Desde España, el Gobierno considera que la industria agroalimentaria podrá aprovechar las oportunidades del acuerdo, especialmente en un contexto internacional marcado por tensiones comerciales, inflación y desaceleración económica. Aun así, el impacto real dependerá del ritmo de aplicación de las medidas y de la capacidad de adaptación de las empresas.
Reducción de aranceles y una liberalización progresiva
Desde el primer día, el acuerdo contempla rebajas arancelarias que afectan a múltiples productos, aunque la liberalización total será gradual y variará según el sector. En el caso de las exportaciones españolas, el aceite de oliva tendrá un plazo de apertura completa de 15 años, mientras que el orujo de oliva lo hará en cuatro años. Para los vinos embotellados se prevé un periodo de ocho años, y para el porcino, entre ocho y diez.
En contraste, otros productos como los vinos espumosos, el azafrán, determinadas frutas o la leche en polvo accederán al mercado sin aranceles desde el inicio. Esta diferencia de plazos responde a la sensibilidad de ciertos sectores y al equilibrio alcanzado durante las negociaciones.
Las autoridades comerciales españolas han insistido en la necesidad de que las empresas actúen con rapidez. El acuerdo se rige por el principio de “primer llegado, primer servido”, lo que implica que las cuotas disponibles serán compartidas entre todos los países de la UE. En consecuencia, las compañías que se anticipen tendrán mayores posibilidades de beneficiarse de las ventajas iniciales.
Por el lado de Mercosur, el acuerdo también contempla concesiones relevantes, especialmente en productos como carne de vacuno, aves de corral y etanol. No obstante, estas exportaciones estarán limitadas por cuotas y se introducirán de forma progresiva. En el caso de los productos cárnicos, su volumen se restringe a una pequeña fracción de la producción europea, en torno al 1,5 % para el vacuno y el 1,3 % para las aves.
Aceite de oliva, vino y lácteos lideran el optimismo exportador
Dentro del sector agroalimentario español, el aceite de oliva se posiciona como uno de los principales beneficiados. Representantes de la industria destacan que la reducción de aranceles permitirá ofrecer precios más competitivos en mercados como Argentina, donde actualmente este producto está gravado con un arancel del 31,5 %. Desde el primer día, esta carga se reduce en un 2,5 %, lo que abre la puerta a un incremento progresivo de las ventas.
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Exportadores celebran nuevas oportunidades en Mercosur, mientras agricultores reclaman protección frente a una mayor apertura del mercado.
Además, las empresas ya han comenzado a reorganizar sus estrategias comerciales. Según fuentes del sector, se están redirigiendo volúmenes de aceite hacia mercados de Mercosur, anticipando una mayor demanda en los próximos años.
El sector del vino y del cava también observa con interés este nuevo escenario. Las bodegas ven en la región sudamericana una oportunidad para expandir su presencia, especialmente en segmentos de consumo en crecimiento. A esto se suman los productores de queso y otros lácteos, que podrían beneficiarse del aumento global en la demanda de este tipo de productos.
Cautelas en el campo y críticas al diseño del acuerdo
Pese a las oportunidades, las organizaciones agrarias mantienen una postura prudente. Desde el ámbito de las cooperativas agroalimentarias se advierte que los beneficios no serán inmediatos y que podrían tardar entre dos y cinco años en materializarse en los sectores más competitivos.
También existe preocupación por el posible aumento de importaciones desde Mercosur, lo que podría afectar a los productores europeos más vulnerables. En este contexto, se habla de incertidumbre e incluso de temor ante una eventual presión sobre los precios internos.
Algunos representantes del sector consideran que la agricultura no fue suficientemente tenida en cuenta durante las aciones. Si bien reconocen que el acuerdo puede ser positivo para la economía en general, advierten de que podría generar desequilibrios en un sector que ya enfrenta problemas estructurales como la falta de relevo generacional, la escasez de mano de obra y una regulación exigente.
Por ello, reclaman una aplicación ágil de las cláusulas de salvaguardia y un seguimiento riguroso por parte de la Comisión Europea para evitar impactos negativos a largo plazo.
Falta de consenso en Mercosur añade incertidumbre adicional
A las dudas del lado europeo se suma un elemento adicional de incertidumbre en América del Sur. A pocas horas de la entrada en vigor del acuerdo, los países de Mercosur no han logrado consensuar la distribución interna de las cuotas de exportación hacia la UE.
El ministro de Economía de Uruguay, Gabriel Oddone, ha reconocido que es “muy probable” que el plazo para alcanzar un acuerdo concluya sin resultados. Ante esta situación, todo apunta a que se aplicará también el criterio de “primer llegado, primer servido”, lo que podría generar una competencia directa entre los propios socios del bloque.
puerto EE.UU contenedores
Empresas europeas aceleran sus planes para aprovechar el sistema de cuotas basado en el “primer llegado, primer servido”.
Uruguay, por ejemplo, busca posicionar en el mercado europeo productos como carne bovina, arroz, cítricos, celulosa y lácteos. Sin un reparto acordado, la capacidad de reacción y la rapidez en los procedimientos técnicos serán determinantes para aprovechar las oportunidades del acuerdo.
Un equilibrio delicado en la balanza comercial
En términos comerciales, España parte de una situación de desventaja frente a Mercosur. Según datos de 2025, el país registra un déficit en el comercio de alimentos, bebidas y tabaco con importaciones que superan los 4.000 millones de euros, frente a exportaciones de poco más de 380 millones.
Entre los productos que España vende a Mercosur destacan el aceite de oliva y las frutas de hueso, mientras que las importaciones se centran en soja, café y crustáceos. Este desequilibrio refuerza la necesidad de que las empresas españolas aprovechen al máximo las nuevas condiciones comerciales.
En definitiva, el acuerdo UE-Mercosur arranca con un potencial transformador evidente, pero también con interrogantes significativos. Su éxito dependerá de la capacidad de adaptación de los sectores implicados, de la coordinación entre los países firmantes y de la implementación efectiva de mecanismos que garanticen una competencia equilibrada.
Fuente: EFEAgro con aportes de Redacción +P.