Presupuesto 2026: la apuesta de Javier Milei por un orden fiscal y confianza del mercado
Con el peronismo dividido y el gasto bajo control, Milei logró sancionar su Presupuesto. Pero inflación, dólar y crecimiento vuelven a encender el debate.
En una jornada parlamentaria tan extensa como cargada de tensión política, el Senado de la Nación sancionó finalmente el Presupuesto 2026, la primera “ley de leyes” de la era Javier Milei. Con 46 votos afirmativos, 25 negativos y una abstención, el oficialismo logró sortear uno de los desafíos institucionales más importantes desde el inicio de su gestión: dotar al país de un marco presupuestario luego de tres años sin una norma rectora que ordene las cuentas públicas.
El resultado no fue casual ni automático. La sesión mantuvo al Gobierno en vilo hasta el momento mismo de la votación, atravesada por negociaciones contrarreloj encabezadas por el ministro del Interior, Diego Santilli, cuyo principal objetivo fue evitar cualquier modificación al texto aprobado en Diputados. La consigna era clara: no permitir que el proyecto regresara a la Cámara baja y se reabriera un proceso legislativo que podía derivar en concesiones fiscales incompatibles con el relato libertario del déficit cero.
Uno de los datos políticos más relevantes de la jornada fue la fractura del interbloque peronista Popular, conducido por José Mayans. La división al momento de la votación en general evidenció no solo las tensiones internas del principal espacio opositor, sino también la dificultad creciente del peronismo para articular una estrategia unificada frente a un oficialismo que, aun en minoría parlamentaria, logró imponer agenda, tiempos y prioridades.
Mientras tanto, gran parte del Gabinete siguió la sesión desde los palcos del Congreso. La imagen de ministros atentos a cada discurso, a cada movimiento en el recinto, fue una postal elocuente de la importancia que el Gobierno asignó a esta votación. Pasadas las 21 horas de ese viernes, el oficialismo pudo anotarse un triunfo político indiscutible: el Senado había sancionado el Presupuesto 2026.
En la Quinta de Olivos, la celebración fue intensa. No era para menos. Por un lado, el Gobierno consiguió lo que ninguna administración había logrado en los últimos tres años: un presupuesto aprobado por el Congreso. Por otro, lo hizo bajo sus propios términos, con un texto que consagra el déficit cero como principio rector y que refleja, al menos en el plano formal, una correspondencia entre los recursos del Estado y lo que la economía puede generar, según las proyecciones oficiales.
El presidente Javier Milei monitoreó la sesión desde Olivos y se mostró particularmente activo en redes sociales a lo largo de la tarde. Fiel a su estilo, el mandatario combinó épica reformista con tono confrontativo. “Abróchense los cinturones porque va a haber más reformas”, escribió al retuitear un mensaje de Patricia Bullrich. Y agregó: “Hoy, un 26 de diciembre, sesionando para sacar el primer Presupuesto con déficit cero de la historia”. La frase sintetiza el núcleo del discurso libertario: austeridad, orden fiscal y una narrativa de gesta frente a un sistema político al que Milei considera responsable del colapso económico.
La ley de leyes vuelve así a colocar el equilibrio de las cuentas públicas en el centro de la escena. El oficialismo ratificó que no habrá déficit fiscal y que el resultado financiero será consistente con la estrategia de ordenamiento macroeconómico que el Ejecutivo impulsa desde el primer día de gestión. Desde el Gobierno remarcaron, además, que el proyecto aprobado en el Senado no incorporó ninguna modificación respecto del texto que había salido de Diputados. “No se cambió ni una coma”, repitieron fuentes oficiales durante el tratamiento legislativo, descartando negociaciones de último momento que alteraran las metas fiscales.
Presupuesto santilli
Con Diego Santilli y los Menem siguiendo la sesión desde los balcones del Congreso, el oficialismo logró aprobar el Presupuesto 2026 y consolidar el déficit cero como eje del modelo.
La iniciativa consolida una política de fuerte contención del gasto público y mantiene límites estrictos a la expansión presupuestaria. El mensaje es claro: no habrá margen para desvíos discrecionales ni para políticas expansivas que comprometan el equilibrio prometido. Al mismo tiempo, el Presupuesto contempla mecanismos de reasignación de partidas dentro de ciertos límites, con el objetivo de otorgar flexibilidad a la administración nacional frente a contingencias. Desde el Ejecutivo insisten en que estas facultades no implican un aumento del gasto total, sino una redistribución interna de recursos ya aprobados. “El gasto está cerrado”, fue una de las frases más repetidas durante el debate.
El triunfo político para el Gobierno es innegable. Pero la sesión dejó otro dato relevante: el Senado también convirtió en ley el proyecto de Inocencia Fiscal, una iniciativa clave del mileísmo para redefinir el vínculo entre el Estado y los contribuyentes y promover el uso de los llamados “dólares del colchón”. Aunque en la discusión pública se lo asocia con un blanqueo de capitales, el proyecto no establece formalmente un nuevo régimen de exteriorización ni modifica la estructura impositiva vigente. Su objetivo central es permitir que los argentinos utilicen ahorros de hasta 100 millones de pesos sin el riesgo de ser perseguidos por el fisco.
