Este azúcar añadido se asocia con el aumento de triglicéridos, ganancia de peso y un mayor riesgo de diabetes tipo 2 u otros síndromes metabólicos. Este escándalo impulsó el debate sobre cómo los consumidores pueden identificar miel fraudulenta, y afortunadamente, hay métodos accesibles.
Bandera de alerta
El fraude ha alarmado a los consumidores, ya que muchas mieles no son puras: incorporan ingredientes artificiales como jarabes de maíz, arroz o caña de azúcar, mezclados con agua para imitar la textura.
Para detectarlas, los expertos y apicultores recomiendan examinar el etiquetado. Las mieles baratas suelen ser mezclas de flores de España y otros países, de las que conviene huir. Además, precios por debajo de 6 o 7 euros suelen indicar baja calidad.
Más allá del etiquetado, la nutricionista Rosana Carrión, en una aparición reciente en el programa 'Y ahora Sonsoles' de Antena 3, compartió trucos prácticos. Consumir miel fraudulenta implica perder antioxidantes y vitaminas presentes en la forma natural. Para verificarla:
- Prueba del agua: Vierte miel en un vaso de agua. Si cae sin diluirse, es pura; si se disuelve rápidamente, está adulterada.
- Prueba de la cerilla: Moja una cerilla en miel y trata de encenderla. Si arde, es pura; si no, contiene exceso de agua.
- Prueba de la mano: La miel pura permanece casi intacta en la piel sin sensación de humedad; la adulterada moja y deja pegajosa la mano.
- Prueba de la servilleta: La miel adulterada humedece la servilleta, mientras que la pura no.
Estos métodos simples empoderan a los consumidores en un mercado donde el fraude afecta al 51% de los productos, según el informe de la UE. Optar por miel pura no solo preserva sus beneficios saludables, sino que apoya a los apicultores locales en su lucha contra esta práctica ilegal.