Este movimiento marca un cambio notable en la trayectoria del euro, que hasta ahora venía protagonizando un rally imparable. En el primer semestre del año, la moneda común se apreció un 14%, impulsada por factores como el cambio histórico en la política fiscal alemana y la creciente desconfianza en los activos estadounidenses, alimentada por las erráticas decisiones comerciales de Trump. Sin embargo, el nuevo acuerdo cambia las reglas del juego: los aranceles representan un lastre para la economía europea, mientras que los pactos comerciales de EE.UU. con otras potencias, como Japón y China, han reducido los temores sobre una desaceleración global.
Bruno Schneller, director general de Erlen Capital Management, afirmó que las posiciones alcistas a largo plazo en euros "se enfrentan a una dura prueba de realidad esta semana". La fuerte caída del par euro/dólar no solo fue significativa en magnitud, sino que además mostró una ausencia clara de soporte técnico, lo que refleja lo sobrecargado que estaba el mercado con apuestas en favor del euro.
A ello se suma el hecho de que, hasta el inicio del fin de semana anterior al acuerdo, los especuladores mantenían una posición neta alcista en futuros del euro por valor de 18.400 millones de dólares, la más elevada desde diciembre de 2023, según datos de la Comisión de Comercio de Futuros de Productos Básicos (CFTC). Cabe recordar que a principios de este año, esa misma comunidad de inversores mantenía una de las posiciones bajistas más agresivas en la divisa europea en casi cinco años.
En términos relativos, el euro también mostró debilidad frente a otras monedas. El lunes cayó un 0,8% frente a la libra esterlina y un 0,7% frente al yen japonés. No obstante, la mayor parte de su volatilidad sigue concentrada en el cruce con el dólar, contra el cual el euro ha subido solo un 5% en lo que va de año en términos ponderados por el comercio.
Tendencias para el euro
Para muchos analistas, sin embargo, esta corrección no implica el fin de la tendencia alcista del euro. Chris Turner, jefe global de investigación de ING, sostiene que este retroceso se interpreta más como una pausa en la subida que como una reversión. La verdadera prueba, argumenta, estará en los datos económicos de Estados Unidos y Europa, así como en la reunión de política monetaria de la Reserva Federal.
Si la Fed mantiene estables las tasas, como se espera, podría provocar nuevas presiones políticas desde la Casa Blanca, especialmente de parte de Trump, que ha venido presionando por recortes más agresivos. Este tipo de tensiones ya han afectado al dólar anteriormente, como cuando la moneda cayó tras los rumores de una posible destitución de Jerome Powell.
Por otro lado, algunos inversores mantienen una visión optimista sobre Europa. Russel Matthews, gestor de cartera de RBC BlueBay Asset Management, asegura que no han cambiado su percepción de que existen riesgos al alza para el crecimiento europeo, especialmente por el renovado impulso fiscal alemán. Aunque el acuerdo comercial haya favorecido en términos relativos a Estados Unidos, eso no elimina los fundamentos positivos que Europa ha construido en los últimos meses.
En definitiva, si bien el euro se encuentra en una encrucijada, los próximos días serán cruciales para definir si este retroceso es solo una corrección técnica o el comienzo de una tendencia más profunda. Lo que está claro es que el mercado ha despertado de su aparente consenso, y ahora se mueve con una cautela renovada.
Fuente: Agencias internacionales con aportes de Redacción +P.