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Liebre europea en Chile: métodos probados para proteger tus cultivos del daño

La liebre europea devasta los cultivos de Chile. Un informe detalla qué métodos realmente funcionan para detener la plaga.

Para quienes dedican su vida a trabajar la tierra, pocos escenarios resultan tan desmoralizantes como ver el esfuerzo de meses devorado en cuestión de días. La liebre europea (Lepus europaeus) representa hoy una de las amenazas más persistentes para la agricultura chilena. Introducida a fines del siglo XIX, esta especie exótica invasora demostró una capacidad de adaptación extraordinaria: desde su llegada al país, colonizó la zona centro-sur, el altiplano, la región de Magallanes e incluso el árido desierto de Atacama.

En este contexto, conocer sus hábitos y aplicar las medidas adecuadas puede marcar la diferencia entre una temporada productiva y pérdidas cuantiosas. El impacto de la liebre en Chile opera en dos dimensiones simultáneas. En el plano medioambiental, altera ecosistemas frágiles y compite directamente por alimento con especies nativas amenazadas de extinción. En el plano económico, su capacidad destructiva es contundente: arrasa con cultivos de forraje, hortalizas y cereales, y daña la corteza de los árboles jóvenes, afectando plantaciones en etapa de establecimiento que son las más vulnerables.

Considerada una plaga emergente por especialistas en sanidad vegetal, la liebre europea no discrimina entre producciones a pequeña o gran escala. Su presencia obliga a los productores a adoptar estrategias preventivas antes de que el daño sea irreversible.

Repelentes naturales: útiles, pero insuficientes

Ante la necesidad de alejar a estos animales, el primer recurso al que suelen acudir los productores son los métodos disuasivos de base olfativa o gustativa. La experiencia popular recomienda rodear los huertos con plantas de aromas fuertes que resultan desagradables para el animal, como la lavanda, la ruda, el romero, la salvia y el ajo. En paralelo, circulan diversas preparaciones caseras: esparcir ceniza alrededor de los cultivos, aplicar huevo batido con agua, o rociar el follaje con mezclas picantes elaboradas con ajo machacado, pimienta y ají.

Sin embargo, la evidencia disponible señala que estos métodos rara vez resultan suficientes ante una presión poblacional intensa. Su principal limitación es práctica: pierden eficacia tras cada lluvia o riego, lo que exige una reaplicación constante que demanda tiempo y trabajo. Son, en el mejor de los casos, un complemento, no una solución definitiva.

Barreras físicas: la defensa más confiable

La alternativa más eficaz y duradera para proteger los cultivos es la instalación de barreras físicas. Para la protección perimetral de un huerto o campo de producción, la opción recomendada es la malla gallinera metálica. La clave no está solo en el material, sino en la correcta instalación: la malla debe alcanzar al menos 60 centímetros de altura y, de manera fundamental, enterrarse entre 10 y 15 centímetros bajo la superficie del suelo, o bien doblarse hacia el exterior formando una "L" subterránea.

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Repelentes naturales como el ajo y la lavanda ayudan, pero deben replicarse tras cada lluvia o riego.

Esta disposición es esencial para neutralizar el comportamiento excavador del animal. Sin ese anclaje en profundidad, la liebre simplemente horada la tierra por debajo del cerco y vulnera el perímetro de manera invisible hasta que el daño ya es evidente.

Protección individual de árboles jóvenes

Cuando la prioridad es resguardar árboles recién plantados, existe una solución específica y altamente efectiva: los tubos o mallas protectoras individuales. Estos dispositivos, generalmente elaborados con plástico rígido o malla de alambre, se colocan alrededor del tronco de cada árbol y deben alcanzar una altura mínima de 50 centímetros. Por encima de esa medida, el animal no logra acceder a los brotes tiernos ni a la corteza, que son los blancos preferidos durante los primeros años de vida del árbol.

Una vez que el ejemplar se establece, engrosa su tronco y endurece su corteza, el protector cumplió su función y puede retirarse. A partir de ese punto, el árbol posee suficiente resistencia natural para soportar el contacto eventual con el animal sin sufrir daños significativos.

La prevención, como eje de toda estrategia

En un escenario donde la liebre europea continúa expandiendo su rango de distribución dentro del territorio chileno, la prevención temprana sigue siendo el pilar más sólido de cualquier estrategia de manejo. Actuar antes de detectar el daño reduce costos, preserva la producción y evita el estrés de intervenciones de emergencia.

Los repelentes caseros pueden ofrecer un alivio momentáneo y resultan útiles como parte de un esquema integrado de control. No obstante, las barreras físicas correctamente instaladas y la protección individual de árboles en etapa de establecimiento continúan siendo las medidas más confiables y rentables para quienes buscan resguardar sus plantaciones de manera efectiva y sostenida en el tiempo.

FUENTE: Reporte Agrícola con aportes de Redacción +P