.
Al alcanzar la madurez sexual, los adultos regresan a los ríos donde nacieron para desovar y morir. Durante esa última etapa, el estómago del pez adulto queda vacío: ya no se alimenta. Sin embargo, su presencia sigue siendo determinante para el ecosistema. Las carcasas de los salmones muertos aportan una enorme cantidad de nutrientes al sistema fluvial.
En algunos sectores del río Santa Cruz, investigadores del Centro Nacional Patagónico (Cenpat) contabilizaron hasta 20 toneladas de carcasas en tramos muy acotados del río. Ese banco de proteínas y minerales es aprovechado por cóndores, águilas mora, zorros, caranchos e incluso, en hallazgos recientes, por pumas que aprendieron a cazar salmones en los ríos.
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En el río Santa Cruz se contabilizaron hasta 20 toneladas de carcasas de Chinook en un solo sector del cauce.
La "agresividad territorial"
El estudio del Chinook en la Patagonia comenzó casi de casualidad, en 1997, cuando un técnico de la Secretaría de Pesca de Santa Cruz detectó que peces descritos como truchas en el río Caterina —tributario del lago Argentino— eran, en realidad, salmones Chinook que desovaban en ese cuerpo de agua desde hacía por lo menos 20 años. Ese hallazgo encendió una línea de investigación que hoy involucra al CONICET, universidades de Chile y Estados Unidos, ONGs como la Fundación Anfibia y organismos provinciales.
En 2006 se reportaron por primera vez salmones desovando en el río De las Vueltas, en cercanías de El Chaltén. Los estudios moleculares demostraron que esos ejemplares eran descendientes de peces del río Caterina y de otras cuencas de la Patagonia, que llegaron allí por el mecanismo de dispersión secundaria. Un análisis genético publicado recientemente reveló que la diversidad genética de la población del río De las Vueltas igualó o superó la de los linajes fundadores del noroeste de América del Norte, algo que sorprendió a los investigadores.
Desde el Cenpat, el investigador Javier Ciancio lidera el monitoreo de la especie y subraya su impacto territorial: "El Chinook adulto no preda en ríos —su estómago queda vacío—, pero su agresividad territorial ahuyenta a las especies nativas, y los juveniles devoran alevines locales". Esa doble presión —competencia territorial en la etapa adulta y depredación en la etapa juvenil— representa un desafío serio para la biodiversidad nativa.
El río Santa Cruz funciona como un hub genético y como corredor migratorio desde el cual la especie avanza hacia otras cuencas atlánticas. Las estimaciones de colegas chilenos muestran que la población del río Toltén —que nace en el lago Villarrica y desagua en el Pacífico— puede variar entre 10.000 y 43.000 individuos, y que los pescadores artesanales de ese río han llegado a capturar 100 toneladas en una temporada.
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La pesca deportiva del Chinook genera un flujo turístico significativo hacia destinos como El Chaltén, Corcovado, Carrenleufú y Lago Puelo.
Una paradoja difícil de resolver
El Chinook encarna una paradoja que los gestores ambientales y las comunidades patagónicas aún intentan resolver. Por un lado, es una especie exótica invasora que altera los equilibrios biológicos, modifica la química de los ríos donde desova y muere, compite con truchas arco iris y con especies nativas, y genera impactos sanitarios cuando las carcasas se acumulan en las orillas.
En noviembre de 2025, la Legislatura de Santa Cruz sancionó una ley que lo declara especie exótica invasora en todo el territorio provincial, aunque simultáneamente lo reconoce como especie de uso controlado, autorizando a la Secretaría de Pesca y Acuicultura a diseñar un Plan de Control y Aprovechamiento regulado.
Por otro lado, el Chinook es el corazón de la pesca deportiva en la Patagonia. Grupos de pescadores del Alto Valle de Río Negro y Neuquén relatan con entusiasmo la experiencia de combatir ejemplares de más de 20 kilos en plena correntada. "Son peces muy combativos, hay que estar preparado con reeles y cañas adecuadas. Son unos 20 kilos de fuerza en plena correntada.
Es como si quisieras sacar una bolsa de cal del agua", describió Diego Hernández, pescador neuquino que capturó un Chinook de 15 kilos en aguas chilenas. La temporada recomendada se extiende desde diciembre hasta mediados de abril, con los mejores registros concentrados en los primeros meses del año.
La pesca deportiva del Chinook genera un flujo turístico significativo hacia destinos como El Chaltén, Corcovado, Carrenleufú y Lago Puelo, donde guías especializados conducen salidas con mosca, spinning y trolling a gran profundidad. El reglamento establece la devolución obligatoria en muchos casos, una práctica que los pescadores deportivos han adoptado con convicción para sostener la especie en el tiempo.
Mientras el debate científico y político sobre su manejo continúa, el salmón Chinook sigue remontando los ríos de la Patagonia norte cada verano: silencioso, colosal, impredecible. Un coloso del Pacífico que encontró en los ríos del sur argentino un nuevo hogar, y que todavía tiene mucho por enseñarle a quienes estudian y habitan estos territorios.
FUENTE: Redacción +P