Optimismo oficial y dudas del mercado
El Presupuesto 2026, sin embargo, no se limita a la asignación de gastos y recursos. Con un articulado extenso, fija las principales pautas de la política fiscal, financiera y presupuestaria para el próximo ejercicio. Y es allí donde comienzan a aparecer las tensiones entre el optimismo oficial y las proyecciones de buena parte de los economistas.
Uno de los indicadores más discutidos es el nivel de actividad económica. Según el Ejecutivo, el Producto Bruto Interno crecerá un 5% en 2026. La cifra contrasta con las estimaciones de organismos internacionales y consultoras privadas, que ubican el crecimiento en torno al 4%. Más allá de la diferencia puntual, lo relevante es el cambio de tendencia: después de años de estancamiento y recesión, la economía volvería a crecer. Claro que lejos de la exuberancia que el propio Milei prometía a comienzos de año, cuando hablaba, con su habitual estilo provocador, de un crecimiento impulsado por un “pedo de buzo”.
Aún más polémica resulta la proyección inflacionaria. El Presupuesto estima una inflación anual del 10,1% para 2026, una cifra que muchos analistas consideran poco realista. Las proyecciones privadas oscilan entre el 22% y el 28%, aunque reconocen una clara tendencia a la desaceleración respecto de 2025. Existe optimismo por la baja de la inflación, pero también cautela ante los desafíos que se avecinan: ajustes cambiarios, reformas estructurales pendientes y la capacidad política del Gobierno para sostener el rumbo.
En este contexto, la inflación prevista en el Presupuesto parece más un deseo del Ejecutivo que un reflejo fiel de la realidad esperada. Algo similar ocurre con el tipo de cambio. El proyecto prevé que el dólar mayorista alcance los 1.423 pesos en diciembre de 2026, una cifra llamativa si se tiene en cuenta que la cotización actual ya ronda los 1.453 pesos. Desde el entorno del ministro de Economía, Luis Caputo, explican que el Presupuesto es una herramienta de proyección de tendencias, no una foto rígida del futuro, y que esas variables pueden modificarse según el contexto.
Caputo y su equipo apuestan a que la llegada de dólares al mercado, producto de las reformas y de la profundización del modelo, genere presiones a la baja sobre la cotización. En ese marco se inscribe la Ley de Inocencia Fiscal. Según estimaciones oficiales, existirían unos 200.000 millones de dólares fuera del sistema en manos de personas con ahorros menores a los 100.000 dólares. La expectativa es que, si una pequeña parte de esos fondos ingresa al circuito formal, podría impactar significativamente en el mercado cambiario. El antecedente inmediato es el último blanqueo impulsado por el propio Milei, que permitió el ingreso de unos 20.000 millones de dólares y contribuyó a mantener contenido el dólar.
Milei con caputo
El Gobierno celebró el déficit cero, pero el Presupuesto se apoya en supuestos económicos que difícilmente resistan la realidad de 2026.
A esto se suma el optimismo respecto al Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI). Desde el Ministerio de Economía aseguran que sus efectos comenzarán a materializarse a partir de 2026, con un aporte relevante de divisas.
Sin embargo, más allá del entusiasmo oficial, resulta como mínimo extraño pensar que el dólar pueda ubicarse por debajo de los niveles actuales en los próximos doce meses, especialmente considerando que a partir del 1 de enero de 2026 el tipo de cambio dejará de ajustarse a un 1% mensual fijo y comenzará a evolucionar según la inflación del INDEC. Este cambio introduce mayor flexibilidad, permite al Banco Central acumular reservas y reduce el riesgo de apreciación cambiaria, pero también abre interrogantes sobre la estabilidad del esquema.
Finalmente, la Ley de Inocencia Fiscal plantea un debate de fondo. Si bien se presenta como un incentivo para blanquear ahorros no declarados y dinamizar la economía, también genera una clara asimetría respecto de aquellos contribuyentes que cumplieron con sus obligaciones en tiempo y forma. El efecto sobre los “dólares del colchón” es indirecto: al eliminar la obligación de declarar la evolución patrimonial en el régimen simplificado y restringir el uso de presunciones automáticas, se reduce el riesgo de fiscalizaciones por incrementos patrimoniales sin justificación. Para algunos, se trata de una señal de pragmatismo; para otros, de una injusticia fiscal.
En definitiva, el Gobierno de Javier Milei logró marcar un rumbo. El Presupuesto 2026 es una pieza clave de ese camino: orden fiscal, déficit cero y una apuesta fuerte a la confianza del mercado. Pero también expone las inconsistencias entre el discurso y la ejecución, entre las proyecciones oficiales y las advertencias de los especialistas. La Argentina entra en un nuevo año con una hoja de ruta definida, aunque plagada de interrogantes. El tiempo dirá si el equilibrio prometido logra sostenerse más allá de la épica y las redes sociales.