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Desierto y riego: cómo cultiva Libia en el Sahara con agua de hace 40.000 años

Bajo el desierto más árido del mundo hay agua de 40.000 años. Libia la usa para cultivar en círculos visibles desde el espacio.

En uno de los territorios más áridos del planeta, donde solo el 2% del suelo recibe precipitaciones suficientes para el cultivo, Libia desarrolló una de las apuestas agrícolas más audaces del mundo: hacer producir el Sahara mediante sistemas de riego por pivote central alimentados por reservas de agua acumuladas hace 40.000 años, durante la última era glacial.

La hazaña dio resultado contundentes. De hecho, son visibles desde el espacio: círculos perfectos de vegetación verde que contrastan con el ocre interminable del desierto.

El agua que no se renueva

La fuente que hace posible este sistema es el Sistema Acuífero de Arenisca Nubiana (NSAS, por sus siglas en inglés), el mayor reservorio de agua fósil conocido en el mundo. Se extiende por más de 2 millones de kilómetros cuadrados bajo el Sahara oriental, compartido entre Libia, Egipto, Chad y Sudán, y contiene aproximadamente 150.000 km³ de agua subterránea, un volumen equivalente a 500 años de caudal del río Nilo o 20 veces la superficie de los Grandes Lagos norteamericanos.

La datación por radiocarbono - método científico que determina la edad de materiales orgánicos (huesos, madera, fibras) de hasta 60,000 años de antigüedad- confirmó que parte de esa agua permanece bajo tierra desde hace 40.000 años, cuando el clima de la región era sustancialmente más húmedo. Hoy, la tasa de recarga es prácticamente nula: se trata de un recurso no renovable, lo que convierte su gestión en una decisión estratégica de largo plazo para los países que lo comparten.

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Círculos de vida: El riego por pivote crea oasis artificiales visibles desde el espacio exterior.

El descubrimiento del acuífero no fue intencional. En la década de 1950, durante las exploraciones petroleras en la región de Al-Kufrah, en el sureste libio, las perforaciones dieron con otro recurso igualmente valioso: agua de alta calidad y en enormes cantidades. El gobierno libio evaluó las alternativas —importación desde Europa, desalinización del mar Mediterráneo, extracción del acuífero— y optó por la tercera como la más eficiente en términos de costo y escala.

El gran río artificial

Para llevar esa agua desde las profundidades del desierto hasta las zonas costeras más pobladas, Libia construyó el Gran Río Artificial (GMR), reconocido como el proyecto de irrigación más grande del mundo.

La infraestructura consiste en una red de tuberías subterráneas que transporta agua desde el NSAS hasta ciudades como Trípoli y Bengasi, recorriendo distancias de hasta 1.600 kilómetros. El sistema provee actualmente el 70% de toda el agua dulce consumida en el país, incluyendo uso doméstico, agrícola e industrial.

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Ingeniería audaz: El Gran Río Artificial transporta agua dulce a lo largo de 1.600 kilómetros.

El pivote central: geometría de la eficiencia

En las zonas donde el agua llega directamente al pie del cultivo, el sistema de riego por pivote central es la tecnología elegida. Su lógica es simple pero efectiva: una tubería estructural de acero, montada sobre tramos con ruedas, gira en torno a un punto fijo de anclaje, distribuyendo agua de forma continua en arcos concéntricos.

El resultado es una parcela circular de cultivo de aproximadamente 1 kilómetro de diámetro, reconocible desde satélites en órbita y regularmente fotografiada por astronautas a bordo de la Estación Espacial Internacional.

El sistema minimiza las pérdidas por evaporación a través de emisores de aspersión ubicados a lo largo del brazo girante, y optimiza el consumo energético respecto de otros métodos de riego en superficie abierta. En las parcelas se producen cereales, frutas, verduras y forrajes para el ganado, con una diversidad de cultivos que desafía las condiciones naturales del entorno.

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Seguridad alimentaria: Cultivos de cereales y frutas desafían la aridez extrema del desierto.

Una apuesta única en el contexto global

El uso del pivote central no es exclusivo de Libia: la tecnología está presente en India, en zonas desérticas de Estados Unidos y en otros países de Oriente Medio como Jordania. Sin embargo, la escala y las condiciones en que opera en territorio libio lo convierten en un caso singular.

En un país donde más del 95% del territorio es desierto sahariano, cada instalación representa una inversión de alta envergadura, justificada únicamente por la disponibilidad de agua fósil en profundidad y por una decisión política de largo plazo de desarrollar capacidad agrícola propia.

El oasis de Al-Khufrah, en el sureste del país, cerca de la frontera con Egipto, es uno de los proyectos agrícolas más grandes de Libia y funciona como caso testigo de este modelo: campos circulares de riego que reemplazaron patrones previos de cultivo en cuadrícula, con mayor eficiencia hídrica y mejor rendimiento por hectárea.

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El Gigante Subterráneo: El acuífero de Arenisca Nubiana es el mayor reservorio de agua fósil del mundo.

El dilema de la sostenibilidad

La pregunta que recorre todos los análisis sobre este modelo es la misma: ¿cuánto tiempo puede sostenerse? Al tratarse de un acuífero fósil sin recarga significativa, cada metro cúbico extraído es, en términos prácticos, agua que no se repone. La comunidad científica internacional, con participación del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), trabaja en la caracterización precisa del acuífero para orientar políticas de uso sostenible entre los cuatro países que lo comparten.

Lo que Libia construyó en el desierto es una demostración de que la tecnología puede transformar las condiciones más adversas en tierra productiva. También es un recordatorio de que los recursos naturales finitos exigen una planificación que va mucho más allá del ciclo agrícola.

FUENTE: NASA, Wikipedia, Britannica, IAEA y publicaciones científicas.