Bodega Lavyd: El fenómeno de los vinos de garage que oxigena la vitivinicultura en Viedma
¿Se puede hacer vino de alta calidad en plena ciudad? Conocé a Lavyd, la bodega de garage que desafía la crisis y rescata el terroir del Valle Inferior rionegrino.
Cuando decimos "bodega" —aunque las resignificaciones pueden ser infinitas— pensamos en barricas, viñedos, sombreros y tanques dentro de grandes estructuras. Pero si decimos "bodega urbana", las imágenes en nuestra cabeza se achican y se disparan escenas de cemento, casas, plazas con palomas, luces y asfalto.
¿Y si decimos garage? Entonces hablamos de pequeñas partidas de vinos con una identidad definida. En la ciudad de Viedma, Janet Volponi y Ahmed Direne producen vinos artesanales en familia con una impronta moderna. Bodega Lavyd (un acrónimo de los apellidos de ambos) elabora pequeñas partidas de diferentes varietales, vinos jóvenes y vermut.
La vid se presenta como el eje rector de esta pareja de treintañeros que, además de hacer vinos, atienden su propia vinoteca, asisten a ferias y organizan catas mientras estudian y trabajan en otros rubros.
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Vendimia 2026: la bodega proyecta alcanzar una producción de dos mil litros de vino artesanal.
Un legado que se profesionaliza
El proyecto se inició tres décadas atrás en la familia de Janet. Su padre, Cacho Volponi —un reconocido comerciante de la ciudad—, elaboraba de forma casera vinos para consumo familiar en una pequeña habitación de su casa. Con los años, se profesionalizaron. No cambiaron la urbanidad ni la pequeña estructura en la que trabajan, pero sí se abrieron al mercado.
Hoy vinifican cuatro mil kilos de uva y estiman producir dos mil litros en esta vendimia 2026.
“Cuando nos pusimos en pareja, empecé a interesarme y a estudiar. A partir de eso pudimos ir dándole una vuelta de tuerca mucho más interesante al vino; nos enfocamos en detalles que hacen una diferencia importante dentro de lo que buscamos: tener un estilo marcado y respetar nuestra zona, el terroir”, asegura Ahmed.
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El legado familiar: el proyecto nació hace 30 años en una pequeña habitación de la casa de Janet.
El concepto "Garage" y el renacer vitivinícola
"Vinos de garage" (con "g" y no con "j") es un concepto que nació en la década del 90 en Europa. Sin embargo, en Argentina es relativamente nuevo. No porque nos guste escapar de las modas, sino porque la historia vitivinícola en nuestro país tuvo un renacer a partir del año 2000.
Desde entonces, producciones caseras que se hacían para consumo familiar fueron repensadas para un mercado en crecimiento, evolucionando hacia conceptos con diseño e identidad propia.
Janet y Ahmed cuentan que las primeras microvinificaciones se compartían con amigos y eran una especie de juego. Eso que comenzó como un experimento social y recreativo fue creciendo en volumen y profesionalismo hasta convertirse en una bodega establecida. “El motor principal fue la curiosidad por el proceso de transformación de la uva y el deseo de crear algo propio para compartir”, afirman.
Janet y Ahmed
Micropartidas con identidad: Lavyd produce vinos jóvenes y artesanales en plena zona urbana.
Identidad viedmense
En Lavyd siguen trabajando en familia: las madres etiquetan y lacran las botellas. Janet, además de ser parte del equipo elaborador, se encarga del arte de cada uno de los productos y es la representación del optimismo en un momento donde las noticias solo hablan de la baja en el consumo y la retracción del mercado.
“Cuando uno tiene una idea, hay que dejarlo todo en la cancha para que se concrete. Desde que decidimos elaborar vinos en Viedma para Viedma, pensando en el público que tenemos acá y expresando nuestra identidad, ha gustado un montón y, por suerte, nos acompañan muchísimo”.
Aunque inicialmente pensaron en un público joven, se sorprendieron al ver que sus vinos eran bien recibidos por personas de todas las edades. El enfoque principal está en la comarca Viedma-Carmen de Patagones, buscando una apropiación local de los productos.
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Versatilidad y desafíos
Lavyd se propone el desafío de trabajar el vino en sus complejidades y con la versatilidad que existe actualmente en la materia en Argentina. Elaboran vinos naranjos “porque son los preferidos de la familia”, hacen vermut y también están experimentando con cepas ajenas a las tradicionalmente patagónicas.
“Nosotros no queremos solamente hacer Cabernet Franc o Malbec. Queremos hacer Malbec Reserva, Malbec joven, Cabernet Franc Rosado y Malbec Rosado Dulce. Son todas micropartidas de 60, 100 o 200 botellas que se reparten en una capacidad total de 2000 litros, que es a donde apuntamos a llegar”.
La uva la compran en el Valle Medio y Alto Valle del río Negro. Aun en la región costera, son pocos los viñedos registrados en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), un requisito legal fundamental para estar en el mercado.
“Buscamos cepas que se adecúen más a la zona. Por ejemplo, tratamos de conseguir Riesling, que es para zonas húmedas y frías, pero se complica. Este año casi lo logramos, pero no pudimos. Ahora conseguimos Semillón y Torrontés”.
En la vorágine que implica el trabajo en vendimia, Janet y Ahmed se detienen a charlar, a narrar una experiencia y a pensar en nuevos proyectos. El desafío para este 2026 es extender el límite de las pequeñas vinificaciones. Mientras las noticias hablan de la baja constante del consumo de vino en el país y del quiebre de grandes bodegas, los proyectos de garage oxigenan la vitivinicultura de Río Negro. Con el Semillón y el Torrontés ya en marcha, y el sueño del Riesling en el horizonte, Lavyd pisa firme en el Valle Inferior.