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Epicentro en las praderas canadienses. Las provincias de Alberta, Saskatchewan y Manitoba contienen el núcleo poblacional de los supercerdos, representando el 99 % de las detecciones en todo el país. Fuente: ABC
Los supercerdos han desarrollado una capacidad de adaptación inusual. En regiones donde el invierno alcanza los -50 °C, excavan túneles de hasta dos metros en la nieve y modifican su dieta para sobrevivir con raíces de Typha, planta que también utilizan para aislar sus madrigueras. Además, su inteligencia y movilidad dificultan la caza, mientras que su alta tasa reproductiva acelera la invasión.
El costo económico y ambiental
Según datos oficiales, los daños provocados por estos animales ascienden a 1.500 millones de dólares anuales en Norteamérica. No se trata solo de cosechas devastadas; también desplazan a especies nativas, depredan sobre fauna menor e incluso ciervos jóvenes, destruyen nidos y alteran humedales.
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Suponen una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la salud humana. Foto: canadainvasives.ca
Michael Marlow, de la Oficina Nacional de Gestión de Daños Porcinos del Departamento de Agricultura de EE.UU., advierte que el problema va más allá de lo ambiental: “Suponen una amenaza directa para la seguridad alimentaria y la salud humana”. Entre los riesgos, se incluyen la contaminación de fuentes de agua y la transmisión de enfermedades como gripe porcina y rabia.
Los intentos de contención se ven frustrados por su capacidad para cambiar hábitos: bajo presión de caza, se vuelven nocturnos y se esconden en bosques densos o humedales. Ryan Brook, de la Universidad de Saskatchewan, los califica como “el peor mamífero invasivo del planeta” y reconoce que las oportunidades para su erradicación probablemente se perdieron hace más de una década.
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El avance de los supercerdos representa un riesgo económico creciente. Foto: canadainvasives.ca
Para el sector agropecuario, el avance de los supercerdos representa un riesgo económico creciente, con proyecciones de pérdidas acumuladas si no se implementan medidas coordinadas binacionales. La ausencia de un plan integral de control podría trasladar la presión económica al consumidor final, encareciendo ciertos alimentos y afectando la balanza comercial agrícola.
La conclusión de los especialistas es clara: sin acción inmediata y conjunta entre Canadá y EE.UU., los supercerdos no solo consolidarán su territorio, sino que podrían convertirse en un factor estructural de pérdida económica y degradación ambiental para las próximas décadas.