Esta exhortación surge días después de que Trump sugiriera adquirir carne argentina para atenuar los altos costos del producto en EE.UU., que han alcanzado récords históricos debido a sequías y reducción de rebaños. Según datos del Bureau of Labor Statistics, el precio de la carne de res es el más elevado en 75 años, impulsado por un rodeo ganadero en mínimos históricos y una demanda interna robusta.
El contexto: Apoyo a Argentina como "aliado estratégico"
La propuesta no solo busca estabilizar los precios internos, sino también fortalecer lazos con Argentina, calificada por Trump como un "muy buen aliado". El presidente destacó un reciente acuerdo económico por valor de 20.000 millones de dólares, destinado a apuntalar la economía austral en medio de sus desafíos. "De esta manera ayudaríamos al país", enfatizó, posicionando la importación como un gesto de solidaridad que beneficiaría a ambos mercados.
Expertos en comercio agropecuario señalan que esta movida contradice el mantra "América Primero" de Trump, quien durante su primer mandato elevó aranceles para resguardar la industria local. Sin embargo, con la inflación persistente, la Casa Blanca explora opciones para inyectar oferta competitiva, potencialmente elevando las importaciones proyectadas de 2,35 millones de toneladas en 2025, un 11,9% más que en 2024.
Rechazo férreo de la industria ganadera de EEUU
La respuesta del sector no se hizo esperar. La Asociación Nacional de Ganaderos (NCBA), principal gremio del rubro, rechazó categóricamente la idea este martes, exigiendo al presidente y al Congreso que cesen de "intervenir" en el mercado. En un comunicado, la NCBA instó: "Hacemos un llamamiento al presidente Trump y a los miembros del Congreso para que dejen que el mercado funcione, en lugar de intervenir de formas que no hacen más que perjudicar a las zonas rurales de Estados Unidos".
El director ejecutivo de la asociación, Colin Woodall, fue aún más tajante: "El plan solo crea caos y no aporta nada para reducir los precios de la carne de res en EE.UU.". Woodall subrayó la relación comercial "profundamente desequilibrada" entre ambos países, citando diferencias en ventas de carne y los "antecedentes de fiebre aftosa" en Argentina. "Si se introdujera en Estados Unidos, podría devastar nuestra producción ganadera nacional", advirtió, evocando riesgos sanitarios que podrían propagar enfermedades y colapsar el sector.
Pese a reconocer el alza de precios, la NCBA defendió la solidez del mercado interno: "La demanda de los consumidores sigue siendo fuerte gracias al trabajo realizado por los ganaderos estadounidenses para mejorar la calidad y la seguridad de la carne de res de EE.UU.". Líderes como Justin Tupper, presidente de la Asociación de Ganaderos, tildaron la propuesta de "idea horrible", argumentando que la carne importada carece de las garantías de trazabilidad y estándares que distinguen al producto nacional.
Implicaciones para el comercio bilateral y el mercado global
Esta pugna expone las fisuras en la política agropecuaria de Trump: mientras sus aranceles previos revitalizaron al sector, la apertura selectiva a aliados como Argentina podría erosionar la confianza rural, clave en estados agrícolas pivotales. Para el mercado argentino, representa una oportunidad de exportación en un contexto de recuperación económica post-Milei, pero con riesgos de represalias sanitarias o arancelarias.
Analistas prevén que el debate escalará en el Congreso, donde republicanos rurales presionan por proteccionismo. Mientras tanto, consumidores estadounidenses aplauden la potencial baja de precios, pero el equilibrio entre inflación, seguridad alimentaria y soberanía productiva pende de un hilo. ¿Triunfará el consumidor o el ganadero? El desenlace definirá el futuro del comercio cárnico transatlántico.
Fuente: EfeAgro con aportes de +P