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China y EE. UU. pactan una tregua comercial de un año y suspenden sus tasas portuarias

El acuerdo alcanzado en Busan entre Xi Jinping y Donald Trump busca aliviar las tensiones bilaterales y estabilizar el comercio global.

En un paso decisivo hacia la distensión comercial, China y Estados Unidos anunciaron una reducción mutua de aranceles y la suspensión, por un año, de sus tasas portuarias recíprocas. El acuerdo, alcanzado tras una reunión entre el presidente chino Xi Jinping y el presidente estadounidense Donald Trump en la ciudad surcoreana de Busan el 30 de octubre, marca el primer avance tangible en meses dentro de una relación económica que había alcanzado su punto más tenso desde la guerra comercial iniciada en 2018.

Según informó un portavoz del Ministerio de Comercio de China, Washington decidió suspender por un año la aplicación de las medidas contempladas en la Sección 301 que afectaban a los sectores marítimo, logístico y de construcción naval chinos. En respuesta, Pekín accedió a eliminar temporalmente todos los aranceles de represalia impuestos sobre los productos estadounidenses.

La decisión representa una pausa significativa en una confrontación económica que se intensificó a partir del 4 de marzo de 2025, cuando Estados Unidos elevó sus aranceles a los productos chinos del 10 % al 20 %, con algunos bienes alcanzando tasas combinadas superiores al 40 %. La respuesta de China no tardó en llegar: impuso aranceles adicionales del 15 % al pollo, trigo, maíz y algodón estadounidenses, y del 10 % a productos como el sorgo, la soja, la carne de cerdo y de res, los mariscos, frutas, verduras y lácteos. Durante los seis meses siguientes, la dinámica de represalias mutuas contribuyó a un clima de incertidumbre global, afectando los mercados agrícolas y manufactureros en ambos países.

El acuerdo de Busan: concesiones y compromisos recíprocos

El llamado “Acuerdo de Busan” busca revertir esa tendencia y estabilizar las relaciones comerciales bilaterales. De acuerdo con el comunicado conjunto, China se comprometió a suspender no solo los aranceles de represalia, sino también las medidas no arancelarias impuestas desde marzo, así como a abrir nuevamente su mercado a las exportaciones agrícolas de Estados Unidos. Además, Pekín acordó reforzar el control del flujo de fentanilo y precursores químicos utilizados en la producción de drogas sintéticas, un tema de alta prioridad para Washington.

Entre las concesiones más notables, China también aceptó flexibilizar los controles a la exportación de tierras raras y minerales críticos —componentes esenciales para la industria tecnológica y de defensa— y reanudar el comercio de semiconductores, uno de los sectores más afectados por las tensiones. Asimismo, el gobierno chino pondrá fin a las investigaciones dirigidas contra empresas estadounidenses en sectores considerados estratégicos.

Por su parte, Estados Unidos reducirá ciertos aranceles a las importaciones chinas y mantendrá la suspensión de los aranceles elevados que se encontraban en vigor. El gobierno de Trump también prorrogó por un año la suspensión de varias medidas de la Sección 301, incluyendo las exclusiones arancelarias y los controles al usuario final, lo que beneficiará a fabricantes y exportadores chinos en el ámbito tecnológico e industrial.

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China flexibiliza controles a exportaciones de tierras raras tras nuevo pacto con EE. UU.

Como gesto de buena voluntad, China aprobó la importación de una amplia gama de productos agrícolas estadounidenses sin aranceles de represalia. Entre ellos figuran frutas como cerezas, manzanas, cítricos, arándanos, aguacates, ciruelas, uvas, peras, fresas y melocotones, así como frutos secos como almendras, nueces pecanas, pistachos, nueces de macadamia, avellanas y nueces comunes. Esta medida busca aliviar las pérdidas sufridas por los agricultores estadounidenses, quienes fueron uno de los sectores más golpeados por la guerra comercial.

Impacto global y perspectivas de estabilidad

Economistas internacionales han recibido el anuncio con cautela optimista. Para algunos analistas, la tregua de un año puede sentar las bases para una negociación más amplia que desemboque en un nuevo marco comercial entre las dos mayores economías del mundo. Otros, sin embargo, advierten que la suspensión es temporal y que las tensiones estructurales —como las disputas sobre tecnología, propiedad intelectual y subsidios industriales— aún están lejos de resolverse.

El acuerdo de Busan también tiene implicaciones globales. En los últimos meses, el aumento de los aranceles entre ambas potencias había afectado las cadenas de suministro internacionales, encareciendo los costos logísticos y reduciendo la confianza de los mercados. Con esta tregua, se espera que se estabilicen los precios de materias primas, productos agrícolas y componentes tecnológicos, además de mejorar las perspectivas para las economías emergentes que dependen del comercio con China y Estados Unidos.

Si bien el pacto no pone fin definitivo a la rivalidad económica, sí representa un respiro diplomático. Tanto Xi como Trump destacaron, en un comunicado conjunto, que el objetivo del acuerdo es “reconstruir la confianza mutua, promover un comercio justo y equilibrado y fortalecer la cooperación frente a los desafíos globales”.

De mantenerse el cumplimiento del acuerdo durante los próximos doce meses, analistas estiman que las exportaciones agrícolas estadounidenses podrían incrementarse hasta en un 25 %, mientras que las industrias chinas de alta tecnología recuperarían parte del acceso perdido a componentes y mercados estadounidenses.

Por ahora, la tregua comercial de Busan se perfila como un punto de inflexión: un intento de ambas potencias por reencauzar su relación y evitar que las tensiones económicas sigan socavando el crecimiento global.

Fuente: Agencias internacionales con el aporte de Redacción +P.