Todavía no trascendió e tipo de carga, aunque no se descarta que entre los miles de contenedores que transportaba existan alimentos perecederos, como pueden ser las frutas.
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Ubicación aproximada del Maersk Sana.
La nave, construida en 2004, se mantiene inmovilizada en una zona considerada segura del Atlántico. En un comunicado emitido el 4 de mayo, la naviera danesa Maersk informó que un remolcador especializado se encuentra en ruta hacia el lugar, con la expectativa de alcanzar al buque en los próximos días. Esto marcará casi dos semanas desde que el Maersk Sana quedó sin propulsión activa tras el estallido.
Investigación en curso y respuesta de Maersk
Hasta el momento, no se ha determinado con exactitud qué provocó la explosión. La compañía ha iniciado una investigación interna para identificar la causa del incidente y determinar posibles fallas mecánicas o humanas. "La seguridad de nuestra tripulación es nuestra principal prioridad, y aprovecharemos esta experiencia para reforzar nuestros protocolos operacionales y evitar que algo similar vuelva a ocurrir", señaló Maersk a través de su vocero oficial.
Además de las acciones de emergencia y la investigación técnica, la empresa se encuentra en contacto con los clientes afectados por el retraso en la entrega de mercancías. Muchos de los contenedores a bordo del Maersk Sana transportan bienes esenciales o perecederos, por lo que se están evaluando rutas y soluciones alternativas dentro del marco de la Gemini Alliance, alianza estratégica entre Maersk y Hapag-Lloyd.
Este nuevo incidente evidencia una vez más los riesgos inherentes al comercio marítimo internacional, incluso cuando se cumplen los estándares de mantenimiento e inspección. El buque había sido inspeccionado pocas semanas antes por la Guardia Costera de Estados Unidos, sin observaciones relevantes, lo que resalta la dificultad de prever ciertos tipos de fallas técnicas severas.
El caso del Maersk Sana no es un hecho aislado. En marzo de este mismo año, el buque Maersk Saltoro también sufrió una emergencia grave tras una rotura en su sistema de propulsión mientras navegaba por aguas de Micronesia. A raíz del fallo mecánico, la embarcación quedó a la deriva y, posteriormente, se declaró pérdida total tras fracasar los intentos de remolque. La nave transportaba más de 1.300 contenedores, lo que representó pérdidas multimillonarias tanto para la naviera como para los clientes afectados, incluyendo cargamentos de productos electrónicos, alimentos y componentes industriales.
Estos eventos recientes, ambos protagonizados por embarcaciones operadas por Maersk, subrayan los desafíos crecientes que enfrenta la industria marítima para garantizar la fiabilidad de las operaciones ante un entorno cada vez más exigente.
Perspectivas y desafíos del sector
En un contexto global marcado por tensiones logísticas —provocadas por fenómenos climáticos extremos, conflictos geopolíticos, interrupciones en canales estratégicos y escasez de personal marítimo calificado—, estos incidentes aumentan la presión sobre las cadenas de suministro. Analistas coinciden en que los casos del Maersk Sana y el Maersk Saltoro podrían reactivar discusiones sobre la resiliencia del transporte oceánico, la inversión en mantenimiento predictivo y la implementación de sistemas avanzados de monitoreo técnico.
Mientras tanto, el equipo médico que atendió a los tripulantes del Sana monitorea de cerca la evolución del tercer afectado, cuya identidad no ha sido revelada por motivos de privacidad. La industria, por su parte, vuelve a encarar una reflexión crítica sobre los estándares actuales de seguridad y respuesta ante emergencias en alta mar.
Fuente: Más Containers con aportes de Redacción +P.