No obstante, el dato también revela una realidad menos optimista: la producción final se ubicó un 7 % por debajo de la previsión inicial publicada en mayo de 2025. Esta diferencia refleja el impacto de factores adversos que se manifestaron a lo largo del ciclo agrícola.
Predominio de variedades tardías
El informe destaca que las variedades tardías lideraron la producción en Brasil. Entre ellas, Valencia y Folha Murcha sumaron 104 millones de cajas, consolidándose como las principales protagonistas de la temporada. En segundo lugar se ubicaron las naranjas Pera, con una producción de 87 millones de cajas.
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Aunque la producción creció con fuerza, quedó por debajo de las previsiones iniciales del sector.
Por su parte, las variedades tempranas —Hamlin, Westin y Rubi— alcanzaron en conjunto 46 millones de cajas, mientras que las naranjas Natal totalizaron 37 millones. Esta distribución evidencia una fuerte dependencia de las variedades tardías, que también fueron las más afectadas por las condiciones climáticas.
Clima adverso y enfermedades
Uno de los principales obstáculos para la producción fue el déficit hídrico. Durante el periodo comprendido entre mayo de 2025 y marzo de 2026, se registró una precipitación acumulada de 1.135 milímetros, lo que representó un 13 % menos que el promedio histórico. Esta falta de agua afectó especialmente el desarrollo de la fruta, reduciendo su tamaño y calidad.
A este problema se sumó la elevada tasa de caída de fruta, que alcanzó el 23 %, la más alta en las últimas once temporadas. Este fenómeno estuvo estrechamente relacionado con la propagación del enverdecimiento de los cítricos, conocido como Huanglongbing (HLB), una de las enfermedades más devastadoras para los cultivos citrícolas.
El HLB provocó pérdidas estimadas en un 56 % de la fruta afectada, lo que equivale a aproximadamente 49,6 millones de cajas. En total, la caída prematura de fruta generó pérdidas cercanas a los 88 millones de cajas, una cifra que evidencia la magnitud del problema sanitario.
Retrasos en la cosecha y menor tamaño
Otro factor que influyó en los resultados finales fue el ritmo más lento de la cosecha. Este retraso estuvo vinculado a una alta proporción de árboles con floración secundaria, así como a la estrategia de los productores de esperar una maduración óptima de la fruta.
Sin embargo, esta decisión expuso a los cultivos durante más tiempo a condiciones climáticas desfavorables, aumentando el riesgo de caída. Como consecuencia, también se observó una reducción en el tamaño promedio de las naranjas.
De acuerdo con el informe, una caja estándar de 90 libras contuvo en promedio 266 naranjas, frente a las 258 previstas inicialmente. Este incremento en el número de frutos por caja indica que las naranjas fueron más pequeñas de lo esperado.
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El aumento en la cosecha contrasta con problemas estructurales que siguen afectando al cultivo.
A pesar de los múltiples desafíos, las lluvias registradas a comienzos de 2026 brindaron cierto alivio a los productores. Estas precipitaciones favorecieron el crecimiento de las variedades tardías que aún permanecían en los árboles, permitiendo mitigar parcialmente los efectos negativos acumulados durante la temporada.
Perspectivas para el sector
El balance final de la campaña 2025-2026 muestra una recuperación en términos de volumen, pero también pone de relieve la vulnerabilidad del sector frente a factores climáticos y fitosanitarios. La expansión del HLB y la variabilidad climática continúan siendo amenazas clave que podrían comprometer la estabilidad productiva en el futuro.
En este contexto, los expertos coinciden en la necesidad de fortalecer las estrategias de manejo agrícola, invertir en investigación y desarrollar variedades más resistentes. Solo así Brasil podrá sostener su liderazgo en la producción mundial de naranjas y garantizar la competitividad de su industria citrícola en los próximos años.
Fuente: Fundecitrus con aportes de Redacción +P.