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¿Cómo es la muralla vegetal de 8.000 km para frenar el desierto de Sahara?

Once naciones africanas luchan contra el avance del desierto con una gran muralla vegetal, enfrentando la corrupción como principal obstáculo.

El avance del desierto del Sahara sobre las zonas fértiles del continente africano es una de las consecuencias más devastadoras del cambio climático. Para combatirlo, once naciones se unieron en torno a un proyecto sin precedentes: la Gran Muralla Verde, una franja de vegetación de 8.000 kilómetros que se extiende desde Yibuti, en el este, hasta Senegal, en el extremo occidental del continente. Sin embargo, casi dos décadas después de su lanzamiento, la iniciativa muestra resultados muy por debajo de lo prometido.

La Gran Muralla Verde arrancó en 2007 con un objetivo claro: detener la degradación del suelo en la región del Sahel, la franja semiárida que actúa como zona de transición entre el Sahara y la sabana africana. Según datos de Naciones Unidas, esa área se seca a un ritmo acelerado y ya registra un aumento de temperatura de 1,5 °C por encima de la media global en el último siglo. Como consecuencia directa, la desertificación avanza entre 45 y 60 centímetros por año.

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La iniciativa surgió en 2005 tras una crisis ecológica y social en el Sahel producida por desertificación, deforestación y sequía.

Las metas fijadas para 2030 son de enorme escala: restaurar 100 millones de hectáreas de tierras degradadas, capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes en toda la región. En la cumbre de París de 2021, la Unión Europea, el Banco Mundial y la Unión Africana reforzaron su compromiso con el proyecto e inyectaron 14 millones de dólares adicionales para acelerar las plantaciones.

El fundamento de la iniciativa va más allá de lo ambiental. Una sola hectárea de tierra verde retiene hasta 500 toneladas de CO y puede alimentar a entre tres y cinco familias. En un contexto donde más de 135 millones de personas dependen actualmente de tierras degradadas para sobrevivir, recuperar el suelo fértil implica garantizar seguridad alimentaria, estabilidad económica y reducción de los flujos migratorios. De no revertirse la desertificación, se estima que antes de 2050 cerca de 250 millones de personas deberán abandonar sus hogares.

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La desertificación amenaza con desplazar a 250 millones de personas antes de 2050 en toda la región.

Avances desiguales

El progreso no fue uniforme. Algunos países lograron resultados destacables con métodos más económicos y adaptados al territorio. Etiopía, por ejemplo, restauró 15 millones de hectáreas sin recurrir masivamente a la plantación de árboles nuevos: optó por proteger y podar la vegetación de regeneración natural, al tiempo que combatió la tala ilegal. Esta técnica permite que las plantas desarrollen sistemas radiculares más profundos y resistan mejor las sequías.

Senegal, por su parte, lleva plantados 12 millones de árboles, mientras que Nigeria logró recuperar 5 millones de hectáreas en su frontera norte, lo que permitió a los agricultores locales asegurar terrenos productivos por más años. Estos casos son la excepción dentro de un panorama general que la Unión Africana calificó de insuficiente: hasta el momento, solo se completó el 18% de la Gran Muralla Verde.

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Etiopía restauró 15 millones de hectáreas cuidando la vegetación natural en lugar de plantar nuevos árboles.

La sombra de la corrupción

El mayor obstáculo no resultó ser el clima ni la geografía, sino la gestión de los recursos. Según la agencia de noticias NPR, dieciocho años después del inicio del plan, solo se consiguió plantar un puñado de hectáreas en relación con la escala prometida. El proyecto acumuló un presupuesto total de 31.000 millones de dólares, pero esa cifra no se tradujo en resultados tangibles sobre el terreno.

Miles de millones de dólares aportados por organismos internacionales se perdieron en redes de corrupción y en la inestabilidad política generada por sucesivos golpes de Estado en varios de los países involucrados. Hoy, en muchas comunidades, las plantas que llegaron a establecerse se marchitan por falta de mantenimiento: no hay presupuesto para bombas de agua ni para sostener la maquinaria de riego. El resultado es un efecto dominó que deja a millones de familias en una situación de extrema vulnerabilidad.

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La Gran Muralla Verde recorre 8.000 km desde Senegal hasta Yibuti para frenar el avance del Sahara.

Un modelo que el mundo observa

A pesar de sus dificultades, la Gran Muralla Verde generó interés más allá de África. China tomó el concepto como referencia para desarrollar su propio megabosque artificial, orientado a contener el avance del desierto de Gobi en su territorio. Este tipo de iniciativas confirma que la reforestación a gran escala es reconocida globalmente como una herramienta clave frente al cambio climático.

El desafío para los próximos cuatro años es enorme. Completar el 82% restante del proyecto en tiempo y forma exige no solo financiamiento, sino también transparencia en su ejecución, gobernanza estable y tecnología adaptada a las condiciones locales. La Gran Muralla Verde sigue en pie como símbolo de voluntad colectiva, pero su legado real dependerá de la capacidad de convertir compromisos en árboles vivos.

FUENTE: grandemurailleverte.org