La pérdida directa: 160.000 euros en suelo, semillas, fertilizantes, mano de obra y otros costos. El resto lo cubrió con ahorros propios. "Claro que es malo", dijo D'haeyere. "Pero así es la vida".
Un símbolo nacional bajo presión
En Bélgica, las papas fritas no son un simple producto agrícola. Son identidad. Las friteries, esos puestos callejeros donde los belgas francófonos sirven conos de cartón repletos de frites bañadas en salsas como la andalouse —mayonesa con tomate y pimientos— o la dallas —cebolla frita, tomate y hierbas—, aparecen en casi cada plaza del país. La papa frita es, en muchos sentidos, el orgullo culinario más democrático de una nación que tomó ese alimento y lo convirtió en arte y en negocio global.
Ese negocio generó 3.300 millones de dólares en exportaciones de papas cocidas y congeladas solo en 2025, casi el triple de lo registrado una década antes, según la agencia de estadísticas de la Unión Europea.
Bélgica es, con ese volumen, el mayor exportador mundial de papas fritas congeladas. Y hoy ese liderazgo tambalea.
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na máquina empacadora de papas en la granja.
Kevin Faingnaert para The New York Times
La tormenta perfecta de 2026
El excedente que sufre Europa en 2026 no nació de una sola causa. Es el resultado de varias crisis que convergieron al mismo tiempo sobre el mismo cultivo.
Primero, el clima. Las condiciones meteorológicas favorables produjeron la mayor cosecha europea de papas en ocho años, con un excedente continental de cinco millones de toneladas métricas del tipo de papa utilizado para fritas. La oferta desbordó cualquier capacidad de absorción del mercado.
Segundo, los aranceles. La política comercial del gobierno de Donald Trump encareció las papas fritas europeas en Estados Unidos, que es el segundo mercado más importante para las exportaciones del continente después del Reino Unido. Las exportaciones de papas fritas congeladas de la Unión Europea a ese destino cayeron un 8% en los 12 meses concluidos el 28 de febrero de 2026, según la revista especializada World Potato Markets.
Tercero, el conflicto en Irán. La guerra elevó los precios de la energía y los fertilizantes, encareció la refrigeración y el transporte, y bloqueó el estrecho de Ormuz, impidiendo que los barcos con ingredientes fertilizantes salieran del golfo Pérsico. Ese bloqueo también cortó el acceso a mercados clave del Golfo Pérsico: Catar, los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, todos grandes consumidores de papas fritas congeladas. Las ventas a Arabia Saudita, el tercer mayor mercado para los productores europeos, ya cayeron un 11% en ese mismo período, y las estimaciones apuntan a una caída de dos dígitos desde el inicio de la guerra para el conjunto de Medio Oriente.
"Nos perjudica, sobre todo en un sector que tiene márgenes pequeños", resumió Christophe Vermeulen, director ejecutivo de Belgapom, la asociación belga de procesadores de papa.
El resultado de todo esto lo refleja un número tan elocuente como perturbador: el precio de una tonelada métrica de papas en el mercado al contado de Bélgica lleva meses exactamente en cero euros. Hace apenas tres años, ese mismo precio rondaba los 600 euros (690 dólares) por tonelada.
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Papas a la venta en un mercado de Halle, Bélgica.
Kevin Faingnaert para The New York Times
La competencia que viene del este
A los problemas inmediatos se suma una amenaza estructural de largo plazo. China, India y Egipto ingresaron recientemente al mercado global de papas fritas congeladas con precios significativamente más bajos que los europeos. Aunque su volumen exportado todavía representa menos del 10% de lo que exporta Europa, ese volumen se duplicó el año pasado respecto al anterior.
El analista Cedric Porter, editor de World Potato Markets, realizó una cata comparativa de papas fritas de Europa, China e India el año pasado. El resultado no dejó un ganador claro en términos de sabor. "Si tienes un restaurante con márgenes estrechos y quieres papas fritas", dijo Porter, "buscarás las de mejor relación calidad-precio". Esa lógica favorece a los nuevos competidores.
El agricultor Jean-Pierre Van Puymbrouck, de 52 años, propietario de una granja en Walhain y vicepresidente del gremio Belpotato, señala además una asimetría regulatoria que agrava la desventaja. Los productores europeos operan bajo normativas ambientales y fitosanitarias estrictas, mientras que productos químicos agrícolas prohibidos en Europa desde hace más de una década continúan autorizados en algunos países competidores. "Eso complica claramente la competencia leal", dijo. "Al exportar a otro país que no tiene las mismas limitaciones que nosotros, no estamos al mismo nivel".
Van Puymbrouck heredó la granja de sus padres y planea dejársela a su hija de 20 años. Aunque contratos plurianuales firmados por adelantado lo protegieron de la caída reciente en los precios, advierte que el excedente actual podría arrastrar los valores también para él en el futuro.
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Las existencias de papas de Van Puymbrouck.
Kevin Faingnaert para The New York Times
El cambio en los hábitos: de Ozempic a la ensalada
Más allá de las crisis coyunturales, la industria de la papa frita enfrenta una transformación en los patrones de consumo que puede resultar la más difícil de revertir. Los consumidores en todo el mundo están migrando hacia opciones más saludables, alejándose de los alimentos procesados y fritos.
En Estados Unidos, uno de cada ocho adultos declara tomar medicamentos GLP-1 para control de peso, como Ozempic y Wegovy. Estos fármacos no solo reducen la ingesta calórica general, sino que disminuyen el deseo específico por alimentos procesados y fritos. El efecto sobre la demanda de papas fritas, aunque difícil de cuantificar con precisión, es real.
La demanda global de papas fritas congeladas sigue creciendo, pero a una tasa del 2,5% anual, la mitad del ritmo del 5% registrado hace cinco años, según Porter.
En Europa, la inflación acelerada lleva a los consumidores a comer menos fuera de casa, el canal donde se consume la gran mayoría de las papas fritas. Niels van der Boom, analista de DCA Market Intelligence, confirma que esa tendencia presiona aún más los márgenes de una cadena ya al límite.
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Los cambios en los hábitos de alimentación y la exigencia de aperitivos más sanos han frenado las ventas mundiales de papas fritas.
Kevin Faingnaert para The New York Times
Menos hectáreas, más dudas
D'haeyere tomó decisiones concretas para la próxima temporada. Plantó apenas 7 hectáreas de papas, una fracción de las 28 hectáreas que habitualmente dedica a ese cultivo en su granja de 150 hectáreas. No es una apuesta: es una retirada ordenada.
En Alemania, otro productor con 4.000 toneladas sin salida organizó repartos gratuitos en Berlín, episodios que los berlineses bautizaron como "Kartoffel-Flut", inundación de papas. La imagen, casi surrealista, grafica mejor que cualquier estadística la magnitud del problema.
Kris D'haeyere mira todo esto con la lucidez seca de quien pasó décadas en el campo. No abriga ilusiones. "Creo que los años buenos han terminado", dijo, y dejó que el silencio del almacén vacío completara la frase.
FUENTE: New York Times con aportes de Redacción +P