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Murió José Mastellone días después de vender La Serenísima

Vendió la empresa familiar y murió días después. José Mastellone cerró un ciclo de casi un siglo con su último acto y su último aliento.

José Mastellone, último hijo del fundador de La Serenísima, falleció esta semana, apenas unos días después de concretarse la venta de la emblemática firma láctea al conglomerado formado por Danone y Arcor. La noticia se conoció el martes y enlutó a la planta de General Rodríguez, donde sus trabajadores y excompañeros lo despidieron con profundo dolor.

Según el sitio EDairyNews, especializado en la industria láctea, el deceso ocurrió el día lunes. "Esperó la última firma y se fue", declaró un allegado a la familia, una frase que resume con precisión el peso simbólico de sus últimas semanas de vida.

José era hijo de Antonio Mastellone y Teresa Aiello, matrimonio italiano que fundó la empresa en octubre de 1929 en General Rodríguez, provincia de Buenos Aires. Junto a su hermano Pascual, fueron quienes transformaron un pequeño emprendimiento familiar —que elaboraba ricota, mozzarella y quesos frescos— en la principal empresa láctea de la Argentina. Antonio vendía sus productos en la zona del puerto y en San Telmo, adonde llegaba en tren todos los días.

Una venta que puso fin a 96 años de historia familiar

La operación que transfirió el control total de Mastellone Hermanos a Danone y Arcor se concretó hace poco menos de un mes, tras más de un año de intensas negociaciones. Danone y Arcor ya poseían el 49% del paquete accionario de la compañía y adquirieron el 51,1% restante, que hasta entonces permanecía en manos de la familia fundadora y del fondo Dallpoint Investments LLC.

El proceso estuvo lejos de ser sencillo. La diferencia en la valuación de la compañía generó una disputa que casi termina en la justicia: mientras los vendedores aspiraban a 250 millones de dólares por su participación, la oferta inicial de los compradores no superaba los 40 millones. Esta brecha, considerada enorme por fuentes cercanas a las negociaciones, mantuvo en suspenso el desenlace durante meses e incluso abrió la posibilidad de litigios en Argentina y España, ya que el contrato se encuentra bajo jurisdicción española.

La resolución del conflicto permitió cerrar un ciclo de casi 96 años de propiedad familiar, consolidando una nueva etapa bajo conducción corporativa de alcance global.

El hombre detrás de la marca

José fue el menor de cuatro hermanos varones, todos dedicados en cuerpo y alma a la empresa. Era conocido por su trato cercano y directo con los trabajadores de la planta, y por su pasión por los caballos. En el perfil de Facebook de ATE General Rodríguez, exempleados lo recordaron con afecto y admiración.

"Conocí al señor en la parte de cinta de producción. Un ejemplo de trabajo a la par de sus empleados. Estaba en cada detalle de higiene, un avanzado para la época", escribió una exempleada. Otro trabajador lo evocó con simpleza: "Trabajé 16 años en La Serenísima. José andaba todo el día de ropa grasa azul, paseaba y saludaba a toda la fábrica".

Esa imagen —un propietario que recorría su planta con la ropa de trabajo puesta— resume la filosofía que guió a la familia Mastellone durante casi un siglo al frente de la compañía.

Un legado que trasciende la producción láctea

La marca La Serenísima era, hasta la reciente integración, gestionada de forma compartida entre Mastellone y Danone. La primera administraba el portafolio de leches fluidas, quesos duros y semiduros, mientras que la segunda gestionaba los quesos blandos, yogures y postres bajo la misma marca, a través de acuerdos de licencia. La integración total de estas operaciones —conocida internamente como "La Serenísima unida"— es el próximo paso estratégico de las compañías adquirientes.

Danone y Arcor expresaron sus condolencias públicamente a través de avisos fúnebres publicados en los principales diarios del país. En ellos despidieron a "don José" como "un pilar fundamental para el desarrollo" de la compañía, y destacaron que "su aporte ha sido invalorable y un ejemplo de trabajo para las futuras generaciones".

El cierre de un ciclo

La muerte de José Mastellone no es solo una noticia empresarial. Es el punto final de una historia que comenzó con un inmigrante italiano vendiendo quesos en tren y terminó con una de las marcas más reconocidas de la Argentina en manos de dos de los grupos alimentarios más grandes del mundo.

El sector lácteo argentino atraviesa hoy una etapa marcada por la caída del consumo interno, el aumento de los costos de producción y la creciente presión de marcas de segunda línea. En ese contexto, la concentración del mercado en grandes estructuras corporativas parece inevitable. La Serenísima, símbolo de calidad y confianza para generaciones de argentinos, se prepara para reinventarse bajo una nueva conducción —sin los Mastellone por primera vez en su historia.

FUENTE: Medios nacionales con aportes de Redacción +P