Por qué la diversidad de verduras derrota a la obesidad mejor (y más rápido) que cualquier dieta
¿Sabías que billones de bacterias en tu intestino deciden si engordas o no? Un mapa revolucionario con 34.000 personas demuestra que la clave no es comer menos, sino variar
Nicola Segata, investigador de 43 años en la Universidad de Trento (Italia), lidera uno de los laboratorios punteros en computación del microbioma humano. Su equipo acaba de publicar en Nature el análisis más detallado hasta la fecha: datos de 34.000 personas que conectan patrones alimentarios, composición microbiana intestinal y marcadores de salud como índice de masa corporal (IMC), glucosa en sangre y riesgo cardiovascular.
Los resultados confirman que las personas con menor obesidad y mejores parámetros metabólicos presentan mayor abundancia de especies bacterianas favorables y menor presencia de las perjudiciales. Muchas de estas bacterias “buenas” permanecen sin nombre y nunca se han cultivado en laboratorio, lo que abre la puerta a una futura nutrición de precisión basada en evidencia científica sólida.
A continuación la entrevista exclusiva a Nicola Segata publicada por el diario El País:
Su último estudio revela lagunas enormes en el conocimiento del microbioma, pero el mercado inunda con probióticos y productos “microbiota-friendly”. ¿Tenemos bases suficientes para aplicar esto en medicina? El campo avanza rápido en composición y función, aunque desconocemos especies enteras y la mayoría de funciones de las conocidas. No necesitamos entenderlo todo para aplicarlo clínicamente. El trasplante fecal cura infecciones graves sin que sepamos exactamente por qué funciona, igual que ocurrió históricamente con muchos tratamientos exitosos.
Encuentran que más bacterias nocivas correlacionan con mayor IMC. ¿Qué viene primero: la mala microbiota o la obesidad? Formamos un sistema inseparable: células humanas y microbioma interactúan constantemente. La dieta afecta ambos simultáneamente, por lo que separar causa-efecto resulta complejo. Un caso claro lo publicamos sobre el café y Lawsonibacter asaccharolyticus: al cultivarla in vitro crece mucho mejor con café, demostrando causalidad directa. Con la mayoría de alimentos esto no es posible; solo observamos asociaciones fuertes.
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El investigador Nicola Segata, en su laboratorio de la Universidad de Trento, en Italia.Federico Nardelli/UniTrento
¿Existen alimentos saludables que, paradójicamente, alimentan bacterias negativas? No existe una dieta universal óptima desde el punto de vista microbiano. El mismo alimento genera respuestas distintas según la microbiota previa del individuo y las variantes genéticas de las propias bacterias. Una especie beneficiosa en una persona puede resultar neutra o ligeramente negativa en otra.
¿Llegaremos a dietas 100% personalizadas gracias a estos datos? Ese constituye el objetivo final. Sin embargo, la personalización solo marca diferencia cuando la dieta base ya resulta saludable. Entre dos personas con alimentación correcta, ajustar según su microbioma sí genera ventaja significativa. Quien consume comida rápida diaria necesita primero cambiar el patrón general; después llegará la optimización.
¿Funcionan realmente los probióticos comerciales? Distinguimos prebióticos (fibras que alimentan bacterias buenas) de probióticos (microorganismos vivos). Los primeros modifican la microbiota existente; los segundos intentan colonizar. Muchos probióticos actuales mueren al llegar al intestino. Las nuevas generaciones —bacterias ya presentes en humanos— ofrecen mayor potencial, pero requieren estricta regulación. Modificar la microbiota mediante alimentos ricos en prebióticos (verduras, fermentados, lácteos) resulta más sencillo, seguro y efectivo a medio plazo.
Parte de nuestra microbiota se transmite socialmente. ¿Basta con decisiones individuales o hacen falta políticas poblacionales? Los microbios viajan entre personas, igual que los virus. Compartimos bacterias beneficiosas con familia y amigos. Los alimentos fermentados aportan también microorganismos vivos. Sin embargo, cuantificamos que el impacto de la dieta supera con creces al de las interacciones sociales en el riesgo metabólico.
¿Cuál ha sido el hallazgo menos intuitivo del estudio? El factor alimentario con mayor efecto positivo no radica en la cantidad absoluta de verduras saludables, sino en la diversidad diaria de tipos diferentes. Resulta más beneficioso consumir pequeñas porciones de 8-10 verduras distintas que grandes cantidades de solo dos o tres. Cada verdura estimula grupos microbianos diferentes; la variedad genera una microbiota más rica y resiliente, clave para proteger contra obesidad y enfermedades metabólicas.
Este trabajo con 34.000 individuos consolida que la epidemia de obesidad —que duplicó su prevalencia desde 1980 en muchos países— no se explica solo por calorías o ejercicio. El microbioma intestinal emerge como pieza central. Cambiarlo pasa, sobre todo, por ampliar el abanico vegetal diario y, en un futuro cercano, por intervenciones personalizadas basadas en secuenciación accesible.