El Mar Rojo, epicentro de una crisis marítima
Los ataques a la navegación mercante en el Mar Rojo obligaron a muchos operadores a reconfigurar sus rutas, evitando el Canal de Suez y optando por el rodeo del continente africano a través del Cabo de Buena Esperanza. Esta región es notoriamente peligrosa desde el punto de vista meteorológico, debido a la convergencia de sistemas de baja presión que generan patrones de olas impredecibles y empinadas. Como resultado, se registró un incremento del 191% en los tránsitos marítimos en esta zona durante 2024.
La Autoridad Sudafricana de Seguridad Marítima (SAMSA) confirmó que aproximadamente 200 contenedores se perdieron únicamente en aguas del Cabo de Buena Esperanza, es decir, el 35% del total global. Tres incidentes significativos en esta área, con pérdidas individuales de 44, 46 y 99 contenedores respectivamente, dan cuenta de la intensidad de los desafíos enfrentados por los buques que atravesaron estas aguas turbulentas.
Aunque la cifra de 2024 es alarmante en comparación con el año anterior, el WSC subraya que aún representa una de las más bajas en la última década. A modo de referencia, en 2013 se registraron 5.578 contenedores perdidos, el peor año desde que se tienen registros. Otros años con pérdidas elevadas incluyen 2020 (3.924) y 2021 (2.301), ambos marcados por incidentes a gran escala y fallas estructurales.
El promedio móvil de tres años, que abarca el período 2022-2024, se sitúa en 489 contenedores perdidos anualmente, lo que representa una mejora considerable frente a los 1.061 registrados en el informe previo. Esta tendencia descendente, aunque interrumpida por picos puntuales, muestra un esfuerzo sostenido de la industria por mejorar las condiciones de seguridad.
La seguridad de los contenedores
El WSC insiste en que “cada contenedor que cae al mar es uno de más”. Para hacer frente a esta problemática, la industria promueve una colaboración más estrecha entre todos los actores involucrados en la cadena de suministro marítimo. Desde el operador del contenedor hasta el capitán del buque, pasando por el empacador, el transitario y el personal portuario, todos desempeñan un papel fundamental en la prevención de pérdidas.
Por ejemplo, los operadores deben garantizar que el contenedor esté limpio y estructuralmente apto. Los empacadores y expedidores deben seguir rigurosamente el Código CTU para asegurar la carga, y declarar correctamente el peso bruto verificado del contenedor. Las terminales y estibadores deben manejar los contenedores en función de su masa verificada, y los operadores de buques deben diseñar planes de estiba adecuados y mantener el equipo de sujeción en óptimas condiciones.
Asimismo, el Cargo Integrity Group, del cual el WSC es miembro fundador, ha difundido guías prácticas y listas de verificación para facilitar la correcta estiba y embalaje de los contenedores, una medida esencial para prevenir desplazamientos de carga en condiciones extremas.
Iniciativas regulatorias y tecnológicas
La creciente conciencia sobre la necesidad de mejorar la seguridad ha impulsado nuevas iniciativas dentro del sector marítimo. Una de las más relevantes es la introducción de informes obligatorios sobre contenedores perdidos, que serán requeridos a partir del 1 de enero de 2026, conforme a las enmiendas del Convenio SOLAS aprobadas por el Comité de Seguridad Marítima de la Organización Marítima Internacional (OMI).
Estas enmiendas, que afectan los Capítulos V, Regulaciones 31 y 32 del convenio, obligarán a todos los actores de la industria a reportar de manera detallada y oportuna cada contenedor perdido, lo que permitirá mejorar la seguridad de la navegación y mitigar los efectos ambientales derivados de estas pérdidas.
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La conciencia sobre la necesidad de mejorar la seguridad ha impulsado nuevas iniciativas dentro del sector marítimo.
Otra iniciativa destacada es el Proyecto TopTier, liderado por el Instituto Marítimo de Investigación de los Países Bajos (MARIN), con la participación de más de 40 partes interesadas, incluido el WSC. Lanzado en 2021, este proyecto ha desarrollado herramientas de capacitación, recomendaciones normativas y estándares técnicos para reducir las pérdidas de contenedores. Se espera que en septiembre se presente un informe final con recomendaciones dirigidas a la OMI y a la Organización Internacional de Normalización (ISO).
El WSC también ha colaborado con el National Cargo Bureau (NCB) en el desarrollo del Programa de Seguridad de la Carga, que tiene como objetivo prevenir incendios provocados por mercancías peligrosas mal o no declaradas. Utilizando inteligencia artificial y algoritmos de aprendizaje automático, el programa será capaz de evaluar millones de reservas de contenedores, detectando posibles riesgos antes del embarque.
Asimismo, ante una serie de incidentes vinculados al mal manejo del carbón como carga, la industria ha comenzado a aplicar de forma anticipada las regulaciones que entrarán en vigor en 2026. Estas medidas exigirán que todo embarque de carbón sea tratado como mercancía peligrosa bajo el Código IMDG, con requisitos estrictos de empaque, estiba y declaración.
Mirando al futuro
Pese al aumento puntual de contenedores perdidos en 2024, los líderes de la industria señalan que la tendencia a largo plazo sigue siendo positiva. No obstante, los recientes eventos dejan una lección clara: la resiliencia de la cadena de suministro marítima está intrínsecamente ligada a su capacidad para adaptarse a amenazas tanto naturales como humanas.
A medida que el comercio global continúa expandiéndose y los riesgos se vuelven más complejos, el compromiso con la seguridad, la transparencia y la cooperación internacional será más importante que nunca. La industria marítima enfrenta el desafío de garantizar que cada contenedor llegue a su destino de forma segura, incluso en los mares más turbulentos del mundo.